La única manera de sobrevivir tanto tiempo en el poder ha sido por medio de la negociación, las cartas con que juega Fidel Castro son vidas humanas, no ha tenido ningún empacho en entregar al altar de los sacrificios incluso a sus amigos y más cercanos allegados, por ello no me extraña que en este justo momento esté negociando la entrega de Diosdado Cabello a las autoridades norteamericanas, para ser sacado del país y juzgado por sus crímenes; sus compañeros de armas, en mano de la DEA, están acusándolo como el hombre bisagra entre la narcosubversión y las Fuerzas Armadas venezolanas.
Si Fidel traicionó a su amigo y colaborador, el comandante Huber Matos, hizo desaparecer al legendario Camilo Cienfuegos, y al mismísimo Che Guevara lo vendió para ponerse en las buenas con el régimen soviético, que consideraba al Che un peligro para su plan hegemónico... si dejó en el esterero al coronel Francisco Caamaño Deñó, en su intento por hacer la revolución en República Dominicana, al general Arnaldo Ochoa, héroe de la guerra en Angola, a quien mandó a fusilar para probar que no tenía nada que ver con ciertos extraños manejos de su régimen... si traicionó y mandó a asesinar al presidente Salvador Allende en Chile ¿no va entregar a Diosdado?, ¡si ni siquiera le cae bien!
La pregunta es ¿qué pide a cambio? Lo que los expertos dicen es que Fidel, que está próximo a partir de este mundo, le pidió al gobierno norteamericano que frene las inversiones de los cubanos en la Florida, que represe ese dinero hasta que él ya no esté en la isla (lo cual será en breve), ya que esos dólares lo van a tumbar, y para pasar sus últimos días entre angustias y sobresaltos, bien vale la entrega de la ficha fuerte en Venezuela.
Fidel sabe que su hermano Raúl, quien le sobrevivirá por algunos años, se amoldará a los cambios, no ha cometido mayores crímenes (cree él) y está dispuesto a negociar con quien venga.
Probablemente Diosdado, una vez en manos de las autoridades gringas, negocie a su vez la entrega del "paciente inglés", quien espera con temor la traición de cualquier lado, la pregunta surge entonces, ¿por qué no ir directamente por el trofeo mayor?
Para las autoridades norteamericanas el asunto es práctico, no de principios, Diosdado es el hombre operativo, el que debe tener todos esos expedientes enterrados en algún lugar, el que conoce todos los nombres, los montos, las cuentas, los movimientos... Diosdado, aunque se encuentra al borde de un ataque de nervios, goza de buena salud, es joven; el otro ya está inmovilizado y cada vez más solo, el tiempo se encargará de su destino, las ruedas de la justicia internacional, que conocen de su caso, se mueven lentas pero seguras, el resultado final lo conoce todo el mundo, pero Diosdado es más útil en manos de un fiscal en la Florida, que suelto haciendo "política".
Para un observador independiente este proceso se ha degradado de manera fascinante, en una red de delaciones y acusaciones, de señalamientos y aclaratorias, ya nadie confía ni en su sombra, el gran truco del poder del régimen sobre sus asociados, el de ser complaciente con los crímenes de sus delfines, mientras eran parte del Gobierno, para montarles un expediente y amenazarlos con hacerlo público si no hacen lo que se les ordenaba, ha dado la vuelta completa, ahora el proceso de extorsión es el gran juego, es un todos contra todos, y el árbitro, resulta ser el imperio.
Diosdado ya sabe que los cubanos le tienen medidos los pasos, lo vigilan las 24 horas al día, vale demasiado para dejarlo por su cuenta y que cometa locuras, es sólo cuestión de tiempo para que el G-2 cubano lo aprese, lo monten en un avión y lo entreguen en cualquier isla o país centro americano.
Ni Fidel, ni Chávez, importan ahora; la revolución bolivariana se encharcó de la peor de las mugres, la de codicia, la del dinero mal habido, la de la vanidad y la cobardía... los revolucionarios puros de corazón solo ven con horror y asco lo que sucede en el país y se sienten culpables de haber contribuido a este lamentable espectáculo. Lo que queda del circo son los payasos y el saltimbanqui, sin saber en dónde esconderse, y las fieras abandonadas, dándose dentelladas entre ellas, asustadas, muy asustadas.
Debido a estas extraordinarias circunstancias, te propongo, Diosdado, que hables con Henrique Capriles y le pidas cacao, una tregua... no hace falta que lo apoyes, simplemente, con que hagas entender a tus seguidores que la lucha por el poder es inútil, que ya es tiempo de ir a las duchas y tomar un descanso, que ya basta de tantas tropelías, con este solo gesto podrán tener un futuro en tu propio país.
Eso sí, me expulsas de inmediato a todos esos cubanos, por tu propio bien; hazlo ahora, sin aviso y sin protesto, sería un gesto que te pondría en otro nivel. Estoy seguro de que, si sigues mi consejo, Henrique te ofrecerá una rama de olivo y podrás dormir en paz.
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