Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
(Caracas, 26 de enero - El diario El País reveló hoy nuevos datos sobre la
publicación de la foto falsa de Hugo Chávez, que provocó una andanada de críticas
en todo el mundo y la molestia del gobierno venezolano, que anunció que ejercerá
acciones penales.
Además del costo en dinero -unos 225 mil euros según confiesa el director del periódico
- por detener la venta de los diarios con la foto falsa en portada, El País enfrentará una
demanda del gobierno de Venezuela y encara la pérdida de credibilidad y
confianza de sus lectores.La agencia Gtres, que ofreció la imagen a El País y El Mundo
por 30 mil euros, dijo en principio que la imagen provenía de Cuba, captada por una
enfermera que la habría enviado a su hermana en España. Ahora se conoce que
fueuna venezolana en España quien la pasó a Gtres, tras recibirla de su
hermana en Venezuela vía Whatsapp.
La crónica que publica El País revela que la imagen generó dudas entre los
encargados de publicarla, pero la creencia de tener una “exclusiva mundial” y haber
dejado en manos de la agencia Gtres la tarea de comprobar la foto, que correspondía
al diario, causaron el descomunal error.
Además, destaca una confesión. No comentarle al colaborador en Venezuela,
Ewald Scharfenberg, la publicación de la foto falsa, por temor a que se filtrara la
exclusiva.
“Me pareció increíble que, algo que para cualquier venezolano era un timo,
fuera en la portada de El País”, dice Scharfenberg al respecto.
Lea a continuación la crónica de El País:
EL PAÍS cometió el pasado jueves uno de los mayores errores de su historia. Ese día, el
periódico difundió una fotografía falsa aportada por la agencia Gtres Online en
la que supuestamente aparecía intubado el presidente venezolano, Hugo Chávez. Pese a
las dudas que les surgieron sobre las circunstancias que rodeaban esa imagen, los
responsables del diario decidieron difundirla. Esas dudas no resueltas quedaron reflejadas
incluso en el breve texto que acompañaba la fotografía, en el que se indicaba que “EL
PAÍS no ha podido verificar de forma independiente las circunstancias en que fue
tomada la imagen, ni el momento preciso ni el lugar. Las particularidades políticas de
Cuba y las restricciones informativas que impone el régimen lo han hecho imposible”. El
director de la publicación, Javier Moreno, es el primero en asumir que fue una
equivocación: “Ese es el error central de la historia.Creíamos tener verificada una
fotografía que no habíamos verificado”. Como Moreno, toda la cadena en la
toma de decisiones asume la gravedad de lo ocurrido y pide disculpas. En
cuanto tuvo conocimiento del error, la dirección del periódico ordenó recoger
todos los ejemplares distribuidos hasta ese momento y, a la vez, retirar de la web
la falsa fotografía. El coste de la reimpresión del diario y la nueva reimpresión supuso
un coste adicional de unos 225.000 euros. El error tuvo una gran repercusión en las redes
sociales y originó también la protesta del Gobierno venezolano. Nada más regresar de
Davos, donde se encontraba, Javier Moreno analizó los hechos con el Comité de
Dirección y el Comité Profesional, anunció cambios para mejorar el método en la
toma de decisiones y encargó un relato a dos reconocidos periodistas del diario. Este
es el resultado de ese trabajo periodístico.
“¿Puedes hablar? Es urgente”. A las dos de la tarde del miércoles 23 de enero, Javier
Moreno, director de EL PAÍS, observa en la pantalla del teléfono que tiene dos llamadas
perdidas del director adjunto, Vicente Jiménez. Moreno está en Davos (Suiza) asistiendo
al Foro Económico Mundial en el que se reúnen las élites sociales y económicas del
planeta. Le extraña que desde la redacción en Madrid se comuniquen con él mediante
Facetime, aplicación para hablar por videoconferencia.
—Javier tenemos una foto de una persona que parece Hugo Chávez en una sala de
operaciones. La ofrece una agencia y estamos haciendo gestiones para conseguirla
porque primero se la han ofrecido a El Mundo.
—¿Qué sabemos de la fotografía?
—La agencia dice que la ha sacado una enfermera en Cuba y que se la ha enviado a su
hermana a España. Esta la ha ofrecido a una colaboradora de la agencia.
—¿No podemos tener más información?
—Luis Magán [jefe de fotografía] va a comer con el comercial de la agencia y lo va a
intentar.
La foto está haciendo su entrada en el periódico. Es la foto que protagoniza uno de los
mayores errores de la historia del diario EL PAÍS. Esta es la narración de cómo una
imagen falsa acabó en la portada, reconstruida a través de conversaciones con
los que intervinieron en el proceso.
Las llamadas perdidas de Jiménez son para enseñarle la foto al director. Pregunta si se
la puede enviar a Davos, pero el comercial de la agencia, Manuel Montero,
rechaza su difusión. Facetime es la solución más rápida para mostrarla a distancia.
El director adjunto se comunica de nuevo con Moreno y le enseña la instantánea. “Me
mostraron la fotografía montada sobre una cartulina blanca. Pedían 30.000 euros y
respondí que no. Me parecía la típica subasta entre periódicos”, recuerda Moreno, que
sugiere ofrecer 10.000.
Cuando el director ve la fotografía le asaltan dudas de que sea un montaje y pide que
se verifique. Minutos más tarde envía un SMS a Jiménez: “Estamos seguros de que
es Chávez, ¿no? ¿No alguien que se le parece en un montaje hecho en
Lima, por ejemplo?”. Jiménez responde: “Creo que no, pero, claro, es una foto que
llega por un cauce irregular”.
La foto falsa llega a EL PAÍS a través de la agencia Gtres Online. El miércoles 23 de
enero, a las 11.00, Luis Magán queda en una cafetería con el director comercial de esta
agencia que provee a EL PAIS desde 2009 con fotos, sobre todo, para las secciones de
Gente y Cultura. Montero anuncia que tiene una foto de Hugo Chávez hospitalizado. Y
que se la han ofrecido antes al diario El Mundo, pero la operación aún no está cerrada.
Sobre las 13.30, Montero se acerca a un bar próximo a Miguel Yuste, 40, la sede del
diario EL PAÍS, con una carpeta blanca con el logo de la agencia. En su
interior, dos reproducciones en papel de la misma imagen. Magán las ve por primera vez:
“La veo y creo que es Chávez. Lo único que pongo en duda es la fecha en que
se haya hecho la foto”, recuerda.
El jefe de fotografía pide explicaciones y Montero ofrece su relato. Cuenta que la foto
ha sido realizada hace siete días. Que ha llegado a la agencia a través de una
colaboradora de plena confianza.
Magán sube con la foto al despacho del director adjunto, Vicente Jiménez.
—¿Esta agencia será de fiar, no?, le pregunta Jiménez, en referencia a la agencia.
—A mí me parece que es Chávez, le responde Magán, en alusión a la foto.
A lo largo de la tarde del miércoles 23, por el despacho de Vicente Jiménez pasan, entre
otros, Luis Magán y tres subdirectores: Jan Martínez Ahrens, Goyo Rodríguez y José
Manuel Romero. “En esos momentos estamos manejando la sensación de
tener una exclusiva mundial”, relata Magán. Hay dudas sobre la fecha y la autenticidad
de la foto. “Pero nadie pone en duda que sea Chávez”, relata el jefe de fotografía.
Es fundamental despejar incógnitas. El subdirector Jan Martínez Ahrens es el
encargado de hacerlo. Se reúne en su despacho, después de la hora del almuerzo,
con el comercial de Gtres Online y le interroga sobre la procedencia de la foto. “El
relato es francamente flojo, vago y difuso”, cuenta Martínez Ahrens. Sobre las 17.30
pide hablar con el director de la agencia, Carlos Van Eyck, y le somete a un tercer grado
telefónico. Van Eyck asegura que creen que la foto es verdadera y dice que confían en
la persona que la ha traído a la agencia. No da la identidad del contacto en España, ni
la de quién ha tomado la foto con el objetivo de proteger al filtrador.
“¿Te la han podido colar?”, pregunta Martínez Ahrens.
“Me la han podido colar”, responde Van Eyck, quien en otros momentos, en cambio,
insiste en la fiabilidad de su fuente.
Martínez Ahrens traslada esta información a Vicente Jiménez.
La agencia y su representante insisten una y otra vez en que la fuente de la que han
recibido la fotografía es fiable y que confían en su colaboradora. En paralelo
continúa la negociación económica. El representante de Gtres Online pide tiempo para
hablar con la intermediaria.
Hacia las ocho de la tarde, Jiménez recibe la información de que la negociación ha
prosperado y que la fotografía va a ser adquirida. “Cuando pactamos el precio
[15.000 euros] decidimos publicarla”, recuerda el director adjunto. “Nos dicen que no
quieren que se firme la fotografía porque podría poner en peligro a la persona que la
hizo. Nos pareció razonable y creímos que era una salvaguarda de protección y no
debilidad de la fuente. Era una enfermera que se estaba jugando la vida. Está claro
que nos equivocamos”.
¿Por qué se tomó la decisión de publicar la foto si la agencia Gtres Online no había
respondido a todas las dudas que se le plantearon esa tarde? “Consideramos que la
fotografía era buena y seguimos de forma natural”, explica el director adjunto. “No se
votó ni nadie planteó su oposición. Nadie me trasmitió dudas serias sobre la conveniencia
de no publicarla o sobre su autenticidad, salvo un subdirector, que dudaba si debíamos
publicar la imagen de un enfermo, pero estábamos de acuerdo en que era una noticia
relevante porque el Gobierno venezolano no informa sobre la salud de su presidente.
Hicimos una cesión de confianza a la agencia a pesar de que había puntos que no
se podían comprobar”, reconoce Jiménez. “Hicimos mal nuestro trabajo”.
Magán, que recibió la oferta y negoció la compra, lo recuerda así: “Fue una decisión
colectiva. Llega un momento en que tenemos que arriesgarnos o no”. Hugo Chávez no
aparece en público desde el pasado mes de diciembre ni acudió a la toma de su
posesión en Caracas al permanecer convaleciente en La Habana. Su dolencia está
rodeada de secretismo.
Desde Davos, el director de EL PAÍS insiste durante la tarde en que se verifique la
autenticidad de la fotografía. Se ha encontrado con Moisés Naim, analista venezolano
y columnista del periódico al que le cuenta que se está trabajando en la historia. “En un
momento dado me trasladan la convicción de que la agencia lo ha verificado, que la
historia es buena, que vamos adelante. No me dijeron que había muchas dudas porque
si hubiera sido así lo habría parado, pero como había incógnitas sin resolver le pedí a
Vicente que en el texto se añadieran, como información adicional, las preguntas a
las que no habíamos podido responder. No como cautela sino como información
complementaria. Creí que lo más honesto era reconocerlo”.
Moreno asume que fue un error publicar la foto y acompañarla de un texto que dice
que no se confía en la instantánea. “Ese es el error central de la historia.Creíamos
tener verificada una fotografía que no habíamos verificado”.
La apostilla dictada por Moreno y que se incluye en el pie de la imagen falsa dice: “EL
PAÍS no ha podido verificar de forma independiente las circunstancias en que fue
tomada la imagen, ni el momento preciso ni el lugar. Las particularidades políticas de
Cuba y las restricciones informativas que impone el régimen lo han hecho imposible”.
El director asume que dejar en manos de una agencia las verificaciones que debería
haber hecho el periódico es un error grave. La precipitación fue el otro. Y reconoce que
el hecho de que la información fuera compartida por un número reducido de mandos
multiplicó el riesgo.
A partir de las 21 horas se comienza a editar la imagen para la edición impresa. La
fotografía falsa pasa por más manos: diseño, fotografía, internacional y se vuelca en el
sistema de edición Hermes por lo que numerosos redactores ya la pueden observar
en pantalla. Media hora antes, el director adjunto y los subdirectores muestran la
imagen a Guillermo Altares, redactor jefe de Internacional. “¿Esto es lo que creo que
es? ¿Estáis seguros al cien por cien?”, pregunta el periodista a sus jefes. “Estaban muy
seguros de lo que tenían”, recuerda. Altares propone hablar con el colaborador en
Caracas, Ewald Scharfenberg, pero se decide no comunicarle la noticia por temor a que
a través de la conversación telefónica se filtre la exclusiva.“Tengo plena confianza
en Ewald pero no en las comunicaciones venezolanas”, apostilla el redactor jefe.
Martínez Arhens, subdirector, telefonea al colaborador en Caracas y le advierte de que
el periódico va a publicar una información sensible para prevenirle. “Me dijo que era
un asunto delicado y que estuviera atento a la reacción del Gobierno”, señala
Scharfenberg. El periódico no le informó de que iba a publicar una supuesta foto de Hugo
Chávez.
A esa misma hora, Mokhtar Atitar, 31 años, editor gráfico de la web, ve la fotografía y le
asaltan las dudas. Deja su asiento en la mesa digital en forma de media luna situada en
el centro de la redacción y se dirige a la mesa de Magán. Le expresa sus reticencias, no
tiene claro que la imagen sea buena. Después regresa a su puesto y se pone a buscar
en Google para ver si hay en la red alguna imagen parecida. “No encontré nada pese a
que hice varias búsquedas de imágenes. Lo hice por iniciativa propia”, explica. Atitar
busca fotos, pero la imagen, en realidad, procede de un vídeo.
En Davos, sobre las 23 horas, Naim coincide de nuevo con Moreno.
—Javier, ¿cómo va la historia?
—Vamos a dar la foto.
—¿Puedo tuitear la noticia?
—Pero no digas que es Chávez.
Naim tuitea: “Prepárense para una extraordinaria foto exclusiva en la web de El PAÍS
en breve”. Poco después, Moreno lo retuitea.
Ewald Scharfenberg, el colaborador en Caracas, ve el tuit de Naim y escribe a
Altares para preguntarle si sabe de qué va la cosa. “Me responde: no te puedo
decir nada sorry [lo siento]”. La supuesta exclusiva se ha manejado con la máxima
discreción para evitar filtraciones. Más tarde, Scharfenberg le envía otro mensaje en
el que le advierte sobre una fotografía vieja que ese mismo día circula, una instantánea de
Chávez con su padre y hermano.
Son las tres de la madrugada en Madrid, las ocho en México D.F y Bernardo Marín
llega a la redacción digital que EL PAÍS tiene en la capital mexicana. Los ejemplares de
la edición impresa con la foto falsa en portada ya están llegando a esas horas a distintos
puntos de Latinoamérica, sobre todo a Argentina. Y ya hay gente tuiteando que EL PAÍS
lleva a Chávez intubado en portada. Marín llama a Jiménez y le dice que considera que
hay que adelantar la publicación, dado que en las redes ya se empieza a hablar de ello.
Las cuatro personas que están en ese momento en la redacción de México,
responsables de la web del periódico durante la noche, empiezan a preparar la pieza
informativa digital. Por centrarse en la preparación del despliegue, pierden de vista
por cinco minutos la conversación de Twitter, donde algunos empiezan a hablar de
que la foto puede ser falsa.
A las 3.52, Bernardo Marín aprieta el botón de publicar. La supuesta gran exclusiva
mundial se empieza a difundir en las redes sociales, Twitter y Facebook. A las 3.54 mira
su cuenta de Twitter para ver qué repercusión está teniendo la noticia. Ve que hay tuits
que ponen en cuestión la autenticidad de la foto. “Cuando es la dirección del periódico
la que ha dado por buena una información, ni se te ocurre pensar que puede
ser un error”,explica por teléfono desde México. Inés Santaeulalia, una de las redactoras
en ese país, llama por teléfono y alerta de que hay mucha gente tuiteando que esa foto
es falsa. La cuenta de Twiter de Moisés Naim recibe insultos : “Hubo una explosión de
agresiones por parte de seguidores de Chávez. Algunos incluso dicen que yo tuve un
rol en todo esto”, explica el escritor.
Marín comprueba que la foto ha sido extraída de un vídeo que está circulando por la
red. Se trata de una captura. Aparece un paciente acromegálico en una mesa de
operaciones. La imagen data de 2008. La noche anterior, de hecho, la televisión
pública venezolana ha denunciado que ese vídeo esta circulando, que es falso, y
que no es Chávez.
Marín llama a Vicente Jiménez y le manda una captura de pantalla del vídeo. Son las
cuatro de la madrugada.
A las 4.08 Javier Moreno recibe la llamada del director adjunto. Se encuentra descansando
en la habitación de su hotel a las afueras de Davos. La conversación dura cuatro minutos
y Moreno ordena que los responsables de la web retiren la fotografía de la portada
y que se paralice la distribución de la edición de papel para evitar que
llegue a los quioscos. “Tomé la decisión al instante, sin pensar lo que iba a
costar y sin consultar a nadie”,recuerda el director. Desde ese instante, y hasta las
8.12 horas, Moreno hace 26 llamadas y decide reimprimir EL PAÍS para volver a
colocarlo en los puntos de venta.
A las 4.10, Jiménez llama al responsable de distribución e impresión de Pressprint,
Juan Manuel Albelda. Le dice que es preciso retirar toda la tirada. Albelda le informa
de que hay rutas que están distribuidas y entregadas. No se consigue frenar la
distribución de ejemplares destinados a las líneas aéreas, ferrocarriles, hoteles y
suscriptores. En España, 4.100 ejemplares llegan a los lectores con la foto falsa.
“De llegar la orden media hora más tarde, hubiera sido dramático”, confiesa Albelda.
Se consigue paralizar el 93% de la tirada. Pero en Argentina solo se recupera un
30% y 8.050 ejemplares llegan a los quioscos. En la República Dominicana se recupera
un 10%: 5.670 ejemplares con la foto falsa llegan a destino.
En total son 22.635 los ejemplares con la foto falsa que se distribuyen. Se vuelve a
imprimir una nueva edición. El coste de la reimpresión del diario ronda los 125.000 euros.
La nueva distribución que hay que poner en marcha supone otros 100.000 euros.
“Me pareció increíble que, algo que para cualquier venezolano era un timo,
fuera en la portada de EL PAÍS”, remata Scharfenberg,colaborador en Caracas.
La reacción del Gobierno venezolano es inmediata. El chavismo acusa a EL PAÍS de
participar en un complot contra la oposición. “Nadie cree que la foto es algo casual,
los lacayos internos tienen su réplica en el extranjero”, escribe en su cuenta de Twiter el
presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello. “Cada vez que alguien en
el mundo, llámese EL PAÍS, Bosé, Juanes, Willie Colón, Cochez o Uribe, ataca a
la patria, la oposición lo hace su héroe”, dice en otro mensaje reproducido por medios
oficiales.
El Gobierno de Hugo Chávez anuncia que emprenderá acciones legales y su embajada
en Madrid acusa al diario de “despreciar” a los venezolanos. “La publicación de esta
fotografía grotesca no es más que la confirmación de la campaña sistemática que ese
periódico y otros más mantienen aprovechándose de manera atroz de la situación de
salud por la que pasa el comandante Chávez”, espeta Ernesto Villegas, ministro de
Información. Desde Argentina, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner escribe en
su cuenta de Twitter: “En la portada de EL PAÍS vi una foto. Me corrijo, eso no es una
foto, es una canallada”.
Al día siguiente de la publicación, descubierta ya la estafa, una reunión en Miguel
Yuste con los responsables de Gtres Online permite comprobar que la primera versión
que dieron no es correcta.
Carlos Van Eyck, director de la agencia, explica que en la misma mañana en que se
descubrió la falsedad, su colaboradora llamó a la persona que le facilitó la fotografía y
que esta cambió su versión.
El nuevo relato hace que la pista de la foto se difumine aún más. La supuesta
intermediaria en España es una venezolana que ha recibido una foto enviada
por su hermana, vía Whatsapp, desde Venezuela. Esta última, a su vez, es la
que habría recibido la imagen supuestamente procedente de Cuba. Pero, no. La
foto era falsa.
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