Eliécer Ávila (Puerto Padre, Cuba, 1986) estuvo este fin de semana en Barcelona. Aprovecho su estancia de dos días en la ciudad para conversar sobre Cuba, sus distintos retos, sus posibilidades. La entrevista me deja muy buen sabor de boca, por esa sensación extraña, nueva, que me provoca tener a alguien de la oposición interna dentro de la Isla sentado frente a frente, en Barcelona, a 8.000 Km de donde todavía millones de personas viven bajo las leyes impuestas por el castrismo. Después de Barcelona Ávila hará una visita relámpago a Madrid sin programa previsto, para viajar después a París y Amsterdam. Tras el paso por Francia y Holanda regresará a Estocolmo y más adelante viajará a Polonia para ofrecer una conferencia en el Instituto Lech Walesa. En mayo visitará Estados Unidos, y tiene previsto hacer escala en Miami, Washington y Nueva York, para regresar luego a Cuba. Por otro lado, dentro de unos días publicaré las respuestas a las preguntas que varios lectores me mandaron a través de las redes sociales para que las trasladara a Elíecer.
Pregunta.- ¿Eliécer esta es la primera vez que sales de Cuba?
Respuesta.- Es la primera vez y espero que no sea la última.
P.- ¿Cuál ha sido el primer impacto al llegar a países tan diferentes?
R.- La impresión, sobre todo en las cosas, es que el cubano de a pie en Cuba no tiene realmente ninguna oportunidad de tener una noción correcta del mundo exterior. Los medios que existen para informar a los cubanos son propiamente del gobierno y siempre, en cada palabra, expresión y frase tienen la intención de que, al final, pienses que en Cuba se vive mejor incluso que en los países que tienen un nivel de desarrollo. Muestran lo peor del mundo y lo mejor de Cuba, pero ahora que puedo hacer un balance de ese tipo de cosas, realmente me doy cuenta, primeramente, de lo mal que se vive integralmente en Cuba, de la falta enorme de infraestructuras para el desarrollo y también de libertades individuales de las que carecemos. En segundo lugar, sí tengo una fe ciega en que tenemos un país con un potencial enorme porque veo cosas aquí que nosotros pudiéramos construir sin ningún problema, si simplemente se nos permitiera tener nuestro futuro en nuestras manos y pudiéramos diseñar y construir un país como los cubanos lo queremos y necesitamos. Pero lo que está pasando es que la posibilidad que tenemos de desarrollarnos está secuestrada. Todas las decisiones que se toman en Cuba las toma una persona, porque es el carácter piramidal que hemos heredado del gobierno de Fidel Castro, ahora lo heredó Raúl, quien tal vez le dé un poquito más de participación a otras personas, pero que nunca se cuestionen el sistema en lo esencial y realmente lo que falla en Cuba es la esencia del sistema.
P.-¿Consideras que la dirigencia actual, que en resumen es la familia Castro establecida como saga familiar, puede ser la encargada de abrir las puertas para un cambio efectivo más allá de mover unas fichas con lo que no se acaba de dar el poder al pueblo? Es decir, ¿hay que desalojar a los hermanos Castro del poder?
R.- Creo que hay situaciones, y especialmente la de Cuba, en que ya pensar qué es lo mejor ya no es lo más práctico. Lo mejor, por supuesto, sería posiblemente que entreguen el poder o que se lo quiten y que se establezca un gobierno constitucional, con otra Constitución porque la actual desgraciadamente es la única en el mundo que tiene nombres y apellidos. Ellos están constitucionalmente amparados. Nuestra Constitución no sirve porque la escribieron ellos mismos y a su favor. Lo ideal sería cambiar absolutamente el gobierno y hacer unas elecciones libres, democráticas, donde existan varios candidatos de todas las provincias del país si fuera posible y que el pueblo entero decida quién debe gobernar y por qué tiempo. Pero teniendo en cuenta la efectividad que por 50 años han tenido los mecanismos que este gobierno ha creado para sostenerse en el poder y la falta de oportunidad que existe para comunicarse, organizarse, rebelarse contra el gobierno, y además teniendo en cuenta que ni siquiera la mayoría de los cubanos tiene el estado de conciencia y de claridad respecto a su propia situación, entonces a los que disentimos del gobierno a veces no nos queda otra que, de alguna manera, pensar que lo que venga va a ser a partir de lo que existe, de alguna forma. Entonces, ¿qué hacemos?, lograr la mayor presión social interna y además externa internacional para que el gobierno no pueda estar tranquilo en una posición como ya hace un tiempo que no lo está. Tiene que moverse, pero tiene que moverse porque ya su posición es incómoda y porque de alguna manera, si no se mueve ni dentro ni fuera encuentran ninguna cooperación, y este gobierno vive de la cooperación. Entonces la situación interna sí se le calienta un poco más y por tanto la gente, en términos de conciencia, avanza más hacia la disidencia. Por eso yo creo que no es que sea lo que nosotros deseamos, es que entre lo malo y lo peor, entre que no cambie nada y que de alguna manera se obligue a estas personas a moverse, creemos que esa es una de las cosas que sí objetivamente podemos hacer. De verdad no vemos un cambio violento en Cuba, entre otras cosas, no es viable, dada las especiales condiciones del país: es una isla rodeada de mar, sin frontera con nadie, sin referencia directa en ningún otro lugar, no es el muro de Berlín, nuestro muro tiene 90 millas mínimo, entonces realmente no se ve hacia el otro lado.
P- Suceda lo que suceda y sea como sea el cambio hay muchas personas en el exilio que piden que los crímenes que ha cometido la dictadura sean juzgados, que haya una reparación. ¿Serías partidario de la creación de una comisión de la verdad en Cuba para esclarecer los crímenes de la dictadura para buscar justicia y reparación?
R.- Cincuenta y tantos años después de determinados hechos, y lo digo incluso con conocimiento de causa -porque he invertido mucho tiempo en leer lo que ha pasado en otros países-, toda la justicia no se va a poder hacer. Lo que pasa que sí creo, y ya hay muchas cosas planteadas en este contexto que nosotros sí podemos tratar de aliviar en lo posible. Y ya más bien pensando en unir el exilio cubano y el pueblo cubano en pos del desarrollo de Cuba. En eso sí podemos avanzar bastante. Hay muchas personas que lo perdieron todo, y que pudieran tener en un nuevo país una nueva oportunidad, con posibilidades de inversión, de crear empresas. Ya no podemos quitarle una escuela a los niños para devolvérsela al dueño del 59, pero sí podemos que a través de los nietos o los hijos de esas personas -y hay políticas parecidas incluso en España con los que se fueron huyendo de la Guerra Civil-, también podemos reparar, en lo posible, algunos daños. Estamos a favor de eso, pero sobre todo en este tipo de cuestiones. En cuanto a los crímenes y este tipo de asuntos, queremos tal vez de conjunto estudiar cuáles podrían ser las soluciones, pero nunca va a ser que alguien se tome la justicia por su mano. Eso en primer lugar. Darle un cheque en blanco a una persona para que vaya a Cuba a tomar justicia no lo vamos a permitir, ni mi generación ni mis nietos tampoco. En primer lugar, porque cuando hablamos de justicia en cuestión de crímenes y demás no podemos ni taparnos el ojo izquierdo ni taparnos el ojo derecho. En Miami, en el resto del mundo, hay muchas víctimas de la dictadura cubana las cuales cuentan con todo mi respeto. Ahora, no podemos olvidar que en Cuba también hay muchas víctimas de personas que, desde el exilio, han organizado actos violentos en Cuba: bombas, ametrallamientos, avión derribado, explotado en el aire, y entonces, ¿olvidaremos a esas personas también? ¿O iremos a los Estados Unidos y reclamaremos que nos entreguen a los culpables de estos actos que, al fin y al cabo, no fueron directamente contra Fidel Castro ni contra su escolta ni contra su convoy sino contra personas civiles? También entonces muchos países tendrán que entregar personas y someterlas a un juzgado y ya veremos entonces ahí qué pasa. Entonces nosotros estamos viendo esto desde un punto de vista objetivo y pragmático porque entre estos dos extremos, -que ambos se han hecho mucho daño y aquí nadie está libre total de culpa y el que no haya cometido errores en eso que tire la primera piedra, que nadie la va a poder tirar-, yo creo que las nuevas generaciones, tanto del exilio como de dentro de Cuba, sí queremos un poco solucionar, en la medida de lo posible, estas cosas. Pero es que necesitamos de alguna forma resolver el conflicto para pasar página de una vez, y comenzar una nueva historia de Cuba, de progreso, de bienestar, de desarrollo, de trabajo para mejorar el país, y de libertades para los cubanos para que puedan expresarse en el máximo sentido de la palabra. Pero nunca podremos entrar en esta nueva etapa que tanto necesitamos los que estamos atrapados entre los dos extremos de este conflicto si seguimos cada vez más revolviendo las mismas cosas y un poco siempre queriendo darle la razón a uno de los extremos sobre el otro y solamente pidiendo sangre por sangre u ojo por ojo. Creo que no estamos, -porque repito, no es práctico, ni objetivo- para seguir creando esa cadena interminable de odios y de muerte.
P.- ¿Consideras que el régimen castrista está todavía instalado en el radicalismo y el extremismo?
R.- Yo considero que no. Considero que incluso en los últimos años para el gobierno lo que pasa es que ya es imposible. Pero sí pienso que han tenido la utópica idea de que ellos mismos puedan reformarse. Lo que pasa es que ya el pueblo cubano no quiere que ellos se reformen, lo que queremos es que se vayan, que dejen el poder y que, si es posible, si algo quieren hacer por el futuro de Cuba es dejar, por lo menos, garantizadas las bases para que entonces nosotros -y cuando digo nosotros no me refiero solo a los que piensan como yo sino a todo el pueblo de Cuba- podamos realmente construir nuestra democracia. Ellos sí pueden hacer mucho para crear las bases para que eso suceda. Ellos tienen hoy en la mano la posibilidad de que, cuando no estén, haya caos, guerra, desastre. O también pueden sentar las bases para crear una sociedad civilista, un poder menos vertical como el que ellos tienen. O sea ellos pueden dejar el país mejor enrumbado hacia lo que nosotros necesitamos. Vamos a ver qué hacen, pero yo sí creo que indiscutiblemente ellos están pensando ya por la edad que pronto no estarán físicamente y sí quedaran sus familias, sus hijos, sus nietos. Creo que lo más inteligente que pudieran hacer, pensando en ellos mismos y en sus familias, es tratar de dejar un país en pos de la reconciliación.
P.- ¿Qué crees que pasa dentro del Partido Comunista de Cuba? ¿Es un ente monolítico como se proyecta o bien hay personas que pueda conectar con ideas como las que expresas?
R.- El PCC, como todo grupo humano, en realidad está integrado por personas que pueden tener diferentes ideas sobre ciertas cosas. Lo que pasa es que en Cuba lo que queda plasmado en los eventos y publicaciones no es la realidad, sino que es algo virtual, esa gran unanimidad, de que están todos con la misma idea y construyendo el mismo proyecto. Esto es una cosa materialmente imposible, teniendo en cuenta la cantidad de personas del PC que coinciden conmigo en lo esencial, en las cosas que hay que hacer en economía, en libertades mínimas que debemos tener, pero que no lo pueden plantear en su reunión del partido, pero sentado contigo tomando un café sí lo expresan claramente. Entonces yo creo que sí existe esa diversidad, lo que pasa es que el sistema aún no se ha abierto lo suficiente para que pueda ser expresada. No obstante, exista o no exista diversidad dentro del PCC nosotros no apoyamos en ningún momento que sea esa diversidad la que represente al pueblo de Cuba. Porque la diversidad dentro de un partido está bien, pero esa no es la diversidad del pueblo porque la diversidad también tiene que dar la oportunidad a no querer estar con ese partido, a no comulgar con el PC si no quieres y a formar otro partido que no tiene que tener los mismos principios ideológicos. Entonces darnos la impresión, que es lo que ellos quieren, de que dentro del PC hay diversidad, de acuerdo, lo acepto. Pero eso no es democracia. Diversidad dentro de un partido no es democracia. Porque un partido, como su nombre lo indica, es una parte. Entonces eso quiere decir que solamente los que están en esa parte pueden decidir cosas por el país. El PC está integrado por 2.000 y pico de cubanos. Eso es el 6% de la población. El otro 94%, ¿qué hace? No tiene oportunidad de decidir, de opinar. Somos la mayoría los que no militamos en el PCC, ¿por qué tienen que ser ellos los únicos que pueden ver los vídeos sobre los famosos casos de corrupción y demás? El pueblo nunca se entera de quiénes son los ladrones que les roban los fondos públicos, lo cual es una locura total. Así que esa diversidad no la aceptamos como representativa del pueblo de Cuba.
P.- Cuando hablas de “nosotros”, ¿a quién te refieres? ¿Quién es ese “nosotros”?
R.- Estoy pensando en todas las fuerzas de la sociedad civil cubana que yo conozco, que tienen contacto conmigo y que, de alguna manera sabemos que coincidimos en cuanto a estas cosas que estamos hablando. Cuando no suelo conocer como es el criterio de otros o de la mayoría respecto a eso, normalmente doy mi opinión personal, porque yo no pertenezco a ningún grupo y demás, pero sé que en términos de libertades y de democracia y de diversidad política en Cuba, en eso la sociedad civil completa, aún con métodos diferentes, todos estamos luchando por lo mismo.
P.- ¿Eres consciente de que discursos como el tuyo, de nuevos disidentes está creando rechazo en una parte del exilio?
R.- Soy consciente, según lo que he podido leer. En primer lugar el rechazo es de la minoría, lo que pasa es que tenemos que entender que hay minorías en el exilio que ellos solos son más poderosos que la mayoría. O sea, tienen como hacer valer su voz de diferentes formas. A mí me parece, entre otras cosas, muy bueno que exista ese nivel de divergencia porque eso es democracia. Existe una democracia en los países, existe una democracia mundial, global, la cual nosotros aceptamos y lo que queremos no es imponer nuestras opiniones sino unirnos a esa democracia global que existe y en la que la gente diverge. Que le parezca bien o mal a algunos o a todos no es una cosa que nos preocupe en lo esencial, lo que creemos es que ellos tienen el derecho a expresar lo que quieran y que deben respetar nuestro derecho de expresar lo que nosotros queremos expresar.
P. En alguna ocasión te has definido como activista, ¿pero te sientes opositor, disidente…?
R.- Me considero un ingeniero cubano que disiente del gobierno y que hace todo lo que puede para que nuestro sistema político cambie y avance. Ponerle etiquetas a eso podría haber muchas. Conceptualmente sí soy un opositor, sí soy un disidente. Lo que pasa es que son términos que en Cuba han sido bastante pudiéramos decir satanizados por el gobierno y que hoy en día un cubano equipara un opositor y un disidente casi igual a un delincuente. Claro esto es un error garrafal, lo que pasa es que 50 años de propaganda en contra de esos dos términos hace que tú lo escuches y te erices. Entonces por eso incluso en el interior de Cuba prefiero que se me diga lo que yo tengo acreditado, o sea lo que puedo demostrar es que soy el ingeniero Eliécer Ávila.
P.- El ingeniero Eliécer Ávila nos sorprendió en 2007 interpelando a Ricardo Alarcón. Luego apareció en la televisión cubana en algo que parecía una rectificación pública de su comportamiento ante el presidente del parlamento. ¿Cómo consiguieron que rectificaras públicamente?
R.- Lo que pasó fue que se aplicó conmigo una política de aislamiento y de cierta hostilidad, pero no desde lo militar. Yo vine a conocer la primera persona de la Seguridad del Estado casi tres años después de sucedidos los hechos. Nunca hablaron conmigo directamente militares o algo así. Lo que sí desde la administración y con influencia de todas estas cosas se me prohibió publicar nada dentro de la universidad, -yo era muy activo en la web de la UCI y todo eso-, no se me permitió seguir al frente del proyecto que yo dirigía, se me denegó en dos ocasiones la dirección de Ciudad de La Habana. Finalmente el resultado de esta política fue que yo terminé trabajando en pequeños Joven Club en mi municipio natal en el Oriente de Cuba bastante aislado del mundo. Tuve que cumplir allí dos años de servicio social, y cuando logré liberarme del compromiso que tenía con el gobierno -porque de no cumplirlo o de tener problemas en su cumplimiento podía haber tirado por la borda los cinco años de carrera porque me inhabilitan inmediatamente el título que tanto para mí, como para mi familia era un logro importante por el esfuerzo de toda una vida-, entonces lo defendí hasta donde fue posible. Lo logré tener a mi lado, e inmediatamente cuando terminé ese servicio social, que era como la deuda por los estudios, viajé a Ciudad de La Habana, y en una entrevista en el programa de Antonio Rodiles, Estado de SATS, denuncié todo lo que había pasado incluyendo lo que en esos dos años pasó como la negativa 17 veces de aceptarme en centros laborales o para decirlo más claro, hoy me hacen un contrato y mañana me lo rompían. Porque la Seguridad del Estado se enteraba e iban allí, ejercían su influencia y no me permitían trabajar. Luego de haber denunciado estos hechos entonces fue la propia Seguridad del Estado la que me quiso gestionar un trabajo, amablemente.
P.- Pero yo quería saber cómo fue que acabaste rectificando en la televisión nacional…
R.- Ahí lo que pasó fue lo siguiente. Después de la reunión en la UCI, muy apenados los dirigentes de la universidad con el señor Ricardo Alarcón, quisieron organizar una serie de mítines donde los estudiantes casi se retractaban de lo que habían dicho, porque no fui yo solo, hablaron cinco estudiantes. Pero como yo no quería formar parte de eso, aproveché una semana que tenía semilibre tras las clases y me fui hacia Puerto Padre a estar con mi familia.
P.- ¿Nadie te interpeló inmediatamente después de la reunión?
R.- No, no pasó así. Muchas caras largas, muchos rostros serios, pero no pasó así. Yo me fui y a la semana me fueron a buscar allá a Oriente. Fue el presidente de la FEU en la universidad en ese momento, César Lage Codorniu, acompañado de la primera secretaria de la UJC en el centro. Vinieron y me explicaron con una gran cantidad de información en la mano que se estaba publicando en Internet, lo cual era cierto, un grupo de versiones falsas sobre lo que había pasado conmigo, y lo eran. Había muchos medios que estaban diciendo que me habían hecho actos de repudio dentro de la universidad, que me habían quemado el colchón, o sea que había un rechazo estudiantil incluso hacia mis posiciones y que me iban a expulsar de la universidad. E incluso que estaba preso o desaparecido. Entonces en ese contexto se me explicó que yo debía o se me pedía si yo quería, -ellos sabían que yo no tenía intención de respaldar ninguna mentira-, que se debería aclarar qué es lo que estaba pasando exactamente porque había muchas cosas falsas en Internet. Acepté y comparecí entonces en la televisión diciendo lo correcto, que no estaba preso, que no me habían expulsado de la universidad y todo ese tipo de cosas. Pero lo que pasa es que comparecieron todos los que sí habían participado en los mítines que había organizado la universidad. Así que cuando lo ves en conjunto parece una disculpa. Pero yo me he sentado con varios amigos después a verlo y yo me veo siendo objetivo, finalizo mi parlamento invitando a Alarcón a ir de nuevo a la UCI a continuar con el debate, también digo que todo lo que yo había planteado era dentro del sistema comunista y además lo digo hoy con total claridad. Yo en ese momento sí seguía pensando que el sistema comunista podía funcionar y que toda la situación que teníamos era porque algunas personas no hacían bien su trabajo. Si algo provocó en mi todo lo que sucedió después de esa reunión es darme cuenta de que no es que todos los cubanos hacemos mal las cosas, es que lo que no sirve es el propio sistema, que además coge personas que sirven y las convierte en personas que no sirven. Ese es el resultado que hoy expreso pero no puedo yo dármelas de iluminado y decir que cuando era niño ya yo conocía lo que conozco hoy. No es así. Yo dentro de la universidad hasta ese momento creía en el sistema.
P.- ¿Crees que tus opiniones pueden levantar ronchas?
R.- Yo creo que sí, pero creo que cuando una persona anda por el mundo dando entrevistas pensando en no levantar ronchas puede que lo que haga es decir lo que todos quieren oír. En el conflicto que vivimos en Cuba ese todos no existe. Nosotros nos debatimos entre extremas sensibilidades, así que si queremos siempre entender a todos tenemos que no gustarle a alguien pero, en mi caso, realmente creo que las personas prefieren que uno sea sincero, honesto, diga lo que piensa y no que no caiga bien a costa de saltarse a la torera todos esos principios.
P.- ¿No te preocupa ganarte enemigos?
R.- Yo creo que esa cultura del amigo y enemigo es precisamente la que la Seguridad del Estado y el comunismo han instalado en Cuba. Divergir en determinados temas e incluso estar equivocado no es un pecado, además yo soy de las personas que estoy aprendiendo todos los días. Y que estoy dispuesto, si hay algún tema en el que no tengo una opinión correcta, a escuchar todas las opiniones. Si encuentro argumentos suficientes para variar mi posición, la varío, porque pienso que eso se llama simplemente evolucionar y aprender. Lo que sí creo que es un error es pensar que si tú no opinas igual que yo entonces somos enemigos y voy a hacer cosas para ultrajar tu imagen y disminuir tu moral. Esas cosas me parecen poco adecuadas y poco cívicas, dentro y fuera de Cuba. Debemos darnos mutuamente todos los que participamos en este debate en el mundo el derecho no solo a divergir sino incluso a equivocarnos. A tenor de poder equivocarme lo que prefiero siempre es decir lo que pienso, recto y claramente, y eso es lo que hago.



