Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
No puede causar sino estupor que en el país del mestizaje por excelencia, de la palabra "negra" como piropo y gesto de cariño hacia los seres más queridos, se pretenda imponer el racismo, una práctica ajena al comportamiento de la mayoría abrumadora de los venezolanos. Peor aún es que el adalid de esta cruzada del odio sea Aristóbulo Istúriz, una persona que antes de descender a los infiernos de la adulancia frenética, gozó del respeto de la generalidad de venezolanos y, particularmente, los caraqueños.
Si de algo podemos estar orgullosos es de ser un país en el que sus ciudadanos, por lo general, se tratan con la misma camaradería, independientemente de su origen racial, social o étnico, a diferencia de países en el que el racismo o la xenofobia son graves problemas. La pretensión de Aristóbulo, paradójicamente, es la de importar la peor de las prácticas de EEUU; aunque pensándolo bien, es más probable que lo esté importando de Cuba, una isla marcadamente racista, como lo nota a simple vista todo el que haya caminado por La Habana o vea el gabinete que impone la dictadura.
Tratar de provocar el racismo de forma artificial es parte de la sistemática campaña para exacerbar el odio social que desde hace años ha venido impulsando el gobierno: pobres contra ricos, patriotas contra vende patria, chavistas vs. escuálidos, patronos contra trabajadores, oligarcas contra el pueblo y ahora su versión más siniestra, blancos contra negros.
Esta perversa maniobra no es gratuita, es inspirada por las ansias de poder eterno de Hugo Chávez. "Después de mí, el caos", "habrá una guerra civil", son frases repetidas hasta la saciedad por el presidente. Para que se cumpla la profecía es indispensable que un país signado por la tolerancia se transforme en uno de neuróticos racistas. Incitar el resentimiento es la estrategia fundamental del chavismo. El odio es el recurso principal con el que pretenden garantizar que cualquier cambio de gobierno conlleve a la anarquía que serviría de caldo de cultivo para un regreso triunfal de la dictadura chavista.
En definitiva se pretende implantar un estado de segregación racial, en el que no sólo se estimula el odio sino que se crea la burocracia necesaria para patrocinarlo por medio de un ministerio que se especializará en la pureza de las razas y del lenguaje a ellas asociado. Un ministerio encargado de recordar que somos diferentes y que esas diferencias deben cobrarse. De ahí a la persecución por motivos de raza no hay ni siquiera un paso.
Esta situación tampoco puede leerse aisladamente, sino en el contexto de un gobierno que ha quedado desnudo en sus relaciones con el narcoterrorismo de las FARC, ha creado una milicia (entrenada también por las FARC) que jura proteger la revolución y ha patrocinado grupos paramilitares como La Piedrita, Lina Ron o los Tupamaros. Es decir, junto a las diferentes formas de resentimiento estimuladas desde el gobierno, se pretende crear un aparato burocrático que lo apoye y un brazo armado que sirva como herramienta para promover la violencia cuando el gobierno cambie.
Venezuela no puede caer en esta trampa de odio que la condena a su destrucción. Es preciso combatir esa engañosa imposición antes de que sea tarde. Reconocernos como un país de tolerancia es hoy en día más que necesario. Es indispensable un esfuerzo para combatir estas fórmulas racistas, pues todos los Estados cuyos gobernantes han promovido la discriminación y la intolerancia han terminado siendo víctimas de la violencia más atroz.