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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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El Alto Costo de los Presidentes-Payasos: Por Carlos Alberto Montaner


sábado, 25 de febrero de 2012

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 "Uno de los rasgos más notorios de los presidentes-payasos es su candorosa

irresponsabilidad. No advierten, o no les importa, el daño que les hacen a sus países"

 


¿Cuánto cuestan los presidentes-payasos? Primero, ¿qué es un presidente-payaso? Se trata de esos tipo

que tienen una idea circense de la función pública. Creen que han sido elegidos para entretener, no para

servir y cumplir con las leyes. Hablan nueve horas, cantan, insultan, dicen barbaridades.

Fidel, por ejemplo, cuando actuaba en la pista mayor del gran circo habanero, acusó a Estados Unidos

de desviar los huracanes hacia la Isla. Muchos años más tarde, su discípulo Hugo Chávez aseguró que

el terremoto que destruyó medio Haití fue un arma secreta probada por el Pentágono en el Caribe.

Todo vale para salir en los papeles y para generar noticias.

Uno de los rasgos más notorios de los presidentes-payasos es su candorosa irresponsabilidad.

No advierten, o no les importa, el daño que les hacen a sus países. Viven tan pendientes del aplauso

y del titular de primera plana, que son incapaces de calcular o prever el costo de sus acciones.

Incluso, sucede algo más grave: sus compatriotas suelen reírles las gracias sin percatarse de las

adversas consecuencias económicas generales que acarrea tener como rostro visible de la sociedad

a un presidente-payaso.

Un caso reciente es el del presidente ecuatoriano Rafael Correa. Correa acaba de armar un espectáculo

absolutamente mediático con su demanda triunfal de cuarenta millones de dólares contra un

respetado diario, El Universo de Guayaquil, que acabará confiscado o clausurado por una crítica columna

de opinión publicada por Emilio Palacio.

Los propietarios del diario, además, como el autor del artículo, fueron condenados a tres años de

cárcel y tuvieron que exiliarse antes de acabar tras las rejas. Durante las semanas que duró

el sainete, Correa mantuvo en vilo al país y a la prensa internacional, generando una enorme

cantidad de información, culminada en una manifestación muy fotogénica encabezada por él el día de

la sentencia, con velas incluidas.

¿Qué fue lo que trascendió de este lamentable show? Muy sencillo: que Ecuador es un país poco

fiable en el que no vale la pena invertir. Es una sociedad amable, desgraciadamente administrada

por un gobierno poco serio. Se trata de una nación “bananera”, de acuerdo con el editorial del

Washington Post, en la que “tras cuatro cambios de jueces, un magistrado temporal asume

el caso, ordena una vista, y 33 horas después emite una resolución de 156 páginas, probablemente

escrita por un abogado de Correa”.

A los dos días de la trágica payasada contra El Universal, un panel especial administrado por la Corte

Internacional de Arbitraje de La Haya, emitió un laudo provisional a favor de Chevron, a reserva de un

fallo posterior, para detener una sentencia ecuatoriana que condenaba a la empresa petrolera a pagar miles

de millones de dólares como compensación por un discutido daño ecológico infligido al país hace varias

décadas por otra compañía.

Chevron, según su testimonio, descubrió pruebas de fraude, corrupción y, como en el caso de

El Universo, que la sentencia había sido escrita por los demandantes y no por el juez encargado de dictarla.

El sistema judicial ecuatoriano, presumiblemente, estaba podrido y funcionaba como un brazo de

los deseos y caprichos de la presidencia de la República y como una fuente de enriquecimiento ilícito

dentro de las alcantarillas del poder.

Todo eso es carísimo. En los tiempos de la globalización y de la información instantánea, los presidentes

están obligados a cuidar la marca-país con el mismo celo con que los empresarios tratan de proteger el

prestigio de las compañías que dirigen y los productos que manufacturan.

Los países y las ciudades proyectan ciertas imágenes muy importantes para la toma de decisiones.

Existe un baremo internacional ( TheAnholt-GfK Roper Nation Brands Index) que mide y contrasta la calidad

de la imagen de las naciones y, lógicamente, Ecuador aparece por los suelos. Por eso los capitales se

refugian en Zurich y huyen de Quito.

Ello significa que cuando Rafael Correa gana 40 millones de dólares por medio de detestables trucos

legales –aunque luego los asigne a una causa caritativa–, no sólo arruina a una familia y a centenares

de trabajadores de El Universo, sino, además, perjudica a todos sus compatriotas. Con esos

escándalos, los ecuatorianos pierden miles de millones en inversiones que nunca se van a hacer, o en negocios

que no se llevarán a cabo, porque nada hay más importante que la seguridad jurídica para cualquier

inversionista serio del planeta, y en Ecuador no hay siquiera vestigios de ese fundamental clima institucional.

Los payasos, sin duda, son criaturas adorables, pero es muy conveniente mantenerlos alejados de la política.

Cuestan demasiado.

 

Reproducción autoirizada por su autor (FIRMAS PRESS)

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