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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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En Cuba ya pululan los conversos

13-08-12 
Por Martín Guevara

"La última pregunta- me espetó el entrevistador (*)- ¿Cómo son las relaciones

actuales de Cuba con Estados Unidos?"

 

- Perdón, pero no me encuentro capacitado para responder eso- fue mi

respuesta y entonces el periodista pasó a otra última pregunta que guardaba

en la recámara.

 

Transcurridos unos minutos de terminada la entrevista me quedé pensando en

como habría podido aprovechar la cuestión para comentar aspectos de mi interés, acerca de los que puedo opinar sintiéndome a gusto. Pero esto me ocurre en la

vida casi con todo lo que expreso por medio de la voz. Si se me permitiese echar

la cinta atrás indefectiblemente siempre cambiaría algo, aunque fuese sólo

una coma, quizás con la salvada excepción de esos exabruptos que encajan perfectamente en las situaciones. Las maldiciones. Tal vez esta sea una de las

razones por las que prefiero manifestar mis pensamientos a través de la escritura,

la otra es no escucharme en mi tono ligeramente nasal.

 

Pensé que tal vez no pueda hablar de cifras y datos respecto de la actualidad de

los convenios, quizás no pueda dar fe de las transacciones y negociados entre

estos dos países más acostumbrados a las hostilidades que a la convivencia.

Quizás no pueda comentar el modo exacto en que se están comenzando a

fraguar las capitulaciones de los postulados, de los juramentos, del absurdo,

de la crueldad y de la tozudez en ambas orillas a lo largo de más de medio siglo;

pero sí que me habría gustado pasear mis apetencias e inquietudes en el viscoso

terreno de las suposiciones.

 

Me hubiese gustado dirigirme a los cubanos que desde hace un tiempo más

que prudente, vienen depositando su confianza en que tarde o temprano la

democracia occidental terminará por darle un merecido a los déspotas

que los enviaron al exilio,a las prisiones o al ostracismo, y advertirles que

se fuesen haciendo a la idea de que posiblemente los gobiernos de  las

potencias capitalistas entrasen en una creciente amnesia paulatina, en la

medida que también con la misma vertiginosidad atacase a la memoria de

la dirigencia cubana, compuesta de los mismos que combatieron a sangre

y fuego toda proximidad al capitalismo, a la democracia, a la sociedad

de consumo ( exclusivamente para los representantes del vulgo, mientras

en las familias de la dirigencia esas estrictas normas hallaban cierta

relajación). 

 

Sólo por preservar la salud, sería conveniente que tuviesen en cuenta al menos

que existe la posibilidad, ya no tan remota, de que al quitar las barreras que

al gran capital transnacional le ocasionaba severo malestar, al tiempo se

diluyan los rencores bajo el peso del mercado, y comience un repentino

romance entre los gobiernos occidentales y los mismos tiranos de

siempre de la isla, sin cambiar siquiera la fachada, sin arrojar el látigo al

abismo, sin pedir perdón por los desmanes, por los crímenes, por el

asfixiante abuso sobre los abusados.

 

Una vez que puedan instalarse sin trabas las transnacionales expropiadas en

el pasado o sus vástagos ¿para qué persistir en el enfrentamiento? Se dirán

unos a los otros: "Negocios son negocios, no había nada personal", harán borrón

y cuenta nueva.  En definitiva ¿quién está más apto para llevar los asuntos de un ministerio que alguien que ya tiene en su agenda los datos de todos sus

homónimos en el mundo? Y por otra parte ¿qué utilidad podrán tener todos

esos bregados luchadores por un mundo mejor, por justicia, por equidad e

igualdad de oportunidades, frente a un manojo de pusilánimes de escasísima

vergüenza que además de contar con la ventaja de una moral absolutamente

moldeable, tienen también las riendas de las fuerzas represivas? Por las dudas.

 

Yo me curaría en salud y recordaría por unos instantes quiénes fueron los

que comandaron los cambios nada más ni nada menos que en la

Unión Soviética, desde un Gorbachov y un Yeltsin, ambos dirigentes del

PCUS en sus regiones de nacimiento y cómplices de cuanta tropelía se

cometió bajo sus mandos cuando no responsables directos, hasta el ex agente

del KGB Putin, sin embargo cambios que resultaron abruptos y radicales, sin

el más mínimo rastro de alguna utopía socializadora de las riquezas, ni siquiera

de mínimas garantías para los ex adorados proletarios. Desde Occidente sólo

se les exigió que abandonasen sus posiciones políticas, no sus cargos. 

 

Sucede un tanto de lo mismo en Cuba. Esa especie de obsecuentes que

al autoproclamarse comunistas cuentan con prebendas y privilegios frente a

quienes piensan de otro modo o simplemente presentan algún grado de pudor,

y que han conformado en la práctica la totalidad de los burócratas en el poder

de los países socialistas, habrán sido cualquier cosa menos comunistas y a su

vez son quienes más daño han ocasionado a la percepción universal de dicho

disparate de sociedad dictatorial y por ende imposiblemente igualitaria, convenientemente disfrazada de clímax, de no va más, de súmmum de las

sociedades resumido en el principio marxista de:  "a cada cual según

su necesidad".

 

Cada amordazado, cada alcoholizado por la paranoia, cada reprimido, cada

preso, cada disidente, cada rockero, cada espíritu libre aprisionado, cada

exiliado, que pretenda que al cabo del gobierno de los gerontes hermanos,

una vez extintos los actuales parámetros socioeconómicos de gobierno de la

isla, tendrán acceso a dirigir la construcción de una nueva sociedad, no olviden

del todo el arte de resistencia y la persistencia, ni distraigan en la carretera

sus petates de eternos opositores, tal vez conserven su razón de ser.

 

Podemos observar como alfiles, caballos y torres de los aparatos del

establishment cubano ya se están aprovisionando a tiempo de pequeñas

anécdotas de diferencias con la dirigencia, asegurándose una parcelita paradisidente de cara al experimento venidero. Ya pululan conversos 

coroneles, ministros, cancilleres, todo tipo de lacra que en su momento se

emplearon con dureza contra quienes escuchaban en el malecón aGrand Funk Railroad aplicándoles una mancha en el expediente acumulativo que les

acomapañaría de por vida bajo la acusación de "diversionismo

ideológico" o de "desafecto" por escuchar a la recién hoy legalizada Celia Cruz después de cincuenta años, quien en vida no pudo regresar a su

país y cuyas canciones prohibieron ya que al parecer, su "Bemba Colorá"

incitaba a subvertir el orden, o bien a quien deseaba leer "Paradiso" de

Lezama Lima, literatura hippie o consumir cultura beat y ya con extrema

contundencia a quien se le ocurriese exigir su prometida porción de libertad.

 

De entre aquellos que oí decir a viva voz para ser escuchados en los cuatro

rincones: ¡Socialismo o muerte!, dudo que uno solo esté dispuesto a

morir por causa alguna que no sea el empacho de víveres, y menos

aún que alguna vez, ni siquiera en sus peores pesadillas hayan hecho el

más mínimo gesto de socializar algo propio.

 

Entiendaseme bien por favor, nada más distante que pretender que esas almas

repletas de un inquietante vacío sólo habitado por la pusilanimidad más abyecta, aguarden fusil en mano, ateridos y aterrados en la noche de la Sierra de El

Escambray, el intercambio de disparos que los ubique en el único extremo

posible hoy de su tan cacareado dilema; pero que al menos tengan el decoro

de dar un paso al costado y sólo levantar la mano cuando sea el turno de los arrepentimientos y las excusas.

 

Me temo incluso que llegará el momento en que para ciertos organismos de

poder occidentales que alientan desde afuera a la disidencia, personas como

Payá podrán pasar a representar una rémora, un incómodo testigo de la

carencia de toda ética.

 

Y aunque por supuesto todo esto deba permanecer en cuarentena al tratarse

de una premonición elaborada con ingredientes de mi propia huerta, sólo por

si en este caso la excepción de la regla me consagrara con el don del acierto,

no estaría de más que quienes han sido oprimidos por la tiranía se hiciesen a

la idea de una prolongada peregrinación en las antípodas. O como mínimo a

tener que compartir cama con los alacranes.

 

O quizás no haya dicho nada de esto cuando el periodista  me hizo lo que iría

a ser la pregunta del estribo, porque aún existe una tercera razón por la que

prefiero escribir lo que pienso en lugar de decirlo, es que hablando puedo

llegar a ser tan vehemente o por el contrario tan cínico que de ese modo

cobran varios enteros mis posibilidades de acertar en los presagios.

 

 

(*) El autor está haciendo aquí referencia a la entrevista en vivo que le realizó

este medio y en la cual respondió a preguntas enviadas por los usuarios de

Infobae América (vea el video).

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