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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Exiliado cubano en España: no me doy por vencido

17-04-12

Por Ricardo González Alfonso

Ricardo González Alfonso es poeta y escritor, empezó a trabajar para la prensa independiente de Cuba en 1995, fundó la premiada revista De Cuba y una

asociación de periodistas en La Habana y luego se desempeñó como reportero independiente y corresponsal en Cuba para Reporteros Sin Fronteras

images--2--copia-3.jpg 

Existen realidades desesperantes que convocan a la esperanza. No se trata de

un juego de palabras, porque con el hambre y el porvenir, propio y familiar, no

se juega. Se trata de adentrarse en otra versión de las circunstancias. De ver

el arco iris donde otros contemplan un sol triste y una llovizna tozuda,

impertinente.

 

Esta declaración de optimismo la escribo ahora que el gobierno de España

ha retirado la ayuda financiera que nos venía proporcionando cuando, a partir

del verano del 2010, y procedentes de las cárceles cubanas,  llegamos

desterrados un grupo de ex prisioneros de conciencia; y otros de coincidencias,

o no.

 

Porque ahora, cuando una crisis económica -incomparable con la catástrofe cubana- se apodera de nuestra situación, y nos hallamos sin trabajo, es que

tenemos que empinarnos sobre el llanto contenido y la oquedad de la billetera.

Al menos yo, por dignidad, me niego a que mis lamentos propicien el júbilo de

la tiranía que desgobierna  a mi país.

 

Comprendo, y trato de hacer comprender, que nuestras circunstancias difieren de

la de otros desempleados. Los emigrantes de otras nacionalidades tienen la

opción de retornar a sus respectivos países, nosotros no. Un español a quien

han dejado en la calle, busca y halla apoyo en algún pariente. En cambio, nuestras familias se hallan sufriendo las mismas necesidades.

 

Además, una pregunta nos llena de incertidumbre: ¿no existe un presupuesto

de laUnión Europea para estos casos? También sería justo recordar que, de

acuerdo a lo establecido en el documento firmado en La Habana por cada uno

de los ex presos, la ayuda se extendería hasta 24 meses en caso de

vulnerabilidad económica, período que no se ha vencido ni siquiera en

el caso de los primeros que arribamos a Madrid, y no de 18 meses como

expresan  diferentes medios.

 

No obstante, las penurias de hoy, por duras que sean, y lo son, no deben amedrentarnos.Basta recordar un día en una prisión cubana para no

quejarse de las dificultades del presente, y luchar para que el futuro se

llame victoria.  No es preciso obrar un milagro humano y contemporáneo.

Basta con no olvidar, con soñar un porvenir posible, y realizarlo.

 

Cuando arribamos a España la mayoría del pueblo nos acogió con la proverbial hospitalidad ibérica. Entonces, como parte de ese grupo de ex prisioneros

de conciencia, y al igual que mis compañeros, expresé mi agradecimiento. Pero

muchos sectores de la prensa lo omitieron. Al parecer la gratitud no es noticia.

 

Este recibimiento inicial tal vez fuese un acto recíproco, consciente o inconsciente,

con la hospitalidad que el pueblo cubano brindó a esos españoles, austeros y laboriosos, que emigraron a Cuba antes y durante aquellos años difíciles para

España en las décadas del 30, 40 y 50 del siglo pasado.

 

Siempre la solidaridad es hermosa. Pero la que nos han ofrecido los españoles

resulta mayor, por la cuota de sacrificio adicional que implica dada la crisis actual

que padecen - y padecemos - con esa secuela de desempleos que se prolonga y extiende con la vocación de las pandemias.

 

En mis años de prisión política siempre empleé el arma - o mejor, el alma - imbatible

del humor y del optimismo; y ahora, que enfrento los rigores del exilio, no renuncio

a ese antídoto contra el mal rostro ante el tiempo adverso. Por eso comparto con

estas palabras y una sonrisa mi condición de desempleado.

 

"Un hombre puede ser destruido, pero no vencido", escribió Hemingway

  en El Viejo y el Mar.  Esta frase posee una vigencia eterna. Pero en estos

momentos de un modo especial para los hombres y mujeres sin empleo,

nacionales o emigrantes, quienes a veces sentimos maltrecha la fe; mas no

nos rendimos, y buscamos veredas, trillos, atajos laborales para sobrevivir.

 

Claro, hay de todo en la viña del Señor, y en lo que no es su viña. Pero sobre todo

admiro la tenacidad de ese cantinero emergente, universitario o no, que sirve una

copa y una sonrisa de vino. A ese albañil diestro - gallego o catalán, asturiano o vasco, madrileño o andaluz, es igual - que se convierte en barrendero o cuida a un anciano,  mientras sin cucharín y sin plomada edifica los sueños de su porvenir.

 

Me maravillo ante el valor de una licenciada en economía, o de una tendera o

secretaria, que limpia un piso ajeno, mas con la ilusión bella y propia de los

inmigrantes.

 

Me emocionan esos concertistas que han tenido que cambiar un teatro por una

esquina del metro; y que son, por ejemplo, músicos que ejecutan un concierto

para violín y música grabada (esa modalidad de orquesta contemporánea y portátil),

y dejan fibras de sus espíritus sensibles en nuestras almas en paro; o quienes

con una quena nos hacen sentir que Los Andes son una prolongación de Los

Pirineos, o a la inversa.

 

Son hombres y mujeres con el entusiasmo invicto, con la esperanza ilesa. Todos

con la victoria  al filo de la mirada. Todos como simientes en espera de su día fértil. Todoscomo Quijotes que se sobreponen a la crisis, aunque sea tan gigantesca

como los molinos del hambre.

 

Por eso, por compartir su (de)suerte con mi (de)suerte, agradezco al pueblo

español su acogida y su ejemplo. Porque yo, señores, que también tengo de

Quijote, no me doy por vencido, a pesar de ver tantos y tantos molinos en

mi horizonte.

 

Fuente: Comité para la Protección de Periodistas
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