Por el desastre económico que ha provocado en Venezuela, por el hostigamiento y la intimidación que acostumbra ejercer contra la oposición y la prensa independiente, por su apoyo diplomático a los regímenes más criminales del mundo, el modelo bolivariano ha venido perdiendo el prestigio internacional que tuvo en sus inicios.
La erosión del atractivo de la línea bolivariana quedó de manifiesto en el ostensible distanciamiento ideológico del presidente peruano Ollanta Humala.
Antes de la campaña electoral que lo llevó al poder en julio de 2011, Humala solía ofertarse como el Hugo Chávez del Perú. Sin embargo, a partir de esa campaña ha adoptado una retórica y una línea político-económica más bien socialdemócrata, similar a la de Lula en Brasil y Michelle Bachelet en Chile.
Humala hubiera podido hacer como Chávez, es decir, enarbolar principios democráticos a fin de ganar las elecciones y luego, una vez en el poder, desenvainar pulsiones dictatoriales e instaurar una política económica basada en acosos sistemáticos al sector empresarial.
Pero Humala tuvo la lucidez de mirar a su alrededor y comparar la debacle de la economía venezolana con la solidez económica de Brasil y Chile, al igual que la del propio Perú. Esos países han obtenido avances significativos en la disminución de la pobreza y la desigualdad social al mismo tiempo que, gracias a la aplicación de políticas acordes a las leyes del mercado, y a diferencia de lo que ocurre en la Venezuela bolivariana, logran mantener un crecimiento económico sostenido y promover la expansión de sus sectores agrícola e industrial y la diversificación de sus exportaciones.
Otro indicio del desgaste de la vía bolivariana proviene de Nicaragua, país gobernado por un Daniel Ortega que, como buen chavista, intenta a toda costa perpetuarse en el poder. No obstante, sin un maná petrolero que despilfarrar, y sacando lecciones del descalabro de la economía venezolana, ha optado por reajustar su política económica para congraciarse con el capital nacional y extranjero.
El viraje de Ortega en el campo de la política económica es sacado a relucir por la revista The Economist en su artículo "Ortega se transforma en capitalista: Buscando alternativas a Venezuela"[1].
Súmese a esto las vicisitudes que está atravesando la Argentina a causa de errores similares a los que han hundido a la economía venezolana (congelamiento de precios, control de cambios, demonización del sector empresarial), y se tendrá una comprensión cabal del por qué el modelo económico bolivariano ha cesado de deslumbrar.
También en el campo diplomático el eje bolivariano ha perdido el ascendiente de sus inicios. Esto quedó patente en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA (CIDH), en la que los países del ALBA fracasaron en su tentativa de restringir la capacidad de dicha Comisión de buscar financiamiento extra-estatal. El objetivo del ALBA era hacer depender a la CIDH de los aportes gubernamentales y así mermar su autonomía.
El rechazo de tan funesta iniciativa fue calificado por el representante de la ONG Human Rights Watch de "triunfo por goleada de los países democráticos", añadiendo que los miembros del ALBA quedaron "absolutamente aislados"[2].
El desprestigio del modelo bolivariano se extiende cada vez más.
Así, en su último informe anual, la ONG Transparencia Internacional clasifica a Venezuela como el país más corrupto de América Latina.
Por otra parte, en la reciente sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la Venezuela bolivariana ostentó el bochornoso privilegio de haber sido el único país que se opuso (sin éxito) a la renovación del mandato de la comisión que investiga las atrocidades perpetradas por el régimen sirio. Venezuela se disoció igualmente de otra resolución –adoptada a unanimidad en aquel foro– que crea una comisión encargada de investigar las violaciones de derechos humanos y eventuales crímenes contra la humanidad perpetrados en Corea del Norte. Venezuela fue también uno de los dos países que se opusieron, sin éxito una vez más, a la prolongación del mandato del experto que investiga los abusos cometidos por el régimen iraní.
Todo esto llevó al prestigioso diario ginebrino
Le Temps a publicar un artículo al respecto bajo un título nada elogioso: "Venezuela asume el papel de estorbo en el Consejo de Derechos Humanos (de la ONU)" [3].
Y mientras el modelo bolivariano ve esfumarse su influencia internacional, ¿qué dice el catapultado presidente Maduro? Pues bien, en uno de sus acostumbrados brotes de delirio, después de haber atribuido la elección del Papa a la intercesión de Chávez ante Jesucristo, después de denunciar complots imaginarios sin aportar pruebas, después de prometer sin poder cumplir el embalsamamiento de su fallecido líder, Maduro se atreve a afirmar, a propósito del aura de Chávez en el exterior: "Yo sí puedo hablar de la pasión y el amor desbordado que generaba donde llegaba".
Eso se llama tapar el sol con un dedo... o pretender engañar a todo un pueblo.
f.fiallo@ymail.com [1] "Ortega goes capitalist. Looking for alternatives to Venezuela", The Economist, 27-08-2011.
[2] Video: "La reunión de la OEA fue un triunfo por goleada para los países democráticos", El País (Madrid), 26-03-2012.
[3] "Le Venezuela prend le r le du g neur au Conseil des Droits de l'Homme", Le Temps (Ginebra), 25-03-2013.