Por Rodolfo Noda Ortega/
Hablemos Press.
LA HABANA, 16 de septiembre.
En las esquinas del poblado
de Santiago de las Vegas, en
el municipio Rancho Boyeros,
al pie de los postes del tendido
eléctrico, se acumulan las
bolsas de basura.
No existen los contenedores
necesarios para verter los
desperdicios que se desechan
diariamente.
Las javas de nylon hacen montaña hasta que llega el tractor que
hala la carreta o el camión recolector de la empresa Comunales.
La deficiencia en este servicio a la higiene ambiental aumenta el
número de roedores y mosquitos, lo que incide en el incremento
de enfermedades como la lectopirosis y otras aún no erradicadas
en Cuba.
Este pueblo, en las afueras de la capital, casi todo el año
llueve. Durante un aguacero las calles se convierten en ríos que
arrastran los desperdicios, dejando una estela de suciedad, portando
virus, bacterias que se propagan en la localidad. Cuando el río
suena….. bolsas trae con el hedor que contamina los pulmones
de los vecinos.
Las autoridades sanitarias no intervienen hasta que aparece la
epidemia. No sólo se arroja basura en sacos; también arrojan
escombros, envases de metal y cartón; animales muertos como
gallinas, palomas y otros, sacrificados por los creyentes Yoruba.
Hace más de veinte años que los recipientes para desechos no
se ven. En las esquinas se acumulan los residuos de todo lo
que eliminan los ciudadanos. Si un poste tiene la dicha de
tener luminaria, se verá la pirámide de los desperdicios en
la noche.
Santiago de las Vegas sufre el “fatalismo geográfico” desde 1975,
cuando el gobierno le quitó su condición de municipio. De un poblado
limpio y organizado -en su gestión de limpieza-, pasó a ser otro
sucio y olvidado rincón de los tantos que sigue generando la
ineficiencia del socialismo.
