Por Alberto Olivares Núñez/ Colabora con Hablemos
Press.
Guantánamo.- La publicación, en tabloide, de las “Normas aduaneras
que todo pasajero debe conocer”, de la Aduana General de la
República de Cuba es la mejor confesa prueba del garroterismo de
Estado aplicado por la dictadura Castrista, en su ladronicio
propósito de despojar, -hasta los últimos centavos- a quienes por
distintas razones, motivaciones y modos arriban por las distintas
terminales aéreas y portuarias encargadas de esquilmar, a cuanto
viajero caiga en el cepo aduanal cubano. Tal es la desmedida
usura aduanera impuesta por el régimen a todo viajero que, Cándido
Fabré, uno de los cantores populares que más albanazas
prodiga al Castrismo, denuncia en una de sus canciones, el descarado
robo a que someten a las personas en esas filibusteras dependencias.
Quienes más afectados resultan de este impuesto gabelismpo aduanero
son precisamente los cubanos residentes fuera del país o los que por
trabajo viajan al exterior; quienes en su generalidad consiguen sus
ahorros con extremos sacrificios y privaciones, en previsión de
mejoras personales y ayudas a sus familiares residente en la cautiva
nación insular.
Unos y otros, forzados a retornar por ligados sentimientos y
contraídos compromisos son leoninamente compelidos a
pagar una elevadísima tasa de impuestos, con lo que el régimen
procura cubrir y atesorar lo que no es capaz de lograr productivamente;
una miserable conducta hecha práctica cotidiana, aplicada por las
aduanas en Cuba, consiste en quitar selectivas mercaderías,
enseres y equipos aduciendo exceso de equipaje –ya pagados a
las líneas transportadoras- o cualquier otra alegada restricción
usurpativa.
Las altas tasas de impuestos, que en muchas de las veces supera
el costo de los productos, y equipos en los originarios
establecimientos donde fueron adquiridos; y el descarado
saqueo de mercancías, a que son sometidas a las personas en las
aduanas del país contrasta con el habitual contrabando oficial, de
toda clase de mercadería destinadas a satisfacer las más
exquisitas exigencias capitalistas de los Castros y selectos
coligados amigos. Así, todo lo que en el exterior se compra para
complacer los refinados gustos del vestir, el paladar o el buen
vivir de la realeza Castrista entran sin ningún tipo de supervisión
aduanera y pasan a engrosar las voluminosas cuentas contables
del Estado, como gastos indirectos necesarios.
Pero la aduana no sólo cumple esa descrita función rapaz. La
aduana en común acuerdo con los órganos de inteligencia tiene
asignada la función de impedir la entrada a Cuba de cubanos o
extranjeros que, sin haber cometido ningún delito o estar
reclamados por alguna infracción, resultan arbitrariamente
prohibidos ampararse de ese reconocido elemental derecho de
reencuentro familiar o formal visita, que tienen todas las personas
fuera de Cuba.
Es conocido en el exterior, como funcionarios y agentes de
inteligencia asignados a las sedes diplomáticas en los distintos
países se afanan en fotografiar cualquier demostración
anticastrista o conocer de cualquier apoyo mostrado por los
cubanos en políticas condenatorias al régimen, para luego poder
utilizar esas informaciones recopiladas, como chantaje en sus
propósitos de fuerza o para captar potenciales informantes, en
aquellos que no quieren perder sus vínculos familiares.
Es necesario tener presente, en este tema, que miembros
consulares y oficiales de inteligencia pertenecientes a las
embajadas de Cuba en el mundo tienen la principal función de
penetrar en todas las instancias del país donde están
radicadas. La búsqueda y recolección de informaciones de interés
activa o pasiva abarcan desde la cúpula de la estructura de poder
hasta las fábricas y gremios.
Todo es penetrado con una inmensa red de colaborantes y
presionados informadores por donde se conoce y obtienen valiosos
informes del estado de opinión de funcionarios, trabajadores y
ciudadanos, para luego conformar y diseñar el escenario
sociopolítico de cada lugar, además de las tendencias de
movimiento en cada situación presentada.
A la extensa red de agentes diseminados por todas partes, la
penetración se nutre de captados simpatizantes generalmente
agrupados en organizaciones sociales y ambientalistas-
chantajeados cubanos y hasta las esposas de los ciudadanos,
quienes aportan un extendido y valiosísimo banco de datos de
toda la sociedad estudiada.
Uno de los métodos más abominables utilizados por la policía
política en Cuba en confabulada actuación con las aduanas es dejar
que esas seleccionadas personas catalogadas como adversas lleguen
al país, y una vez en las terminales impedirles ingresar o al menos
ver a los familiares que esperan; incluso, impedirles dejar
entrar las mercancías y regalos que para los necesitados cubanos
se traen.
En el argot popular son conocidas las aduanas cubanas como “La
cueva de Alí Babá”, donde todos son expertos ladrones, en
aducida referencia a la depredadora rapacidad de sus
funcionarios y empleados; afanados cada día en robar, confiscar
artículos tan diversos como ropas, calzados, computadoras y
agregados, bisuterías, bienes en general; y hasta medicamentos.
Algo que no fue incluido ex profeso en las “Normas aduaneras
que todo pasajero debe conocer”, al llegar a cualquier terminal
aduanera en Cuba es el estar debidamente preparados para
agasajar capitalistamente, a quienes primero le dan la bienvenida
al país.