Eso me explicó el Embajador de la UE en Cuba, Herman Portocarrero,
quien nos recibió tras su último viaje a Europa. Fue una conversación
informal con el objetivo de darnos un pantallazo sobre el nuevo
escenario de las relaciones entre La Habana y Bruselas.
El diplomático asegura que es posible tener una relación normal con
Cuba y que esta surgirá de una negociación bilateral. Solo la
preparación para sentarse a la mesa será de unos 6 meses y conseguir
un acuerdo tardará al menos 1 año y medio más.
Me asegura que el nuevo enfoque de la UE se corresponde con los
cambios y reformas que hay en la isla. Cree que un acuerdo le
permitiría apoyar a Cuba en temas como la seguridad alimentaria, la
modernización económica, impuestos o microcréditos.
Le llama la atención "la libertad de expresión que existe en el campo
económico porque el primer paso siempre es abrir un espacio de debate
y nuestra esperanza es que se abran otros espacios intelectuales para
debatir los asuntos sociales".
Pero mientras se discute, Europa mantendrá la Posición Común. De todas
formas, Portocarrero dice ser optimista y menciona que la UE tiene hoy
buenas relaciones con países con los que la separan fuertes
diferencias en el campo político.
Esta idea me despierta la duda sobre por qué no hay una Posición Común
para naciones como Arabia Saudita, por ejemplo. Me responde que "Cuba
por razones históricas y políticas tiene alta visibilidad y es un país
que siempre destaca".
Pongo cara de no entender la explicación y entonces me cuenta que la
UE funciona en base a un consenso de los Estados miembros y "en varias
capitales europeas, como en EEUU, Cuba es un asunto de política
nacional". Ya comprendo un poco más.
Entre los temas más difíciles para el consenso está el de los DDHH,
"tenemos diferencias pero hay que buscar asuntos donde haya intereses
comunes. Por ejemplo, verlos como un todo, con las libertades públicas
y también los derechos sociales".
Entre los europeos hay personas interesadas en invertir y habrá más en
base a una reforma económica que abra nuevas posibilidades y dé mayor
seguridad. "Este país va a necesitar proyectos importantes de
infraestructura pública, de energía, etc.", me dice.
Pero hay también una visión geopolítica de Bruselas, "nos importa la
estabilidad de la región caribeña, donde varios países de la UE tienen
intereses, incluso territorios. El interés de todos es que el futuro
de Cuba sea pacífico y que se mantenga la estabilidad".
Agrega que "todo el mundo (en Latinoamérica) está satisfecho de que
hayamos dado este paso" porque Cuba se involucra cada vez más en la
región, con el CELAC es más que obvio. Así el dialogo con La Habana
podría ser también un mensaje para el resto del continente.
Haciendo historia le hago notar una rara coincidencia: cuando EEUU
aprobó la Ley Helms Burton, la UE adoptó la Posición Común e
inmediatamente después La Casa Blanca se comprometió a no sancionar a
las empresas europeas que inviertan en Cuba.
Le digo que en política no hay coincidencias. Se ríe y me responde que
eso puede ser cierto en Cuba pero entre Bruselas y Washington a veces
sí las hay. Me recuerda que la UE se opone a cualquier medida
extraterritorial y así lo expresa en la ONU.
"Nosotros defendemos un modelo de sociedad, no somos un imperio, a
nuestra forma somos idealistas, no pretendemos controlar a nadie sino
compartir nuestras experiencias y aconsejar a la sociedad cubana para
un futuro próspero".
Portocarrero me asegura que a pesar de las graves dificultades
económicas que atraviesa Europa, su modelo de sociedad de bienestar
sigue siendo una tercera opción "que permitiría (a Cuba) salvar los
logros de la Revolución".
BBC MUNDO