Por Mario Hechavarria Driggs.
La Habana, 30 de Julio.- La primera vez que escuché hablar de la
diferencia entre el uso de la fuerza y demostración de fuerza, fue
durante el caso del niño Elián González en el año 1997. Actuaba
un equipo especializado del FBI, que con impresionante profesionalidad
sacó al niño de la casa de sus parientes en Miami.
El alegato fue hecho por la entonces Fiscal General de los Estados
Unidos, Janet Reno, quien mostró fotos de la acción, demostrando
que los agentes federales actuaron conforme a la Ley y algo
más, no hicieron uso de la fuerza, solo una demostración de ella.
Efectivamente apareció un agente ataviado de tales medios de
combate que bien parecía un soldado de la Guerra de las
Galaxias, sin embargo, las fotos eran elocuentes: El dedo no estaba
sobre el gatillo de su arma, si no más allá, acariciando el arco
protector, o sea, no había orden de disparar, únicamente de intimidar.
Volvamos a la Cuba de hoy, sentémonos en un parque, usted puede
estar leyendo el periódico o conversando, de pronto un uniformado
del Destacamento Avispas Negras de la Policía, se le acerca
acompañado de un perro policía (sin bozal) y con estudiada cortesía
le pide sus documentos.
No hay trazas de delito, ni siquiera sospechas, pero están chequeándolo
con el apoyo de una fiera bien entrenada que no deja de
observarlo, mostrando sus colmillos. ¿Estamos ante el uso de la
fuerza o una demostración de fuerza?
Sin argumentos, nadie conoce de razones, simplemente: muéstreme
sus documentos y acompáñeme al carro patrullero. Cerca de allí
deambulan otros policías sin canes acompañantes…. Cualquier acción
puede ser un delito en la capital de todos los cubanos.
Después de realizar el control operativo, el Avispa Negra te entrega el
carnet de identidad con una orden: “Retírese de aquí si no quiere
tener problemas”. Entonces el perro policía comienza a ladrar con
ganas de morderte, para que no lo pienses dos veces.
A propósito, recuerdo una anécdota del juego arte, ciencia y lucha que
es el Ajedrez. Dos famosos contendientes se enfrentaban en la final
de un torneo, uno fumaba puros habanos y el otro detestaba,
hasta la alergia el humo del tabaco.
El fumador colocó un grueso Habano junto al tablero, encima de la
mesa, inmediatamente su contrincante llamando al árbitro reclamó:
Está prohibido fumar durante el partido. El juez, primero tímido,
respondió: No está fumando, pero el ajedrecista continuó; ahora no
lo hace, pero amenaza con hacerlo y usted sabe muy bien, que la
amenaza es peor que la ejecución.
En el caso del Ajedrez, el final fue feliz, pues retiraron el tabaco
de la mesa. En mi situación, no encuentro juez que me ayude a salir
de los perros policías y sus Avispas Negras uniformadas.
Qué triste es vivir bajo una Demostración de Fuerza.
Fuente: Hablemos Press/ La Habana