Separar al béisbol de cualquier factor extradeportivo, ese ha de ser el camino para volver a la cumbre mundial.
Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
El cubano Yasiel Puig, nueva sensación de Los Angeles Dodgers. (LOS ANGELES TIMES)
Separar al béisbol de cualquier factor extradeportivo, ese ha de ser el camino para volver a la cumbre mundial.
El Clásico, resultado de un reclamo y del acuerdo entre los directivos de la Federación Internacional de Béisbol y de las Grandes Ligas, es un campeonato mundial en el que peloteros amateurs y profesionales entregan a los aficionados del mundo, especialmente a los de sus países de origen, un espectáculo de la mayor calidad.
En la primera versión del torneo (2006), Cuba, el equipo que más ponches recibió, al que más carreras le hicieron y el de mayor descontrol en el pitcheo, ocupó el segundo lugar. En la segunda versión (2009), aunque fue superior en ofensiva, pitcheo y defensa, pasó al quinto lugar. En la tercera versión (2013), a pesar de contar con uno de los mejores equipos que han representado a la Isla, no se pudo mejorar la quinta posición. La lección es clara: la pelota cubana está en retroceso respecto al resto del mundo.
Causas de la derrota
Ubicada en el grupo más fácil, en la primera ronda la selección dispuso de Brasil, la República Popular China y Japón. En la segunda ronda cayó frente a Holanda, noqueó a Taipei y sucumbió nuevamente frente a los naranjas. A pesar de los abanderamientos y los llamados ideológicos a combatir con honor y dignidad, se demostró no estar en condiciones de ganar un Clásico. En cambio, la República Dominicana y Puerto Rico avanzaron hasta la final. Con un juego integral —pitcheo, bateo, defensa y combatividad de sus jugadores—, esas dos pequeñas islas caribeñas, sin la omnipresencia del Estado, dejaron bien lejos a la mayor de las Antillas. Como expresara el periodista deportivo Rafael Arzuaga, Cuba ocupó el lugar que merece.
Entre las causas de la derrota se han mencionado la ausencia de un lanzador que se eche encima al equipo; incapacidad para competir bajo la presión de un campeonato corto; necesidad de insertarse en ligas foráneas, donde se juegue con mayor intensidad; bajo nivel en la Serie Nacional; deficiencia en la preparación del atleta desde edades escolares y juveniles; carencia de equipamientos deportivos a precios accesibles; necesidad de cambiar la espectacularidad por la eficiencia en la dirección técnica; ausencia de técnicos cualificados que por razones conocidas prefieren entrenar en el extranjero; inexistencia de una Liga de Desarrollo o Campeonato de segunda categoría; la mezcla del deporte con asuntos extradeportivos; y la idea de que en ganar o perder se va la vida.
Junto a esos señalamientos, hay al menos otro que merece mayor atención, y es el de la inclusión en la selección de peloteros profesionales.
De los 16 equipos participantes, Cuba fue el único que no incluyó a sus peloteros profesionales, lo que impidió que figuras como Aroldis Chapman, Kendrys Morales, Yadel Martí o Yoennis Céspedes, por solo citar a cuatro de ellos, pudieran competir en un Clásico en el que tomaron parte más de 150 peloteros de ligas profesionales, de ellos 115 de Grandes Ligas.
A lo anterior hay que añadir que antes de 1959 se radiaban y televisaban en todo el país los juegos de Grandes Ligas, mientras los peloteros nacionales que jugaban fuera traían sus experiencias, e incluso practicaban con los menores de sus barrios. (Todavía conservo la memoria de haber jugado en Bayamo, con 12 años, con figuras como Yiqui De Souza.) Esas y otras facilidades permitían reproducir, desde cada barrio, la cultura beisbolera que habían traído de Estados Unidos los jóvenes cubanos que estudiaban en un país que contó con clubes organizados desde 1842 y donde el profesionalismo debutó desde 1869.
La derrota del deporte estatal
En Cuba, aunque el primer partido oficial se sitúa en Palmar de Junco en diciembre de 1874, se ha conocido que siete años antes se efectuó un juego de béisbol entre jóvenes del Comercio Habanero y un grupo norteamericano. La acogida a la pelota fue tal, que en la segunda mitad del siglo XIX había unos 200 equipos y alrededor de 1888 se fundara la primera Liga Cubana de Béisbol. Así, junto a las guerras de independencia, los discursos políticos, el baile y la música, la pelota formó parte del proceso de conformación de nuestra identidad nacional y política y devino práctica sociocultural de la mayor importancia, lo que explica hechos como que los tabaqueros cubanos en Cayo Hueso y Tampa fundaran ese pasatiempo en el sur de la Florida y, como afirma Roberto González Echevarría, muchos cubanos "recordaban con más precisión la cronología del béisbol a lo largo del siglo que los hitos de la historia nacional".
A fines del siglo XIX, con la ocupación de la Isla, selecciones de peloteros cubanos recorrieron la costa este de Estados Unidos brindando juegos de exhibición contra los equipos locales, en los que obtuvieron más victorias que derrotas, incluyendo topes contra los mejores teamsprofesionales. Pero no fue hasta los años 40 del siglo XX que en Cuba se impuso el béisbol profesional. En el Gran Stadium del Cerro se fundó la Liga Cubana de Base-Ball con cuatro equipos: Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao, a los cuales se unieron otros. Todos contaban con sus respectivos clubes, patrocinados por organizaciones de la sociedad civil.
A mediados de los años 50, en la Triple A, irrumpieron los Cubans Sugar's Kings, equipo con peloteros cubanos y de otros países caribeños que permitía a los amateur entrar a las Grandes Ligas. El profesionalismo se impuso como necesidad, servía para que hombres humildes garantizaran su vida y la de sus familias.
En el verano de 1959, los Cubans Sugar's Kings ganaron la llamada Pequeña Serie Mundial, frente al equipo de Minnesota-Saint Paul en el Stadium del Cerro, en presencia de Fidel Castro. Finalmente, en 1961, después que Almendares y Cienfuegos disputaron el juego final de esa temporada, se creó el INDER, se abolió la pelota profesional y se prohibió a los peloteros cubanos viajar a Estados Unidos. Sin embargo, después de esa fecha hubo más estrellas profesionales que nunca, con hazañas superiores a las precedentes, a los que se les llamó "desertores" por los que concebían la nación como la extensión de un ejército bajo el mando de un Comandante en Jefe.
Rectificar
La relación entre política y deporte no era novedad. Peloteros cubanos participaron en la lucha por la independencia, el béisbol estuvo presente en el discurso modernizador del autonomismo y presidentes como Gerardo Machado y Fulgencio Batista lo utilizaron. Fiel a esa tradición, después de 1959, Fidel Castro se convirtió en el jefe de Estado que más intervino en la pelota, con la diferencia de que ahora se trataba de un proyecto totalizador: el deporte pasó de la sociedad civil al Estado. Sin embargo, se conservó el "profesionalismo revolucionario", si entendemos por ese término al que juega a cambio de un salario.
Con considerables fondos estatales, Cuba estableció una supremacía en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales que perduró durante décadas, lo que se calificó como "la victoria de la pelota libre sobre la pelota esclava".
Otra historia comenzó cuando aparecieron los choques con equipos profesionales, un declive que se ha hecho evidente en los Clásicos, que con participación conjunta de amateurs y profesionales, han situado a Cuba ante la única salida, la de rectificar. Hay que empezar por excluir de la pelota los factores extradeportivos y devolver a la sociedad civil el papel que le corresponde en esa materia.
Diario de Cuba.