Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.
La Habana.- Los malos hábitos son tenaces: En
noviembre del 2011, bajo el título "Cobro de
los sacramentos en Cuba", publiqué y comenté
-en Hablemos Press- mi encuesta sobre 37 iglesias
y capillas que arrojó que en 16 de ellas
(el 43,24%) cobraban la misa de difuntos según una
tarifa, que suele ser de $1 peso por cada fallecido.
En unos casos, son condescendientes si no alcanza el dinero; en
otros, exigiendo la tarifa a raja tabla, y en todos, pecan de simonía,
pues es doctrina que los sacramentos no se compran.
Seguramente, el desconocimiento justifica a las oficinistas; pero, ¿para
qué están -obispos y sacerdotes- sino para enseñar lo que manda
la doctrina de la Iglesia, en vez de contradecirla con esa
orientación o hacerse ciegos y sordos a ello.
De esta práctica, informé personalmente -en el 2011- a mi párroco
Luis Alberto Formoso; telefónicamente, al párroco de Santa Rita,
José Félix Pérez Riera, secretario adjunto de la Conferencia de
Obispos Católicos de Cuba; al Secretario de la misma Conferencia
de Obispos, Monseñor Juan de Dios Hernández, con mensajes
en su contestadora que no obtuvieron respuesta, y al secretario del
canciller del Arzobispado, Monseñor Sánchez Polcari quien, complicado
por las procesiones no podía atenderme hasta la semana siguiente.
Informé públicamente, en Internet, a toda la Iglesia.
Ahora no es posible encuestar de nuevo a las iglesias, porque
quienes responden al teléfono están recelosos -ante otra consulta,
alguien me respondió: "No estoy autorizada para responder".
Pero la tarifa, ridícula siempre y ocasionalmente cruel, continúa.
Al solicitar misa -para mis difuntos- en el Buen Pastor de Jesús del
Monte, una buena señora, católica antigua que fue fiel en la
persecución -con quien en el 2009 debatí del cobro- contó con su lápiz
los nombres y, amablemente, me cobró:
"Son $10 pesos. Y estos apellidos no los van a leer, tiene que
poner el nombre y apellido". "Es que son amigos de familia que
conocí siempre por el apellido, no sé sus nombres, pero póngalos,
Dios los conoce." "Los voy a anotar, pero si no los leen ya sabe que
es por eso." -Bien- respondí.
De hecho, en las misas los leyeron; excepto uno, Sollozo, tal vez
alguien no entendió que era un apellido.
De la oración por el descanso de los difuntos que aúna, ante El Cordero,
a los que estamos para pedirle misericordia por los que no están, sacar
este "subproducto": La pedagogía de un cielo que cuesta el mismo
precio de un ticket para el cine, y si careces del peso, o, como en la
aduana, del nombre en regla, no entras a la función.
Creo que Dios no necesita papeleo para su Misericordia y le ruego la
tenga de los difuntos, de los dolientes escandalizados o mal instruidos
por peseteras cuentas de bodeguero y de los cobradores de la Gracia.
"Quien es fiel en lo poco es fiel en lo mucho". Si la espiritualidad
de nuestros obispos no alcanza a esa pequeñez ¿qué puede
esperar su rebaño de su alta política: el comercio en grande
con la Dictadura?