Gobierno teme cambio de ideas con la nueva Ley de Inversión Extranjera
Por: FRANK LÓPEZ BALLESTEROS
2-4-2014
Satanizada por años como el "pulpo imperialista enemigo del desarrollo de Cuba", la inversión extranjera y los empresarios son ahora la primera opción y única esperanza del Gobierno de Raúl Castro para impulsar la economía.
La aprobación de la Ley de Inversión Extranjera por el Parlamento, el pasado sábado, arrastra varios desafíos desde el punto de vista económico -por lo atrasado del modelo comercial de la isla y por las sanciones de EEUU-, pero al régimen también le inquieta el efecto ideológico que pueda generar en la sociedad cubana.
Por las calles de La Habana transita una sociedad hastiada de un modelo caduco que oprimió la iniciativa privada pero que a partir de 2008, cuando Castro comenzó a levantar los controles, se volcó a la iniciativa particular resucitando a una clase media con ideas un tanto hostiles al socialismo.
El ministro de Inversión Extranjera y Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca, asomaba los peligros de una "subversión ideológica" que podría tener efectos sobre el país a partir de ahora, por lo que llamó a estar atentos ante ese "nuevo frente".
La entrada de capitales foráneos es vista por parte de la élite económica (los militares) como urgente, mientras un sector ortodoxo de la dirigencia del Partido Comunista teme que esos avances arriesguen los pilares ideológicos del sistema.
Al interior del país "se culpa del fracaso de los planes de inversión a las empresas estatales ineficientes", matizaba el economista cubano Pavel Vidal, quien reconoce que en la isla la población está consciente de los atrasos del modelo y la necesidad de la apertura.
Un desarrollo favorable de la nueva ley permitirá una cierta independencia laboral, y aunque el Gobierno mantendrá sus controles sobre la prensa, los debates serán al interior de cada negocio, de cada espacio donde el poder censurador es cada vez más difícil de ejercerse.
El Gobierno se ha trazado la meta de atraer a inversionistas cubanoamericanos residentes en EEUU, la ufanada "gusanera", como los bautizó Fidel Castro en el pasado, lo que podría convertir a este confeso sector anticastrista en los impulsores de esa batalla ideológica.
Sin que esto se traduzca en un eventual quiebre del sistema socialista, por las fortalezas del monolítico régimen, será una prueba para quienes buscan equilibrar economía de mercado al estilo chino, con la ortodoxia marxista caribeña.
El Gobierno estima que el PIB se aceleraría al 6,3% en 2015 y 6,7% en 2016, como consecuencia del shock de inversiones, advierte Vidal.
No obstante, el mayor escollo de los burócratas cubanos con la nueva ley será el entramado legal del embargo estadounidense, lo que no exime a Washington de que también sea un reto para su dirigencia.
Con sus leyes, las sanciones impiden a estadounidenses y cubanos residentes invertir en la isla, prohíben a subsidiarias de compañías norteamericanas comerciar con Cuba y sanciona a empresas extranjeras que operan en EEUU por hacer negocios con La Habana.
Fuente: El Universal