Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Parecía que nunca iba a suceder. La euforia del primer momento, cuando las fuerzas de la OTAN se decidieron a prestar apoyo a la oposición en Libia, paulatinamente pareció transformarse en desánimo frente a la fortificación del gobernante Muamar Gadaffi y su temible entourage.
Sin embargo, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la construcción del infamante Muro de Berlín, la muralla que erigió Gadaffi contra su propio pueblo hace más de cuatro décadas comenzó a desmoronarse.
En medio de la desbandada general de sus cómplices, el cruel y excéntrico líder se ha quedado solo. O, para ser más precisos, únicamente un puñado de adeptos todavía apoya a tan siniestro personaje.
Los pocos amigos que le quedan al autor del inefable 'Libro Verde', una suerte de manual revolucionario con la profundidad de 'El Secreto', resulta ser que se encuentran al otro lado del charco, concretamente en Latinoamérica, donde cuenta con un club de fans trasnochados.
Mientras el mundo libre celebra el acorralamiento de un régimen despótico y asesino, los socios y discípulos de Gadafi se echan las manos a la cabeza porque uno de sus mentores –el otro presidente honorario es Fidel Castro– está siendo víctima de la "locura imperialista" encabezada por Estados Unidos.
Son, cómo no, palabras de Hugo Chávez, a quien las sesiones de quimioterapia no han logrado fulminar sus ansias guerreras. Haciendo coro griego con su otro aliado en Irán, el teócrata Ahmadinejad, el bolivariano reniega de los rebeldes que han tomado Trípoli y sólo reconoce como legítima la vetusta tiranía de su camarada Gadafi.
Como era previsible, a los aspavientos de Chávez se ha unido Rafael Correa en Ecuador, quien, distraído por un momento de su vendetta personal contra la prensa libre, denuncia la "agresión de Occidente", como si se tratara del cerco a un mártir y no a un sátrapa con crímenes contra la humanidad en su haber.
Pero el decano de esta singular pandilla de 'groupies' es el nicaragüense Daniel Ortega, cuyo asesor, Bayardo Arce, no tardó en declarar que su gobierno estaría más que dispuesto a ofrecerle asilo político al hombre al que tanto le deben los sandinistas.
Y es que la estrecha amistad de Ortega y Gadafi se remonta a los años setenta con la lucha contra Somoza. Una alianza que continuó con el sandinismo en el poder.
Conviene recordar una vez más que en los ordenadores que se le interceptaron en la selva ecuatoriana al líder de las FARC, Raúl Reyes, su correspondencia con el gobierno libio señalaba al actual presidente de Nicaragua como la persona que representa los intereses económicos y políticos del dirigente libio en la región.
Favor con favor se paga. Por esta razón, los Chávez, Correa y Ortega de turno, bajo la tutela de los petrodólares que hasta el otro día manejaba a su antojo Gadafi con el objetivo de desestabilizar y ejercer el chantaje en otras partes del mundo, no obedecen a razones ni principios éticos.
Sí responden a intereses que podrían verse afectados con el derrocamiento de este padrino del desierto, sobre todo desde que una Cuba depauperada perdiera su liderazgo internacionalista.
Debe ser grande el susto de los adalides del Socialismo del Siglo XXI, testigos impotentes de este desenlace del que ya no puede escapar Muamar Gadafi, con sus muertos y atropellos a cuestas. En estos estertores del absolutismo más abyecto, Chávez, Correa y Ortega comparten el escalofrío de quienes han dado otro paso en falso.