Por Mario Hechavarria Driggs/
Hablemos Press.
La Habana, 11 de Julio.- Dijo
José Martí, un antiimperialista de pura
cepa: “El sol tiene manchas, los
desagradecidos hablan de las
manchas, los agradecidos hablan de
la luz”.
Si la democracia existe, al menos
en Estados Unidos está el primer ejemplo.
Tierra segunda de José Martí a la hora de forjar el camino
hacia su propia identidad nacional. Ningún otro país
le ofreció la tranquilidad necesaria para planificar y
realizar su proyecto independentista.
Recuerdo a los Rough Riders de Teddy Roosevelt combatiendo en
las lomas de San Juan junto a nuestros mambises, conquistando
al fin la ansiada independencia, negada durante tres décadas
por la obstinación hispánica. La guerra estaba ganada, dicen los
ibros, pero sin la intervención norteamericana duraba tal vez diez
años más.
Se habló siempre mal de los yanquis en Cuba, de una enmienda
Platt votada finalmente por los constituyentes cubanos con datos
divididos, 16 a favor y 11 en contra, apéndice constitucional
definitivamente eliminado por otro célebre Roosevelt, Franklin
Delano, en 1934.
¿Qué esperamos del norte? ¿La solución de nuestros problemas?
Pues no será así; en la filosofía norteamericana cada cual debe
resolver sus asuntos, lo que es demostración cabal de
independencia. Sin embargo, Cuba sigue atada a los rusos, a
Venezuela, China etc. etc. en fin, un país nada independiente.
Los norteamericanos de Bush, declarados en la extrema
derecha estadounidense, vinieron a darnos una mano con libre
comercio de alimentos, después de varios huracanes que
destrozaron al país. Nadie habló mal entonces, con los huevos,
los cuartos de pollo y hasta las manzanas que entonces inundaron
nuestras tiendas, pagadas aquí en dólares convertidos a pesos.
Durante varias décadas Cuba ha comprado cientos de millones de
dólares en alimentos, directamente importados del mercado
norteamericano. Se demostró que tal comercio era posible,
necesario, pero con la regulación de pagar, algo al parecer
no muy comprensible por el gobierno cubano de entonces.
Sin Internet, lejos de las comunicaciones globales propias
de esta modernidad, a nosotros negada, Estados Unidos ofreció
puertas, ventanas, aires nuevos, apadrinando cualquier intención
pacífica loable, de intercomunicación con el mundo exterior. Los
acusaban de intervencionistas cuando en la práctica nos permitían
conocer la realidad fuera de nuestras fronteras, marcadas por
el inmenso mar.
Ahora el gobierno de Raúl Castro, presionado por la actitud
de los americanos, abrió una pequeña brecha ante Internet.
De muchas maneras se la debemos a nuestros vecinos del
norte, tan recriminados por la política oficial.
Vivimos del dinero enviado desde Estados Unidos. Las últimas
estadísticas hablan de dos mil seiscientos millones de dólares
en un año, dinero cash, sin costo alguno, financiando
las reformas económicas que actualmente se realizan,
avanzando lentamente hacia el capitalismo, en vida de los
líderes que crearon un mundo interior totalmente opuesto
a la nueva realidad.
Como se sabe, y nada se comenta en la prensa oficial de
mi país, el gobierno de Obama flexibilizó el envío de remesas,
permitiendo el actual flujo de dinero efectivo desde USA hacia
Cuba. No conozco declaración orgullosa del gobierno cubano
contra esta sencilla acción, nada divulgada, pero más efectiva
que miles de cuartillas impresas o páginas formateadas
en las redes digitales.
Verdaderamente, si miro la historia, desde los últimos doscientos
años, no hay americanos muertos en mi país a
consecuencia de enfrentamientos con nosotros, tampoco cubanos
liquidados en guerras con los gringos. Reto a cualquier especialista
si desea mostrar nombres de cientos, al menos decenas de
combatientes caídos de ambas partes en combates comunes.
Esto es todo un Big Show, creado por la propaganda
contraria al restablecimiento de relaciones históricas que
deben ser normales, buenas, como corresponde a vecinos de
larga data histórica. Nunca olvido la Joint Resolution del 19 de
abril de 1898, cuando el Congreso de los Estados Unidos ratificó
que “Cuba debe ser y de derecho es libre e independiente.”
