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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Del comunismo a expansión geopolítica rusa

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Lo de Crimea es sólo un reclamo histórico de lo que, estiman, les pertenece

Por: J.F. IRIBARREN
28-3-2014
Proletarios de todos los países, uníos". Bajo esta consigna engendrada en las tesis de Marx y Engels, y puesta en marcha a partir de la Revolución de Octubre de 1917, se creyó que la confrontación con la Rusia soviética era meramente ideológica, capitalismo vs. socialismo. Nada más alejado de la realidad. Ello no sólo fue una falsa creencia en los países occidentales, sino también tras la cortina de hierro. 

Lo cierto es que el comunismo no fue más que un medio, quizás un accidente en la dilatada historia de la madre Rusia, que le sirvió para hacer presencia en escenarios que le son naturales, como el gran cabo europeo, por un lado, y el Pacífico norte, por el otro. Se trata de un gigante que se forjó a pulso desde el siglo X hasta el XX, y todavía brega en el XXI para darle expresión a una macro nacionalidad que tiene como base a la raza eslava. Dentro de este concepto, la Revolución de 1917 vino a ser la llave histórica que concentró a sangre y martirio infinito, por un tiempo y a nombre del justiciero comunismo, los recursos humanos y materiales de un grupo demográfico inmenso, como el ruso, emplazado en el centro del orbe, geopolíticamente hablando. 

El formidable combustible de la doctrina de los pobres vs. los ricos, al igual que la predicada por el Cristo pero en sentido contrario, les permitió a los bolcheviques primigenios, sin imaginarlo de un todo, como tampoco lo imaginó el Cristo, al menos el humano, diseminar en tierra fértil de todo el planeta, la simiente de una revolución imponderable, de un espejismo ya centenario, cuyos beneficios universales, si los hubo, desaparecieron o se ocultaron ante el inmenso daño infligido a pueblos inocentes y ayunos de luces, como el nuestro, el venezolano del siglo XXI, último coletazo moribundo de aquella, aún no sabemos si históricamente innecesaria, Revolución de Octubre. 

Importancia contundente

Aunque las disciplinas sobre geopolítica y geoestrategia mundial son hoy relativas debido a las nuevas variables que trae la globalización, podemos decir que ese núcleo demográfico ruso, a la luz de tales disciplinas, guarda todavía importancia contundente, de formidable poder, y que sin duda se cierne hoy al igual que ayer, como un gran oso blanco sobre Europa, aunque mucho menos amenazante. Ejemplo de ello lo demostró en los años 60 una hipótesis de la tercera guerra según la cual la URSS podría desbordar a Europa por el Ártico o por el Mar del Norte, y por el sur a través de Crimea y del Estrecho de los Dardanelos hasta alcanzar el Mediterráneo y engullir al viejo continente en cuestión de horas o días, amén de una ofensiva terrestre sobre la Europa del centro. 

Tal era el desafío, que las fuerzas norteamericanas debieron desarrollar unidades de despliegue rápido, con apoyo atómico táctico, para repeler en lo posible una eventual embestida bélica en los términos convencionales planteados. Gracias a los misiles balísticos intercontinentales, con capacidad de destrucción mutua asegurada, se evitó hasta nuestros días esa tercera guerra caliente que parecía inevitable.

No se equivocó

Volviendo a la cuestión comunista, esa llave histórica de la que hemos hablado rompió con un pasado ruso que tímidamente había visto hacia Europa, más quizás a la defensiva que a la ofensiva, pese a su disputa con los Habsburgos por los Balcanes, penetrados por la raza eslava. Siendo el comunismo, desde Lenin, un hecho histórico, digamos, de exportación, los parámetros de aquel gran acontecimiento mundial de 1917 que pululaba en la mente de aquel líder, estaba sin embargo más condicionado por lo que luego se conocería como las determinantes geopolíticas y geoestratégicas de Rusia en medio del gran continente euroasiático, que por lo que creía Lenin a pie juntillas sobre la revolución del proletariado internacional. Sea por una razón u otra, no se equivocó. 

El potencial humano y de riquezas naturales emplazado en la Rusia europea, en el Heartland euroasiático, punto excepcional en la geopolítica mundial, ha llamado en la historia a los rusos a condicionar la vida de las naciones de su entorno, en particular las antiguas soviéticas y, más allá, a las de Europa Central y las del Medio Oriente. 

Seguirán las demandas

Ello seguirá siendo así por largo tiempo, habida cuenta de una influencia de obligado expansionismo que impone su inevitable y avasalladora presencia geográfica y humana. Y no podía ser de otra manera. Lo de Crimea es sólo un reclamo histórico de lo que, estiman, les pertenece. Seguirán en sus demandas, porque la causa no fue de un todo el comunismo, tan sólo se trató de una mera excusa, como ya hemos dicho, imponderable, que ha dañado y sigue dañando hasta ahora a la humanidad. La razón era y es el peso enorme y gravitatorio de una nación, cuyo sentido geófago y racial, con todo lo que ello significó para buena parte de la humanidad durante el siglo XX, excede con creces los límites aceptables en la era de la globalización.
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