Situado en el barrio de La pequeña Habana, el Versailles es hoy más que nunca parada obligada para disfrutar una carta de platos de recia personalidad cubana y curiosear en un ambiente en el que menudean los chismes y confidencias anticastristas.
Personalidades de la política y la farándula y presidentes de diferentes países han recalado en este establecimiento para degustar las abundantes raciones que despachan: lechón asado, rabo encendido, croquetas, ropa vieja, serrucho frito o la popular sopa de frijoles negros.
Este emblemático local se ha convertido además en cita obligada para los políticos en tiempo de elecciones, momento que aprovechan para mostrar su simpatía hacia la comunidad cubanoamericana de Miami y su cultura.
Para celebrar por todo lo alto el aniversario, la familia Valls, propietaria del local, ha organizado para mañana, martes, una serie de actos en los que quiere celebrar con sus parroquianos y devotos del local cuatro décadas de buen comer y "cubanía".
Así, los precios del menú que se brindará en la fiesta del martes serán los mismos que ofrecía el restaurante hace 40 años, dijo a Efe un miembro de la organización The Valls Group.
El bistec de res (palomilla), por ejemplo, costará entre dos o tres dólares y los invitados podrán beber refrescantes mojitos y disfrutar de la música cubana, señaló la organización.
Bajo la batuta de Felipe Valls, de 78 años, que dirige junto con su hijo el restaurante y otros locales como La Carreta y Casa Juancho, la carta del restaurante se ha mantenido fiel al renglón de la cocina tradicional cubana.
No obstante, entre los planes de la familia figura el de renovar el interior del establecimiento y actualizar el menú con nuevos platos, eso sí, siempre fieles a las señas de identidad de sus fogones.
Además, ampliarán el local con la construcción de una nueva pastelería dotada de un obrador con un equipo y maquinaría de pastelería moderno.
El Versailles ha devenido, sin duda, el punto de encuentro de los cubanos en Miami, el lugar donde se congregan para compartir recuerdos y sentimientos con los amigos, en un ambiente con un punto kitsch de grandes espejos versallescos que es hoy profundamente querido por sus visitantes. EFE