Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Vinieron a España en un programa de acogida pactado con el Gobierno cubano. Muchos eran presos políticos, pero dos años después siguen sin trabajo y sin vivienda.
Osbel Valle y José Miguel Fernández llegaron a España, con parte de su familia, un 8 de abril de 2011. Habían salido por la puerta de atrás del aeropuerto José Martí de La Habana y entraron por la puerta de atrás del aeropuerto de Barajas. Irónico reflejo de lo que habían dejado en Cuba y de lo que, aunque aún no lo supieran, estaba por venir. En total, 782 cubanos llegaron a nuestro país durante los años 2010 y 2011 bajo el calificativo de “refugiados”. Según Amnistía Internacional, 52 de ellos eran presos políticos, más de setenta salían también de las prisiones de la isla. El resto, eran familiares.
El programa de acogida, pactado por los gobiernos español y cubano y con mediación de la Iglesia Católica, estaba dotado con una cuantía anual, en principio, de 40 millones de euros, para una duración inicial de doce meses con opción a prórroga de otros seis, y, según los responsables, pretendía integrar y ofrecer vivienda, empleo y apoyo psicológico y sanitario a los refugiados.
En un primer momento, los refugiados no estaban destinados a venir a España. Chile o Canadá eran los países de acogida para un grupo de personas cuyo último fin era llegar a Estados Unidos. Hoy, ni Miguel ni Osbel lo dudan: Miami sigue siendo su objetivo. “Si conseguimos el visado, sí que nos vamos (a EEUU),” explica Osbel “porque siempre ha sido la nación que ha acogido a los presos políticos cubanos. Conozco a disidentes que viven allí: mi hermano está en Miami y tiene trabajo, casa y coche y una vida organizada, y yo estoy aquí tirado en la calle”.
Desde aquella primera impresión de la parte trasera de Barajas han pasado más de dos años. En ese tiempo, muchos de sus compatriotas se han ido del país, algunos han conseguido trabajo y un pequeño grupo lucha por llegar a alcanzar una de las dos cosas.
Osbel reconoce que, aunque prefiere irse a Estados Unidos, encontrar trabajo también solucionaría sus problemas y se lamenta porque, debido al programa que los acogía en España, perdió varios empleos. “Tres meses me guardaron un trabajo en Valencia y lo perdí porque el de la oficina de asilo no me puso el cuño” explica Osbel. “Ponme el cuño y quítame de un programa que no me interesa, porque no me gusta que me mantengan, quiero trabajar. Era uno menos en el programa de acogida. Como le dijimos: ese dinero, cójalo para alguien que tenga necesidad, nosotros ya tenemos un trabajo, póngame el cuño y ya estoy trabajando”.
Pero, según narra, “había que esperar por Madrid”. Siete meses y veintiún días después, el disidente obtuvo el tan ansiado ‘cuño’, pero ya no le sirvió de nada. “Después, perdimos otros trabajos así. Y la situación se puso más difícil y, de un día a otro, nos dijeron que no había más dinero”.
Hace más de 500 días que se instalaron frente al Ministerio de Exteriores, cercano a la céntrica plaza madrileña de Sol. Varias cartas para solicitar una entrevista con el ministro correspondiente y más de una veintena de hojas de reclamaciones en la ONG encargada de sus casos no han sido suficientes para solucionar un problema que, aseguran, no es suyo.
Esta no era la libertad que ellos habían imaginado. “Cuando le pregunté al cardenal Jaime Ortega –uno de los encargados del programa- cómo estaba España me dijo que estaba en tremendas condiciones. No vinimos a llorarle miserias a nadie, venimos a exigir al Gobierno de España que responda ante esta situación porque si nos trajo para aquí no es para dejarnos tirados en la calle”, explica Osbel.
Exigen sus derechosSin embargo han sabido amoldarse a la situación y reconocen que los habitantes de la zona les han ayudado mucho y aún continúan haciéndolo. Recuerdan, entre risas, cuando tres jóvenes les ayudaron a construir un “refugio” que ahora cobija, sorprendentemente, a ocho personas.
No olvidan, tampoco, a la gente del barrio a quienes tienden su mano cuando es preciso, pero de quienes también reciben favores a menudo. No era lo esperado, pero no van a renunciar porque, como ellos mismos explican, no tienen alternativa.
Se sienten engañados por el Gobierno y una manifestación pacífica, silenciosa, lo demuestra a diario. “En la ONU hay un programa de construcción de viviendas para sus exiliados políticos. Esos programas de pisos, existen, porque aquí en Madrid hay más de doscientos vacíos y ocupados no sé por quién. Esos pisos existen para los refugiados políticos” explica Miguel, quien también aclara que las rentas percibidas distan mucho de las hechas públicas.
“Decían que recibíamos dos mil euros por persona al mes, no es cierto”. Poco más de mil para una familia de tres personas, mil doscientos para otra de cuatro. “No nos dieron cursos intensivos, no hicieron con nosotros, que salíamos de largo tiempo en prisiones, tratamientos psicológicos, lo que hicieron con nosotros fue esto que ves. Que no teníamos necesidad de nada de esto porque el dinero estaba puesto para nuestro programa”, se quejan.
Cuando llegaron a Madrid, lo hicieron desde distintas partes de España. Sin trabajo, sin hogar y sin vivienda, con una tarjeta que poco más que un “asilo temporal” asegura, se dieron cuenta de que, si salir del programa de acogida era casi más difícil que entrar, salir de España les iba a costar casi tanto como lo que les costó entrar. “El ministro nos manda solicitar visa para Alemania o Estados Unidos y ya la solicitamos, pero es que ni nos dan visa ni resuelven nuestro problema” se lamenta Miguel.
“A Margallo le hemos solicitado entrevistas, no una, ni dos, ni tres veces, le hemos solicitado muchas entrevistas. Las copias de las cartas, cuñadas, están ahí. Eso lo hemos hecho con Rajoy, con el rey, con la reina, con el Vaticano, lo hemos hecho en todos lados”, comenta Osbel antes de reconocer que, hasta que no sean atendidas sus peticiones, no cejarán en su lucha.
“Aquí vamos a estar el tiempo que sea necesario. Tenemos las necesidades primarias cubiertas y vamos a resistir. No 508 días, mil, dos mil, los que haga falta. Yo quisiera irme en este mismo momento de aquí, la pregunta que me hago yo mismo es '¿a dónde? ¿debajo de un puente?' ¡No! Yo no vine a estar debajo de un puente”, asegura.
Y si alguien les pregunta que qué es lo que piden, ellos lo tienen claro, no piden nada: lo exigen. “No estamos aquí para pedirle al gobierno español que nos dé una solución, estamos para exigírselo, puesto que con esa promesa vinimos”, explican. “Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan”, habría dicho José Martí, autor cubano cuyas palabras decoran las paredes de su ya no tan nueva “casa”.
Fuente: Gaceta.es