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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Editorial: Los totalitarios le temen a la verdad

Los regímenes gobernantes clasificados por la ciencia política bajo el rótulo de “totalitarios”, lo son por el hecho de una característica que les es común, cualquiera sea su tipo, orientación ideológica, origen o estilo: su afán por ganar y mantener el control total del Estado y de la sociedad. “Total”, del que deriva “totalitario”, significa exactamente lo que la palabra indica; el régimen o el gobernante totalitario no desea que nada ni nadie quede fuera de su control. Y comienza a producirse un conflicto cuando un gobernante empieza a aplicar métodos totalitarios con el afán de someter a control y sumisión a todo lo que se mueva a su alrededor. Esta intención les lleva a colisionar, en primer término, con el periodismo y la libertad de prensa.

ABC Digital
Los regímenes gobernantes clasificados por la ciencia política bajo el rótulo de “totalitarios” lo son por el hecho de una característica que les es común, cualquiera sea su tipo, orientación ideológica, origen o estilo: su afán por ganar y mantener el CONTROL TOTAL del Estado y de la sociedad. “Total”, del que deriva “totalitario”, significa exactamente lo que la palabra indica; el régimen o el gobernante totalitario no desea que nada ni nadie quede fuera de su control.    

En las democracias que se dicen liberales, como la de nuestros países, es una condición esencial que existan y rijan las libertades civiles y políticas fundamentales, y que estas se sustenten en la libertad de expresión y de prensa, protectora de todas las demás libertades. Sin embargo, comienza a producirse un conflicto cuando un gobernante empieza a aplicar métodos totalitarios con el afán de someter a control y sumisión a todo lo que se mueva a su alrededor. Esta intención les lleva a colisionar, en primer término, con el periodismo y la libertad de prensa. Saben por experiencia que si no logran subordinar a la prensa, su proyecto totalitario fracasará.    

Todo régimen totalitario, o en camino a serlo, no soporta la vigilancia de la prensa sobre él y, mucho menos, por supuesto, la crítica y la denuncia. Conoce su realidad, sus puntos vulnerables; sabe que tiene demasiados secretos que ocultar a la ciudadanía, hechos que al ser develados perjudicarían sensiblemente el ambiente idílico que sus voceros publicitan. La prensa tiene las herramientas para develar la realidad, para desmontar las apariencias y para invalidar, con cifras y fotografías, la mentirosa propaganda oficialista.    

No otra cosa es lo que demuestra mover al régimen de Kirchner en la Argentina. Al arremeter persistentemente contra las empresas asociadas a los medios de prensa “Clarín”, muestra didácticamente cómo operan los políticos de inspiración totalitaria. Como se ven obligados a esconder esta inspiración detrás de una máscara democrática y legalista, utilizan la ley como garrote, y cuando no existe ley que pueda cumplir la tarea que se proponen, no dudan en crearla, tal como están haciendo actualmente declarando a la simple producción de papel de prensa como asunto “de interés general”.    

Muy parecido pretexto al utilizado por Hugo Chávez, que confisca y expropia supermercados con el ridículo argumento de buscar la “soberanía alimentaria”. Por supuesto, quienes cuestionaron esta clase de medidas abusivas sufrieron y sufren las consecuencias, como las cadenas RCTV y Globovisión, clausurados o limitados por el gobierno chavista en su accionar.    

Hasta hace poco, en los golpes militares alguien se hacía con el poder de facto a balazos, se erigía en dictador e inmediatamente se ocupaba de inhibir toda libertad de opinión y medios de prensa. Las cosas se hacían en forma brutal y directa porque el golpe de estado mismo consistía en eso y nadie esperaba que se comportaran de otra manera.    

Pero ahora, como en América Latina evolucionamos hacia dictaduras mitigadas, primero, y luego hacia democracias vacilantes, los líderes políticos autoritarios tienen la posibilidad de llegar al poder por la vía de elecciones, lo que proporciona una fachada democrática a su régimen aun cuando ellos ni son demócratas ni sienten apego alguno por ese sistema, sino tan solo mientras les sirva a sus propósitos y hasta tanto no se convierta en un obstáculo al aumento de su poder.    

Y el obstáculo democrático que más frecuentemente se les instala en el camino es, como bien se sabe, la libertad de expresión.    

Es absolutamente comprensible por qué un dictador como Fidel Castro, como primera medida gubernamental, suprimió los medios periodísticos libres e impuso el régimen de “diario del partido”, “radio del partido”, “TV del partido”. Control total. Por su parte, los candidatos electorales castristas que en otros países llegaron al poder por la vía de elecciones libres, como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa, no demoraron en recurrir a la misma metodología aunque ajustándola a las posibilidades del momento histórico actual, es decir, sin poder llegar a cometer las brutalidades del castrismo, sabiendo que hoy en el mundo esta forma primitiva de actuar ya no se tolera; sobre todo si se pretende, como en sus casos, seguir posando de demócratas en el escenario político internacional.    

Hugo Chávez, Ortega, Correa, Morales y Kirchner desean ardientemente incrementar su capacidad de control social, acercándose lo más aproximadamente posible al modelo totalitario, aunque sin perder su rótulo de demócratas. En este sendero, arremeten contra la prensa independiente por considerarla su peor estorbo y sabiendo que, una vez amordazada, amedrentada, sobornada o suprimida, el camino que les resta recorrer será mucho menos empinado.    

El pensamiento totalitario y la vigencia de la libertad de expresión no pueden convivir mucho tiempo; el enfrentamiento es inmediato y, finalmente, uno de los dos sucumbe en la lucha. Cuando cae la prensa independiente y, con ella, la libertad de expresión y las posibilidades del pueblo de conocer la verdad, se erige triunfante el régimen totalitario, al estilo chino comunista, norcoreano, castrista, en fin, el teocrático o fundamentalista islámico.    

Pero, más tarde o más temprano, las sociedades van recuperando sus ansias de libertad y presionando para demoler el régimen opresor. No hace falta poner tantos ejemplos; basta con recordar al otrora poderoso y siniestro régimen soviético, que se disolvió sin que se haya disparado un tiro. El castrismo agoniza sostenido por la limosna del dictador bolivariano, pero tiene idéntico destino señalado.    

Más rápidamente aun se retorna a la vigencia de la plena democracia donde alguna vez rigió la libertad de expresión, y la ciudadanía ya se encuentra en condiciones de estimar lo que realmente pierde una sociedad cuando se le arrebata la libertad de prensa para expresarse. Libertad que, una vez conocida y gozada, se torna inmortal en la conciencia humana, permaneciendo saludable y floreciente aun después de que los tiranos y dictadores que decidieron ponerla entre rejas hayan sido arrojados a la cuneta política, a la cárcel o al cementerio.
26 de Diciembre de 2011 
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