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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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La «diplomacia del ping pong»: 40 años de los peloteos que cambiaron el mundo

 

Se celebra el viaje de jugadores de tenis de mesa estadounidenses al entonces aislado régimen de Mao que reinició los lazos entre las dos potencias
Día 12/07/2011 - 10.45h
 

EFE-Pekín

 

Con actos deportivos e institucionales, China y EEUU celebraron el 40 aniversario de la «diplomacia del ping pong», el viaje de jugadores de tenis de mesa estadounidenses al entonces aislado régimen de Mao que reinició los lazos entre las dos potencias y cambió el mapa internacional en los 70.

Algunos de los jugadores chinos que disputaron estos partidos en abril de 1971 viajaron la semana pasada a EE.UU. para jugar la revancha con sus colegas estadounidenses en lugares como San Francisco, ciudad donde el actual alcalde, Ed Lee, de padres chinos, designó al 5 de julio como «Día de la Diplomacia del Ping Pong».

Todo comenzó, recuerda uno de los jugadores de tenis de mesa de esa época, Xi Enting, cuando en el Mundial de Ping Pong de Nagoya (Japón) de 1971 un jugador estadounidense, Glenn Cowan, subió al autobús del equipo chino (algunos dicen que por curiosidad, y otros que por error).

«Zhuang Zedong (el mejor jugador de la época) y Cowan se intercambiaron unos regalos, y al día siguiente, de repente, todos los periódicos y televisiones hicieron de esta anécdota algo muy grande», recuerda Xi, quien también estaba en ese autobús.

En la conversación entre ambos, la tradicional cortesía china se impuso al miedo mutuo -en esa época los chinos construían refugios antinucleares por si eran atacados por Washington- y Zhuang invitó a Cowan a viajar a China.

Invitación de Mao

Esta invitación no parecía tener muchos visos de prosperar en un momento en que los Guardias Rojos chinos atacaban cualquier signo de apoyo a Occidente, y de hecho las autoridades de Asuntos Exteriores en Pekín, al leer las noticias de la «invitación», declinaron en principio extenderla oficialmente.

Sin embargo, cuentan que la anécdota llegó a oídos del máximo líder chino, Mao Zedong, quien decidió tomar en serio la broma e invitar a una delegación de palistas estadounidenses.

Era un momento en el que el entonces presidente estadounidense, Richard Nixon, se había mostrado partidario de restablecer los lazos con China tras más de 20 años de ruptura.

Nueve jugadores y jugadoras estadounidenses, acompañados por algunos de sus cónyuges y cuatro directivos del deporte, llegaron a China cruzando el puente de Hong Kong a Cantón, pocos días después del encuentro en el autobús de Nagoya.

Icono de la historia

Los simbólicos partidos se disputaron en el Estadio de la Capital, un edificio en el noroeste de Pekín que décadas después ha sido remodelado para acoger el voleibol en los JJOO de 2008. «Los espectadores trataron bien a los jugadores estadounidenses, sentían mucha curiosidad por ellos», cuenta Xi.

Los estadounidenses, algunos de ellos con largas melenas e indumentarias «hippies» propias de la época, causaron furor en un Pekín donde todo el mundo vestía el traje Mao, cuando visitaron el Palacio de Verano o la Gran Muralla.

El equipo incluso fue recibido por el primer ministro Zhou Enlai, mano derecha de Mao, quien en una cena en honor de los estadounidenses aseguró que los deportistas «habían abierto un nuevo capítulo en las relaciones de los pueblos chino y americano».

La visita también fue importante porque propició la entrada de periodistas norteamericanos a China, lo que permitió a Occidente ver fotos de un país entonces cerrado al exterior, similar a la Corea del Norte de hoy en día.

La diplomacia del ping pong, pequeño icono de la historia norteamericana -muestra de ello es que aparece en la película «Forrest Gump», que a través de anécdotas repasa la segunda mitad del siglo XX-, abrió las puertas a la visita secreta a China, tres meses después, del secretario de Estado Henry Kisinger, y, un año después, a la de Nixon.

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