
Angélica Mora
Florida
Apuntes de una Periodista
Está comprobado que Raúl Castro, al igual que su hermano, le gusta jugar con los sentimientos del pueblo.
El amor a la familia, arraigado en cada cubano, le permite hoy al Dictador II recibir el oxígeno que tanto necesita a través de las remesas de dinero enviadas por el exilio.
La diáspora proporciona esta ayuda, quizás en una forma de aliviar su conciencia ante todo lo que se tiene, mientras que sus seres queridos padecen en la Isla la falta de lo más indispensable.
Y no es solamente el familiar cubano el que puede apuntalar la tambaleante economía de los Castro. El presidente Obama, dispuso que se permita a cualquier estadounidense enviar remesas de entre 500 y 2.500 dólares a personas que no sean familiares en Cuba para “apoyar la actividad económica privada”.
Se estima que con esta "limitación" el dinero no llegará a "oficiales o miembros ejecutivos del Partido Comunista Cubano".
La ingenuidad es aplastante. Ese dinero va a pasar de la familia que lo reciba y lo gaste, directamente a las paupérrimas arcas del Régimen.
La orden de Obama señala que este alivio monetario "fomentará la sociedad civil y el libre flujo de información en Cuba".
¿No sería mejor buscar un apoyo efectivo a la desguarnecida sociedad civil y la disidencia en general y exigir que el Régimen permita el libre flujo de información a través de los canales ya dispuestos de internet, por ejemplo?
Cualquiera otro alivio -especialmente el incremento de los viajes de estudiantes, académicos y científicos estadounidenses que gastarán los codiciados dólares- no ayudará a fomentar un entorno favorable a la democracia en la Isla, porque sencillamente, no hay voluntad de hacerlo por parte de la Cúpula gobernante.
Por eso reducir las restriciones es sólo prolongar el nefasto mandato de los Castro, que ya dura más de medio siglo