
Los testimonios que por teléfono me dieran Ramón Rodríguez y su hijo Rolando de lo que está viviendo Néstor Rodríguez Lobaina en una sala de penados del hospital provincial de Guantánamo fueron muy fuertes.
La noticia de la muerte de mi abuela María horas después me dejó incapaz de componer para hoy un post coherente y preciso como ustedes se merecen.
Mi dulce María descansa en paz y sé que Dios la acogerá en su seno como debe ser. Pero con Néstor no se qué ocurrirá mañana. No quiero creer que otro hombre cubano, mestizo y eterno defensor de los derechos humanos en Cuba ya esté dando los primeros pasos por el mismo sendero que transitó Orlando Zapata Tamayo.
