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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Jesús y el Che ante el odio

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Solo una sociedad sin odio puede reencontrar paz y reconciliación. ¿Seremos capaces de sanar el odio?

Por: RAFAEL LUCIANI
1-3-2014
En 1967 el Che Guevara explicaba en su mensaje a los pueblos del mundo (Tricontinental) que un revolucionario debía optar por «el odio como factor de lucha, el odio intransigente contra el enemigo que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar». Y matizó: «nuestros soldados tienen que ser así».

Aquel joven lleno de ilusiones por la construcción de un mundo más humano, había cambiado. Ya no era el amor al pobre lo que lo movía, sino un deseo sin medida por conquistar el poder político e imponer su ideología revolucionaria. Para el Che, «un pueblo sin odio no puede triunfar», por lo que debe esforzarse en «impedir [al enemigo] tener un minuto de tranquilidad; y hacerlo sentir una fiera acosada». Así «su moral irá decayendo».

¿Cómo es posible que una persona que predicó ideales nobles y justos, pasara a ser como uno de esos victimarios que tanto criticaba? ¿Cómo pudo justificar la muerte de inocentes en nombre de una ideología y ser arrastrado por el deseo del poder político en sí mismo? Aún más, ¿cómo pudo promover ese vil sentimiento que desfigura a lo humano?

El odio comporta una dinámica psicológica de autodestrucción que convierte a la víctima en victimario, alimentando resentimientos y envidias sociales. Pero no es una fuerza natural en los seres humanos. Tiene su origen en decisiones personales que traicionan a los ideales más nobles en prácticas viles e irracionales. Ante el odio es necesaria una conversión personal.

¿Es posible sanar el odio? Sí. Un ejemplo lo encontramos en las primeras comunidades cristianas que viviendo clandestinamente y padeciendo persecuciones y torturas, nunca respondieron a sus agresores con la misma moneda. No se convirtieron en victimarios. Entendieron que la cólera y el odio eran equivalentes a matar (1Jn 3,15), y que el odio se da tanto en quien humilla con palabras como en quien asesina (Mt 5,21ss). Odiar es renunciar a tener una calidad de vida como la divina (1Jn 2,11).

No basta con saber que tenemos que cumplir con preceptos morales como «no robarás» o «no matarás». Es necesario aprender a arrancar de nuestros corazones toda forma de violencia, como la agresividad, el desprecio y los insultos. Hay que sincerar los verdaderos deseos que se esconden detrás de nuestras palabras (Mc 7,15) para reencontrar el camino que nos lleva a la vida.

Jesús reconoce, con sinceridad, que siempre habrá enemigos, gente que nos hace mal, pero invita a amarlos (Lc 6,27-36). ¿Por qué? Amar a aquellos que tenemos por enemigos no significa que les demos afecto. Significa que «no actuemos como ellos», que no nos convirtamos en victimarios. En otras palabras, es un llamado a «detener» el odio, para que no alimente nuestros deseos, palabras y acciones. Solo una sociedad sin odio puede reencontrar paz y reconciliación. ¿Seremos capaces de sanar el odio?

Doctor en Teología
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E
Soy hijo de un comunista. El odio es la plataforma de operación de los rojos, por lo que su propio color es violencia, es sangre. Las mentes débiles, son las victimas más apetecibles de los<br /> dirigentes comunistas. Los niños guerrilleros de Colombia. Los niños adoctrinados en los bloques del 23 de Enero en Caracas. Los niños pioneros en Cuba. Todos, son llevados por mentes retorcidas a<br /> seguir los dictados de cualquier loco que se cree un líder mesiánico. El fin de todo esto, es matar. El culto a la personalidad, para mantener encerrados en la cárcel de sus cuerpos a seres<br /> humanos, tal como sucedió en la extinta URSS, en Corea del Norte, en Cuba y recientemente en Venezuela, donde algunos fanáticos siguen adorando a un muñeco de cera. El odio llevó a que se fusilaran<br /> a cantidades de personas en Cuba (los tiranos que aún viven, esperan por un infierno, su turno para pagar sus asesinatos. El odio, ese que sembró el Che, está presente cuando los esbirros cubanos<br /> golpean, torturan y encierran a opositores de los tiranos antillanos. Peligrosamente, los orcos del Mar de la Felicidad, están en Venezuela, para repartir entre los manifestantes, su ración de odio<br /> y muerte y los traidores del gobierno de Venezuela hablan de soberanía. Pienso que una forma de escapar de ese odio, será convirtiéndose al cristianismo, si las mentes les dan para eso…
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