Por Jaime Leygonier/
Hablemos Press.
La Habana.- Cuba fue el
séptimo país del mundo,
y el primero en América
Latina, en tener ferrocarril
(1837) por iniciativa
de hacendados habaneros,
antes que España y bajo su
poder colonial que la
frenaba; pero bajo los Castro,
los ferrocarriles son un
servicio deficiente, y
destruyen su patrimonio
histórico.
El desarrollo del ferrocarril
en Cuba, como el de muchas industrias, iba de la mano con el
azúcar, comunicando a los Centrales con las plantaciones de caña
y los puertos. Esta industria fue desmantelada por orden de Fidel
Castro al cesar la molienda del 2003-2004.
Sus herederos intentan restablecerla, pero por bancarrota estatal,
carecen de recursos para inversiones.
A quienes en 1902 inauguraron el Ferrocarril Central, les habría
asombrado saber que en el siglo XXI los trenes de pasajeros de La
Habana a Santiago de Cuba (distantes 897 kms.) llegarían con doce
horas de retraso.
Antes de "la Revolución" (1959), eran un medio de transporte cómodo.
En los años 40 y 50 las locomotoras a vapor fueron sustituidas
por las Diesel, y paralelamente se desarrolló un eficiente
transporte automotor.
Las locomotoras del siglo XIX continuaron en servicio para los
centrales azucareros, y las eternizó el estancamiento de la economía
a partir de la Dictadura. Hasta fines del siglo XX, y aún en La Habana
, era posible ver rodando a esas piezas de museo.
Al Poder no se le ocurrió venderlas para comprar nuevas, y dejó
destruir antiguas que valían su peso en oro; muchas sobrevivieron,
gracias a su recia fabricación y a quienes las reparaban.
El empeoramiento de todo el transporte puede marcarse desde 1970,
el "Año de la zafra de los diez millones" (de toneladas de azúcar),
imitación por Fidel Castro de "la doctrina del gran salto" de Mao Zhe
Dong y que, como aquella, desquició la economía en un esfuerzo tan
ingente como inútil.
Si antes había empeorado, desde entonces se hizo desastroso; con
noches de espera en bancos de las terminales; demora, transportes
sucios, sanitarios rotos, roturas en la vía y horario anárquico.
El Gobierno no supo aprovechar las vías férreas habaneras
para los pasajeros de su capital, como propuso en los años
80 un viceministro de transporte, que cayó en desgracia por
contradecir a Fidel Castro cuando éste fantaseaba con un metro
como el de Moscú.
En los años 70, rechazó una propuesta japonesa de construir un tren
rápido, según fuentes oficiales que piden no ser identificadas.
El desmantelamiento de los centrales dejó como ballenas varadas
a unas 200 locomotoras.
En el 2004, por iniciativa del historiador de La Habana, Eusebio Leal,
quien no sabe Historia, pero sí sacarle dólares a la Historia), 80
locomotoras fueron declaradas por el Estado "patrimonio histórico
nacional", pero hasta hoy no las han pintado ni cubierto con techo
o lona, cuando requieren vidrieras y climatización.
La misma falta de progreso que conserva edificios y objetos
de valor histórico, porque hace imposible sustituirlos por nuevos,
impide su conservación.
Ejemplos: La UNESCO nombró en 1982 Patrimonio de la Humanidad
a La Habana Vieja, el Gobierno se vanaglorió atribuyendo a su
cuidado lo que causó su incapacidad constructiva y hoy se
derrumba matando moradores.
Y el amontonamiento de estas locomotoras, en un terreno baldío
ubicado en Amistad y Dragones, cerca del también deteriorado
Capitolio Nacional, y en el Museo del Ferrocarril, antigua
estación de Villanueva.
Tanto en el parqueo como en el Museo (zona de inundaciones), estas
joyas se oxidan, expuestas a la intemperie en la cercanía del mar y
de la bahía de La Habana. En un programa de televisión plantearon
que las están trasladando todas al Museo y que las restaurarán.
Pero, ¿cómo sobrevivirá patrimonio alguno cuando la patria
parece locomotora rota que desguazan para chatarra los mismos
que nos prometían conducirla al desarrollo?