Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
Por vozdesdeeldestierro.juancarlosherreraacosta.over-blog.es
"La última pregunta- me espetó el entrevistador (*)- ¿Cómo son las relaciones
actuales de Cuba con Estados Unidos?"
- Perdón, pero no me encuentro capacitado para responder eso- fue mi
respuesta y entonces el periodista pasó a otra última pregunta que guardaba
en la recámara.
Transcurridos unos minutos de terminada la entrevista me quedé pensando en
como habría podido aprovechar la cuestión para comentar aspectos de mi interés, acerca de los que puedo opinar sintiéndome a gusto. Pero esto me ocurre en la
vida casi con todo lo que expreso por medio de la voz. Si se me permitiese echar
la cinta atrás indefectiblemente siempre cambiaría algo, aunque fuese sólo
una coma, quizás con la salvada excepción de esos exabruptos que encajan perfectamente en las situaciones. Las maldiciones. Tal vez esta sea una de las
razones por las que prefiero manifestar mis pensamientos a través de la escritura,
la otra es no escucharme en mi tono ligeramente nasal.
Pensé que tal vez no pueda hablar de cifras y datos respecto de la actualidad de
los convenios, quizás no pueda dar fe de las transacciones y negociados entre
estos dos países más acostumbrados a las hostilidades que a la convivencia.
Quizás no pueda comentar el modo exacto en que se están comenzando a
fraguar las capitulaciones de los postulados, de los juramentos, del absurdo,
de la crueldad y de la tozudez en ambas orillas a lo largo de más de medio siglo;
pero sí que me habría gustado pasear mis apetencias e inquietudes en el viscoso
terreno de las suposiciones.
Me hubiese gustado dirigirme a los cubanos que desde hace un tiempo más
que prudente, vienen depositando su confianza en que tarde o temprano la
democracia occidental terminará por darle un merecido a los déspotas
que los enviaron al exilio,a las prisiones o al ostracismo, y advertirles que
se fuesen haciendo a la idea de que posiblemente los gobiernos de las
potencias capitalistas entrasen en una creciente amnesia paulatina, en la
medida que también con la misma vertiginosidad atacase a la memoria de
la dirigencia cubana, compuesta de los mismos que combatieron a sangre
y fuego toda proximidad al capitalismo, a la democracia, a la sociedad
de consumo ( exclusivamente para los representantes del vulgo, mientras
en las familias de la dirigencia esas estrictas normas hallaban cierta
relajación).
Sólo por preservar la salud, sería conveniente que tuviesen en cuenta al menos
que existe la posibilidad, ya no tan remota, de que al quitar las barreras que
al gran capital transnacional le ocasionaba severo malestar, al tiempo se
diluyan los rencores bajo el peso del mercado, y comience un repentino
romance entre los gobiernos occidentales y los mismos tiranos de
siempre de la isla, sin cambiar siquiera la fachada, sin arrojar el látigo al
abismo, sin pedir perdón por los desmanes, por los crímenes, por el
asfixiante abuso sobre los abusados.
Una vez que puedan instalarse sin trabas las transnacionales expropiadas en
el pasado o sus vástagos ¿para qué persistir en el enfrentamiento? Se dirán
unos a los otros: "Negocios son negocios, no había nada personal", harán borrón
y cuenta nueva. En definitiva ¿quién está más apto para llevar los asuntos de un ministerio que alguien que ya tiene en su agenda los datos de todos sus
homónimos en el mundo? Y por otra parte ¿qué utilidad podrán tener todos
esos bregados luchadores por un mundo mejor, por justicia, por equidad e
igualdad de oportunidades, frente a un manojo de pusilánimes de escasísima
vergüenza que además de contar con la ventaja de una moral absolutamente
moldeable, tienen también las riendas de las fuerzas represivas? Por las dudas.
Yo me curaría en salud y recordaría por unos instantes quiénes fueron los
que comandaron los cambios nada más ni nada menos que en la
Unión Soviética, desde un Gorbachov y un Yeltsin, ambos dirigentes del
PCUS en sus regiones de nacimiento y cómplices de cuanta tropelía se
cometió bajo sus mandos cuando no responsables directos, hasta el ex agente
del KGB Putin, sin embargo cambios que resultaron abruptos y radicales, sin
el más mínimo rastro de alguna utopía socializadora de las riquezas, ni siquiera
de mínimas garantías para los ex adorados proletarios. Desde Occidente sólo
se les exigió que abandonasen sus posiciones políticas, no sus cargos.
Sucede un tanto de lo mismo en Cuba. Esa especie de obsecuentes que
al autoproclamarse comunistas cuentan con prebendas y privilegios frente a
quienes piensan de otro modo o simplemente presentan algún grado de pudor,
y que han conformado en la práctica la totalidad de los burócratas en el poder
de los países socialistas, habrán sido cualquier cosa menos comunistas y a su
vez son quienes más daño han ocasionado a la percepción universal de dicho
disparate de sociedad dictatorial y por ende imposiblemente igualitaria, convenientemente disfrazada de clímax, de no va más, de súmmum de las
sociedades resumido en el principio marxista de: "a cada cual según
su necesidad".
Cada amordazado, cada alcoholizado por la paranoia, cada reprimido, cada
preso, cada disidente, cada rockero, cada espíritu libre aprisionado, cada
exiliado, que pretenda que al cabo del gobierno de los gerontes hermanos,
una vez extintos los actuales parámetros socioeconómicos de gobierno de la
isla, tendrán acceso a dirigir la construcción de una nueva sociedad, no olviden
del todo el arte de resistencia y la persistencia, ni distraigan en la carretera
sus petates de eternos opositores, tal vez conserven su razón de ser.
Podemos observar como alfiles, caballos y torres de los aparatos del
establishment cubano ya se están aprovisionando a tiempo de pequeñas
anécdotas de diferencias con la dirigencia, asegurándose una parcelita paradisidente de cara al experimento venidero. Ya pululan conversos
coroneles, ministros, cancilleres, todo tipo de lacra que en su momento se
emplearon con dureza contra quienes escuchaban en el malecón aGrand Funk Railroad aplicándoles una mancha en el expediente acumulativo que les
acomapañaría de por vida bajo la acusación de "diversionismo
ideológico" o de "desafecto" por escuchar a la recién hoy legalizada Celia Cruz después de cincuenta años, quien en vida no pudo regresar a su
país y cuyas canciones prohibieron ya que al parecer, su "Bemba Colorá"
incitaba a subvertir el orden, o bien a quien deseaba leer "Paradiso" de
Lezama Lima, literatura hippie o consumir cultura beat y ya con extrema
contundencia a quien se le ocurriese exigir su prometida porción de libertad.
De entre aquellos que oí decir a viva voz para ser escuchados en los cuatro
rincones: ¡Socialismo o muerte!, dudo que uno solo esté dispuesto a
morir por causa alguna que no sea el empacho de víveres, y menos
aún que alguna vez, ni siquiera en sus peores pesadillas hayan hecho el
más mínimo gesto de socializar algo propio.
Entiendaseme bien por favor, nada más distante que pretender que esas almas
repletas de un inquietante vacío sólo habitado por la pusilanimidad más abyecta, aguarden fusil en mano, ateridos y aterrados en la noche de la Sierra de El
Escambray, el intercambio de disparos que los ubique en el único extremo
posible hoy de su tan cacareado dilema; pero que al menos tengan el decoro
de dar un paso al costado y sólo levantar la mano cuando sea el turno de los arrepentimientos y las excusas.
Me temo incluso que llegará el momento en que para ciertos organismos de
poder occidentales que alientan desde afuera a la disidencia, personas como
Payá podrán pasar a representar una rémora, un incómodo testigo de la
carencia de toda ética.
Y aunque por supuesto todo esto deba permanecer en cuarentena al tratarse
de una premonición elaborada con ingredientes de mi propia huerta, sólo por
si en este caso la excepción de la regla me consagrara con el don del acierto,
no estaría de más que quienes han sido oprimidos por la tiranía se hiciesen a
la idea de una prolongada peregrinación en las antípodas. O como mínimo a
tener que compartir cama con los alacranes.
O quizás no haya dicho nada de esto cuando el periodista me hizo lo que iría
a ser la pregunta del estribo, porque aún existe una tercera razón por la que
prefiero escribir lo que pienso en lugar de decirlo, es que hablando puedo
llegar a ser tan vehemente o por el contrario tan cínico que de ese modo
cobran varios enteros mis posibilidades de acertar en los presagios.
(*) El autor está haciendo aquí referencia a la entrevista en vivo que le realizó
este medio y en la cual respondió a preguntas enviadas por los usuarios de
Infobae América (vea el video).
Eclipse Next 2019 - Alojado por Overblog