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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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El embargo norteamericano y el bloqueo de los Castro

La Habana/ 8-1-2014
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Por Ernesto Aquino.


El embargo económico impuesto a Cuba por el gobierno de los Estados Unidos nunca representó un peligro real para la supervivencia del pueblo cubano.

Más allá de lo simbólico, el embargo fue una respuesta política de carácter moral de un gobierno cuyas propiedades fueron confiscadas y saqueadas por la llegada al poder de una tiranía vandálica, resentida y feroz, sin que sus pérdidas fueran compensadas.

Hasta el colapso del campo socialista, en 1990, Fidel Castro se jactó públicamente y de forma reiterada que el gobierno de Cuba recibía de la Unión Soviética 13,9 millones de toneladas de petróleo anuales, lo que constituía –según sus propias afirmaciones- el doble de la cantidad que necesitaba la economía del país para funcionar.

Durante un período de 11 años, comprendido entre 1979 a 1990, Castro le entregaba al gobierno sandinista 90 mil toneladas de petróleo anuales. Con esas 90 000 toneladas de petróleo –según afirmaciones de Fidel Castro- se podía construir una carretera de ocho vías de La Habana a Pinar del Río, lo que significa que la Nicaragua de Daniel Ortega estuvo recibiendo gratuitamente, durante 11 años, la cantidad de petróleo suficiente para construir 11 carreteras de ocho vías que cubrieran la distancia desde La Habana a Pinar del Río; sin embargo, en Cuba no existe una sola carretera con esas características.

Con ese petróleo se pudo haber desarrollado la industria de materiales de la construcción o la industria metalúrgica –porque Cuba posee una de las mayores reservas de mineral de hierro del mundo, y esas reservas pudieron haberse empleado para desarrollar la industria del acero; porque uno de los patrones por los que se mide el nivel de desarrollo de un país es por los niveles de producción de acero.

Es cierto que el acero para producirse necesita hierro, y que el hierro se funde con carbón o petróleo, que es el combustible con el que trabajan los altos hornos.

Pero si ese petróleo que recibía Cuba de la Unión Soviética -que representaba el doble de la cantidad que necesitaba-, se hubiese empleado para desarrollar la economía del  país, Cuba se habría convertido en un importante productor de acero; habría desarrollado la industria pesada y la de la construcción, produciendo cabilla, acero estructural, etc.

Los recursos traicionados.

Otra forma de desarrollar la industria de materiales de la construcción habría sido a través de la producción de cemento, porque este material se compone básicamente de roca caliza, escoria –que se obtiene de las fundiciones- y la arcilla, y Cuba posee un subsuelo calizo desde el Cabo de San Antonio hasta la Punta de Maisí, y los suelos son fundamentalmente arcillosos, suelos ferralíticos, los dos ingredientes fundamentales para la producción de cemento.

La única carencia real que podía afectar el desarrollo de estas producciones era el petróleo, pero como –según Fidel Castro- Cuba recibía de la Unión Soviética el doble de la cantidad que su economía necesitaba, entonces teníamos todas las condiciones materiales para haber producido todo el cemento (y otros materiales de construcción) que demandaban las necesidades del país, y habríamos resuelto el déficit habitacional de la población construyendo nuevas viviendas y reparando las ya existentes.

Cualquier inteligencia básica que tenga en cuenta estos datos puede concluir, sin dificultad alguna, que todo ese pretexto del “bloqueo” para justificar la falta de desarrollo económico, las deficiencias y las carencias que padecemos es una falacia, porque se argumenta que la política de prohibiciones que Estados Unidos aplica a sus empresas, y a las empresas de sus aliados, son el obstáculo para que Cuba alcance la prosperidad.

Pero en realidad, se pasa por alto el detalle de que durante la existencia del campo socialista y el CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) Cuba tenía relaciones comerciales privilegiadas-: la Unión Soviética pagaba 0.35 centavos por una azúcar que tenía un precio en el mercado mundial de 0.07 centavos; es decir, los soviéticos pagaban a Cuba por el azúcar cinco veces su valor.

Por otra parte, Fidel Castro se jactaba de que los países socialistas enviaban a la isla todo lo que el país necesitaba, y que Cuba podía prescindir de las relaciones con Estados Unidos sin ninguna consecuencia; incluso, si Cuba hubiera decidido venderle algo a los Estados Unidos, habría tenido que dejar de vendérselo  a los países socialistas.

Es decir, que durante casi 30 años Cuba estuvo recibiendo el doble del petróleo que necesitaba (enviado por los soviéticos) y todas las importaciones (de los países del bloque socialista) que demandaban sus “planes de desarrollo”.

Entonces, ¿dónde está el bloqueo real?


Según datos ofrecidos a través de los medios informativos oficiales, Cuba tiene relaciones comerciales con 186 países, y esos países no están bloqueados por los E.U, porque, además, las empresas –grandes o pequeñas- que pueden verse afectadas por el embargo son las empresas que tienen intereses en el mercado norteamericano, pero existen cientos de empresas extranjeras que producen productos que Cuba consume y que no tienen intereses comerciales con E.U (ni les interesa). Esas empresas, que nadie las bloquea, son las empresas con las que Cuba comercia sin obstáculos ni contratiempo.

Otra falacia del “bloqueo” es la falta de financiación internacional para respaldar los proyectos económicos.

Se argumenta que las instituciones bancarias internacionales le niegan   créditos a Cuba, pero resulta que Brasil, que es una potencia económica en América está financiando el proyecto de ampliación del puerto del Mariel, y a Brasil nadie lo bloquea; ninguna ley norteamericana ha obstaculizado a Brasil para impedirle que realice sus inversiones en Cuba. También Rusia enviaba petróleo a Cuba antes que lo hiciera Venezuela, y a Rusia nadie la bloqueó. 

Si el gobierno cubano recibía el doble del petróleo que necesitaba; es decir, si recibía 13,9 millones de toneladas, aproximadamente 6,8 toneladas le sobraban. Con ese sobrante se pudo haber desarrollado la infraestructura del país y se habrían creado las condiciones para un desarrollo sostenible sobre la base de una economía autónoma.

El desarrollo que no se logró y las riquezas heredadas del capitalismo que se perdieron tendrán que considerarse dentro de los crímenes de lesa humanidad cometidos por Fidel y Raúl Castro al amparo de países y organizaciones internacionales que, aún hoy, siguen oficiando a favor de la tiranía como abogados del diablo. 
Fuente: Hablemos Press/ La Habana.
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