Calderón, que dice ser director ejecutivo de un grupo llamado Partido Republicano de Cuba, explicó que la petición del grupo es que la Iglesia católica medie en la apertura de un diálogo entre el Gobierno y la oposición interna así como con algunos movimientos del exilio para propiciar una apertura democrática en el país.
Tras conocerse el encierro de estos disidentes, la Iglesia católica cubana denunció que la protesta responde a una estrategia preparada en varias provincias del país para crear "situaciones críticas" a medida que se acerca la visita papal.
En un comunicado divulgado el miércoles y que hoy publica el diario oficial Granma (órgano oficial de Partido Comunista cubano), el Arzobispado de La Habana calificó este encierro de acto "ilegítimo e irresponsable" y advirtió que "nadie tiene derecho a convertir los templos en trincheras políticas".
Vladimir Calderón confirmó que la
idea era llevar a cabo este tipo de encierros en otros puntos del país (que finalmente no se han concretado) en coordinación con otros grupos disidentes pero que ello no supone que estén en contra ni de la Iglesia ni del papa.
Insistió en que la protesta se realiza en nombre "del reconocimiento a la oposición cubana" al tiempo que recordó la labor de mediación que la Iglesia católica hizo en otros momentos históricos en países como Chile, Polonia o Yugoslavia.
Sobre su situación en el interior del templo, donde el grupo va a cumplir hoy 48 horas de encierro, Calderón y otro de los disidentes destacaron que el párroco Roberto Betancourt los ha atendido "muy bien" aunque tiene prohibido, según dicen, que suministre alimentos al grupo, de manera que llevan sin comer desde el mediodía de ayer.
Entre los disidentes que realizan el encierro hay personas mayores como un hombre de 84 años, así como dos diabéticos, según dijo Calderón.