22-12-2011
Con la desfachatez que le es característica, el gorila bolivariano Hugo Chávez tuvo el tupé de cuestionar al Congreso Nacional, institución democrática de un Estado soberano como el Paraguay, por obstruir su pretensión de meterse irregularmente al Mercosur para destruir el proceso de integración regional desde sus propios cimientos. En su intransigente autoritarismo, el megalómano líder caribeño es incapaz de darse cuenta de que no es con denuestos como logrará sumar apoyos a su causa, sino demostrando más respeto con la democracia y la libertad del atribulado país al que subyuga.
En Montevideo, el descarado Chávez dijo que los legisladores paraguayos que se oponen a ratificar su ingreso al Mercosur son parte de “un pequeño grupo (…) con intereses inconfesables”, y que él ha “tenido una paciencia sin límites al respecto”. Son expresiones que resultan verdaderamente descaradas e irrespetuosas por el alto grado de actitud amenazante que contienen. En efecto, ¿qué es lo que puede sucedernos a los paraguayos cuando a él se le agote la “paciencia? ¿Nos amenazará con guerrearnos, como en su momento lo hizo con otros países de Sudamérica?
En su delirio, agregó que “hay muchas infiltraciones de manos peludas, manos viejas, haciendo de todo para dividirnos”. En realidad, las únicas “manos peludas” que existen en todo este intrincado asunto son las de él, que están haciendo trizas a la pobre Venezuela y volviendo imposible la vida de los sufrientes venezolanos.
En efecto, no son sus manos sino sus “garras peludas” las que persiguen a sus adversarios políticos, impidiéndoles presentarse a las elecciones, como el caso del joven político opositor Leopoldo López, o forzándolos a marcharse al exilio, como sucede con su contrincante y ex candidato presidencial Manuel Rosales, quien actualmente se encuentra refugiado en Perú. Les teme en elecciones democráticas limpias; por eso los suprime de cualquier competencia.
En esto, Chávez es exactamente igual que el tirano Alfredo Stroessner, quien también les cortaba la cabeza a todas aquellas figuras políticas promisorias que pudieran hacerle sombra, como sucedió al comienzo de su nefasto régimen con Epifanio Méndez Fleitas, luego con otros líderes colorados y, por último, con opositores como Domingo Laíno. Este último puede muy bien hacer una comparación de lo que él sufrió con lo que están pasando López y Rosales.
¿Cuál si no otra que la “garra peluda” del inventor de ese engendro denominado “bolivarianismo socialista del siglo XXI” fue la que ordenó el cierre de 34 radioemisoras, clausuró en el 2007 el canal Radio Caracas Televisión (RCTV), hostiga constantemente a Globovisión, el último canal independiente de Venezuela, y adopta medidas de censura contra los diarios?
Si el gorila Hugo Chávez dejara de acosar a sus oponentes, permitiera el retorno de los exiliados y la liberación de los presos políticos, dejara de gobernar Venezuela por decreto, permitiera que las cámaras legislativas funcionaran normalmente en el marco de un transparente y libre juego democrático, reconociera los derechos de las minorías, cesara de combatir la propiedad privada y pusiera fin a la tenaz persecución contra la prensa, el obstáculo que impide a Venezuela ingresar al Mercosur sería inmediatamente removido.
Como se ve, sería sumamente fácil para Hugo Chávez entrar al Mercosur. Bastaría que se comprometa a respetar lo que establece el primer artículo de la Cláusula Democrática contenida en el Protocolo de Ushuaia, donde se declara de manera solemne que: “La plena vigencia de las instituciones democráticas es condición esencial para el desarrollo de los procesos de integración entre los Estados Partes”.
Pero no lo hace ni lo va a hacer, entre otras cosas, porque los otros “socios” del bloque le perdonan todo tipo de atropello a la democracia y la libertad de los venezolanos. Todo se lo justifican con tal de continuar siendo candidatos a seguir recibiendo los muchos beneficios que caen día a día de su abultada faltriquera. Entonces, ni se acuerdan que fuimos nosotros mismos, Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, los integrantes del Mercosur, los que hace trece años y medio proclamamos a los cuatro vientos que una “condición esencial” para participar en el proceso de integración con nosotros es, justamente, asegurar la “plena vigencia de las instituciones democráticas” en cada país miembro o aspirante a serlo.
Por lo visto, nuestros socios se olvidaron de lo que firmaron y ahora solo los encandilan los petrodólares del Presidente venezolano. Tal vez los precisan para seguir recibiendo “maletines” con fondos negros para sus campañas políticas, o para instalar refinerías, o para seguir recibiendo prebendas de todo tipo. Total, Hugo todo lo puede, no tiene que rendirle cuentas a nadie en Venezuela, él gobierna por decreto y su palabra es ley. Con la Constitución en la mano. ¡Caradura!
Sea como fuere, el gorila bolivariano debe tener bien claro que de nadie más que de él depende que el camino de ingreso al proceso de integración regional quede totalmente expedito en el Congreso paraguayo. Cuando respete la hoy pisoteada institucionalidad de su país, no tendrá que encontrar más cabezas de turco a las que endilgarles el infortunio que él mismo se creó a fuerza de violentar la libertad y mancillar a la democracia. Está en sus manos modificar, para bien, la realidad de Venezuela y acceder así, por una vía legítima, SIN PAGAR NADA, al bloque de países democráticos que ahora precisa desesperadamente para superar el creciente aislamiento internacional en que su despótico régimen se encuentra.