Por Ernesto Aquino Montes/ Hablemos Press.
La Habana, 28 de noviembre.- El 16 de noviembre, en el barrio de
Sabana Nueva, en Bayamo, fueron convocados los campesinos
de esa localidad para acometer la reparación de un camino intransitable
que resulta ser el único que permite el acceso a la pequeña comunidad.
Los residentes del lugar fueron animados por Roberto Infante
Espinosa, un residente en los Estados Unidos -de visita en Cuba-,
quien proporcionó ayuda solidaria para contribuir a la rehabilitación de
dicho camino, afectado durante años por el abandono y la indiferencia
de las autoridades gubernamentales.
Uno de los problemas de mayor gravedad -ocasionado por el
deterioro extremo de la superficie del terreno-, consiste en el
impedimento del acceso al barrio de los diferentes medios de transporte
que tienen a su cargo el suministro de alimentos; sobre todo,
los de consumo diario como la leche y el pan.
Maikel Pérez, un residente del lugar, describió la jornada solidaria con
una mezcla de júbilo y frustración: “Los vecinos, cogimos tres carretones
y lo cargamos de piedra y de tierra santa, (una tierra de color
blanco conocida también como cocoa) y entre todos, rellenamos los
huecos y emparejamos la superficie de tal forma que quedó como un
plato”.
“Los materiales utilizados -continuó el lugareño- se obtuvieron de
los propios recursos del terreno; sólo tuvimos que redistribuir la tierra
y las piedras que se amontonaban en algunas partes irregulares
de los alrededores del camino que debíamos reparar; fue una muestra
de lo que puede lograr el esfuerzo cuando se pone al servicio del
bien común”, -concluyó.
Otro de los vecinos de la zona, que participó en la jornada de
trabajo comunitario independiente, y que prefirió no ser
identificado, comentó: “Consideramos una bendición que Roberto
Infante Espinosa -residente en los Estados Unidos- se encontrara en
nuestra comunidad visitando a su familia; fue él quien nos
animó, contagiándonos con sus buenos deseos; se portó como
uno de nosotros -continuó emocionado el testimoniante-; de sus
propios recursos proporcionó ayuda para que hiciéramos un almuerzo,
¡y todo el tiempo estuvo pegado con nosotros!
El 16 de Noviembre, fue un día de júbilo que tal vez el cansancio de
la extenuante jornada no les haya permitido disfrutar a plenitud;
sin embargo, esa sería toda y la única alegría que tendrían para
recordar, porque al día siguiente, 17 de Noviembre, las autoridades
del gobierno, enteradas de aquel “crimen ciudadano” se presentaron
en el lugar, con una moto niveladora, y auxiliados por efectivos de la
Policía Nacional bajo las órdenes de la seguridad del estado procedieron
a la total destrucción de la pequeña carretera.
Uno de los oficiales de la policía política, satisfecho del extraordinario
acto de barbarie -digno de los días de gloria de Genghis Khan-, les
vociferó Las “razones revolucionarias” para tomar aquella medida: “Aquí,
no se hace nada con dinero de los yankis ni de los mercenarios”.
Y punto.
Maikel Pérez, durante su testimonio, calificó esta acción de las
autoridades como un absurdo histérico destinado a aplastar todo
vestigio de raciocinio y civilización.
“Nosotros sabemos la causa que motivó toda esta agresión -nos
aclaró-; resulta, que en la zona de Buey Arriba -por la parte de las
minas-, nadie asistió a las elecciones; a mí, por ejemplo, como no
fui a votar me trajeron un grupo de respuesta rápida con la presidenta
del comité al frente, y me hicieron un acto de repudio; me golpearon
y arrestaron, y me mantuvieron preso durante tres días a la salida
de Santiago; como puedes ver, el precio que tenemos que pagar, por
no aceptar la mentira, es alto”. -y mientras acompañaba una lágrima
de firmeza poniéndose una mano sobre el pecho, concluyó: “Pero
nosotros, tenemos el corazón lleno de verdad, justicia y amor, y
donde la tiranía sólo puede rodar por tierra, nosotros tocamos el cielo.