Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
(LA HABANA, 5 de abril, AFP) - La Iglesia Católica en Cuba y su líder, el cardenal
Jaime Ortega, quedaron en medio de una polémica que arrecia entre los
disidentes, unos críticos y otros favorables por su gestión como
interlocutores ante el gobierno comunista, tras la visita del Papa Benedicto
XVI a la isla.
Mientras el Vaticano y el gobierno de Raúl Castro consideran positiva la visita
papal, celebrada del 26 al 28 de marzo, sectores de la oposición, dentro y fuera de
Cuba, lanzan barro o flores sobre Ortega y la Iglesia.
Algunos critican a los jerarcas católicos de actuar como “aliados del
régimen”, mientras otrosvaloran como “extraordinario” lo obrado por la
Iglesia.
El opositor moderado Manuel Cuesta Morúa dijo que las detenciones de unos
150 disidentes para impedir protestas en la visita papal fueron una “primavera
Orteguiana”, por “la cabeza visible de un proceso ignominioso que ha entrado ya
en la historia de la Iglesia en Cuba”.
Al decir “primavera”, evocaba el encarcelamiento de 75 opositores en 2003, conocido como la “primavera negra”.
Una publicación anticastrista de Madrid, el Diario
de Cuba, fue más lejos al describir la visita
papal como una “farsa” y acusar al cardenal
Ortega de supuestos actos de nepotismo y
corrupción con bienes de la Iglesia.
“Benedicto XVI y la Iglesia Católica de Cuba acaban de protagonizar, como aliados
del régimen de La Habana, una farsa que privó a centenares de católicos del encuentro
con su líder espiritual, en tanto obligó a miles de personas, ajenas a esa fe, a
participar en las celebraciones”, aseguró la publicación en un editorial.
Ortega, que es arzobispo de La Habana y artífice del diálogo establecido en mayo
de 2010 con el gobierno de Raúl Castro, ha soportado las críticas en silencio.
La bloguera disidente Yoani Sánchez afirmó que “cada minuto alcanzado por la
jerarquía eclesial en los medios masivos y a cada palabra intercambiada
en la mesa de negociación con el gobierno, le ha correspondido también su
porción de pérdida y de descalabro”.
“No nos engañemos, la clandestinidad de las catacumbas es más
coherente con el discurso de Cristo que la cómoda cercanía al
trono”, agregó.
Pero el papel de la Iglesia fue defendido por el influyente empresario
cubano-estadounidense Carlos Saladrigas, quien dejó décadas de anticastrismo
radical y ahora aboga por lazos entre la diáspora cubana y la isla.
Saladrigas, que viajó a Cuba para la visita del Papa con cientos de peregrinos
de Miami -bastión del anticastrismo-, explicó después en una conferencia
organizada por la Arquidiócesis de La Habana que el trabajo de la Iglesia ha
sido “extraordinario”.
“Los que dicen allá (en Miami) que la Iglesia ha abandonado al pueblo
están totalmente equivocados, la Iglesia tiene un amor profundo y un
amor maternal por su pueblo”, señaló Saladrigas en presencia de
disidentes, religiosos, académicos, peregrinos de Miami y simpatizantes del
gobierno.La Iglesia “nunca ha abandonado y nunca abandonará al pueblo
cubano y eso se demuestra en su preocupación por esos procesos de cambio
que no son fáciles y están fraguados de peligros y amenazas”, subrayó.
El empresario logró frustrar en 1998 el viaje de peregrinos de Miami a la visita
del papa Juan Pablo II a la isla, que marcó el deshielo en las relaciones Iglesia-Estado.
Para Roberto Veiga y Lenier Domínguez, editores de la revista católica Espacio
Laical, existen coincidencias entre la Iglesia y el gobierno en la ampliación de la
libertad religiosa, la condena al embargo de Estados Unidos y la necesidad de dar
solución a los problemas migratorios.
Pero prevalecen diferencias en “los derroteros inmediatos que debe seguir
el país para concretar un modelo sociopolítico que garantice una más amplia
participación”, según destacaron en un artículo conjunto.
El académico cubano Arturo López Levy, de la Universidad de Denver (EEUU),
cree que la Iglesia ha sabido ganar espacios con el diálogo, a diferencia de la
oposición “radical” que usa otros métodos.
“La Iglesia recupera gradualmente espacios sociales, y luego, negocia el
reconocimiento de los mismos” a diferencia de “la oposición política radical
que, a través de actos dramáticos (…) reclama la aceptación de un
pluralismo débilmente organizado sin convocatoria popular”, escribió López Levy.
“La Iglesia quiere expandir su presencia social, desde un nacionalismo
leal, en el que sus valores, intereses e ideales son reconocidos como legítimos,
aun cuando son distintos de los postulados por el Partido Comunista en el
gobierno”, añadió.