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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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La Fuerza de la palabra para romper la inercia: Por Lic. Yusmila Reyna Ferrera

Directora APLOPRESS

Santiago de Cuba, 20 de abril del 2012 – La aseveración de que la sociedad cubana está en una inercia no es del todo cierta. En las personas ocurren cambios a diario por rígida que sea una sociedad. En su lucha para sobrevivir en Cuba se producen múltiples escenarios: unos evadiendo el control administrativo,  otros el policial, algunos ingeniándoselas para montar y mantener un negocio, otros rompiendo el bloqueo informativo para conocer de los diferentes enfoques de los acontecimientos mundiales, algunos llegan a expresar sus ideas sin ataduras, las mujeres y los que tiene que inventar dale de comer diario de la familia y todos en su conjunto crean un dinamismo de evolución y cambios, que no siempre se perciben, pero modifican el comportamiento humano.

La falta de grandes movilizaciones políticas o de movimientos sociales en defensa de los derechos civiles hace sostener la tesis de que en Cuba no pasa nada. Sin embargo, esta opinión se sustenta tomando en cuentas los escenarios políticos de otros países, donde el descontento popular se manifiesta mediante las prácticas universalmente reconocidas como las manifestaciones públicas. Al no producirse sistemáticamente y de forma masiva esta forma de expresión del descontento popular en Cuba, conlleva a pensar que todos están de acuerdo de la forma en que viven. Por esa razón el sistema de represión y coerción social diseñado por los regímenes totalitarios controlan desde sus inicios las iniciativas de cualquier tipo de expresión, antes de que lleguen a esa masividad desencadenante de una explosión social, que pudiera demandar cambios estructurales en el sistema.


El sistema hábilmente crea una dependencia a las decisiones de las autoridades en el poder, que modelan el comportamiento ciudadano. A este fenómeno de intereses creados pudiera llamarse auto represión adquirida.   La falta de una propuesta motivadora por parte de la oposición y su incapacidad de imponer las reglas del juego, o al menos crear presión política que implique un alto costo social, hace que la oposición cubana no tenga poder de convocatoria. Dentro del contexto de la oposición incluimos no solo los movimientos netamente políticos, sino todas las manifestaciones de la sociedad civil, por las características totalitarias del régimen.

 

El miedo en Cuba en su máxima expresión es real, pues existe la pena de muerte a discreción, pero además de eso el costo económico y social, vinculante a la posición política fue y es atroz. No obstante el régimen tiene la capacidad de renovar los mecanismos del miedo. Con mucha sabiduría Ernesto Hernández Busto dice en su artículo “La brecha” que: “La sociedad cubana de hoy, nos guste o no, es más plural que hace cinco años, sobre todo en las coartadas para seguir mirando con recelo a la oposición, para no reclamar derechos de representación política o mantenerse en una parcela de silencio e indiferencia ante el fermento disidente. Antes no se protestaba por miedo, o por el consabido resabio nacionalista de ‘no dar armas al enemigo’. Ahora, además, muchos cubanos callan o no se involucran porque prefieren defender sus incipientes intereses económicos (aun al margen del Estado), sus recién adquiridas propiedades con visos de legalidad, su práctica profesional, su vida de creador con prestigio subvencionado, sus permisos de viaje y todas las cuotas que el poder permite, por ejemplo, a los artistas, o a otros estamentos que consideran el status quo menos arriesgado que el hipotético escenario de una “Cuba nueva”, más libre que la actual”.

Toda sociedad por su naturaleza es heterogénea política y socialmente. Por tanto es heterogénea en sus intereses, así que eso no puede tomarse en cuenta para catalogar a nuestra oposición y la incipiente sociedad civil de fragmentadas. La búsqueda de la llamada unidad es un mecanismo ‘distraccionista’, que solo hace perder el enfoque de la acción necesaria y desgastarse en algo que no se puede lograr. La unidad de propósito - desmontar al régimen totalitario – ya existe, y con eso es suficiente. Las estrategias y métodos, ya son otras cosas.   

La causa y efecto de nuestra situación política son complejas. Más que justificar, desmentir o polemizar al respecto, sería más fructífero dilucidar cómo llegar a tocar las fibras de la mayoría de la población cubana para que salga de la apatía, indolencia, indiferencia y desgano respecto al estado de violencia gubernamental en que se desarrolla su cotidianidad.

Sin intentar suplantar todas las acciones estratégicas de los diferentes grupos y organizaciones opositoras, el Centro de Estudios Estratégicos para la Democracia Proactiva, “José Ignacio García Hamilton” en Santiago de Cuba propone valorar lo siguiente:

El poder de la palabra ha sido por siglos un instrumento de educación para las grandes mayorías, de conocimiento o/y reconocimiento de las amplias potencialidades del ser humano para resolver situaciones de crisis, pero también ha sido un medio  de dominación de los hombres más avezados  sobre los que no lo son, con fines personales o sociales. La historia recoge elocuentes nombres: Cicerón, Jesús Cristo, Julio César, Espartaco, Martin Lutero, José Martí, Juan Pablo II, Nelson Mandela, Fidel Castro, etc. Entonces, por qué no aprovechamos esta experiencia, que no necesita de recursos materiales o financieros para llevar el mensaje de nuestra realidad a todos  los que circundan nuestro radio de acción: amigos y supuestos enemigos. Todos, conforman el pueblo cubano. Naturalmente, es más fácil  comenzar por nuestros familiares y amigos, luego con nuestros vecinos, conocidos ocasionales, etc. Con sólidos argumentos, y eso nos sobra a los cubanos, podemos neutralizar hasta nuestros adversarios y represores políticos.

Lo principal es romper las barreras comunicativas, igualándonos a su sufrimiento, que en realidad es el mismo nuestro. Haciéndoles ver las causas de sus carencias y desarraigos, pero sin dejarnos llevar por el odio o el resentimiento hacia los que nos oprimen, sin exceso de verbalismo o palabras que el gobierno ha satanizado como: “cambio”, “derechos humanos”, “libertad”, etc. que más que atraer al pueblo, lo espantan. Incluso el uso de frases de rechazo al régimen como “Abajo Fidel y Raúl Castro, Abajo la Tiranía y similares se nos vuelven contraproducentes,  diluyen la convocatoria y desaniman la solidaridad ciudadana.

El libro “Obtenga el Sí” de los autores norteamericanos Roger Fisher, William Ury y Brucce Patton justifica nuestra teoría, que tenemos que evitar todos los factores que contribuyan con el atrincheramiento de nuestros oponentes. Elementos a tener en cuenta son las condiciones reales de la alimentación, el transporte, los salarios, las viviendas, los medicamentos, las infraestructuras urbanas: acueducto y alcantarillado, etc. Pedir respuesta y ofrecer soluciones son tareas proponentes, que el oponente moralmente no puede justificar.

Sabemos que la tarea es un tanto difícil, porque nuestra oposición no asume estos cuestionamientos como parte de su estrategia de lucha. Sin embargo, principalmente su liderazgo, tiene que interiorizar estos términos como su principal doctrina, para romper la inercia y ganar respaldo popular. Y a sabiendas que contra notros conspira un factor determinante y casi imposible de enfrentar: la salida del país por ser perseguidos políticos, incluso muchas veces de los más preparados.

La fuerza de la palabra es innegable, usémosla como estrategias y hagamos uso de la riqueza léxica de nuestro idioma español. Pero usémosla como mensaje, como diseminación de la verdad objetiva, ya que el diálogo como estrategia se ha prostituido por las posiciones de fuerza del régimen.   

Los opositores tenemos que reconsiderar nuestro papel de víctimas, al priorizar las denuncias sobre los atropellos a los que nos someten las autoridades, porque con ello podemos potenciar el miedo y amedrentar nuestra propia familia, cosa que los servicios de inteligencia aprovechan para neutralizar nuestro activismo.

Tenemos que valorizar nuestra causa, exponiendo nuestra experiencia personal en la defensa de los reclamos sociales para romper el miedo. Hay que crear confianza de que se tiene derecho a un futuro mejor y que lo que defendemos es lo justo. Hay que poner en perspectiva la razón moral de nuestra causa, solo así podremos enfrentar la pérdida de amigos, compañeros de trabajo y hasta familiares por hacer público nuestros ideales.       

Dilucidemos entre todos, nuevos puntos convocantes, motivaciones sociales y los potenciales participantes para lograr que nuestra población se indigne y nos siga. Comenzando siempre por hacerles ver los responsables de sus problemas diarios, problemas que sabemos tararean desde que se levantan. No tenemos la varita mágica para suplir sus carencias ipso facto,  pero si tuviéramos el poder de gestión administrativo sí que los resolveríamos. Siempre tratando de persuadirlos con nuestras propuestas.

La palabra se refuerza cuando el ponente aporta datos. Eso demuestra que es una persona bien preparada. También es una manera de neutralizar a los ideólogos del oficialismo y poner a los interlocutores a nuestro favor. Los escenarios pueden ser múltiples: el colegio, la “esquina caliente en pelota, las colas, sala de espera en terminales de ómnibus y ferroviarias, hospitales, etc. Por tanto, en el debate político se puede compartir con el pueblo, siempre que sepamos abordar el tema con inteligencia.

Las circunstancias políticas en Cuba para el 2012 no son las mismas de décadas atrás. Por tanto, mostremos al pueblo un nuevo enfoque de nuestra realidad, o quizás las mismas cosas que ofrecen los medios oficialistas de comunicación, pero con un análisis lógico diferente, tanto de la realidad interna como externa.

La oposición debe retomar su papel histórico, representando las inquietudes sociales. En eso estriba su papel de convocatoria, no como sustitutos de la administración estatal, sino como su alternativa.

Se necesita empoderar el activismo social, para que el pueblo visualice su realidad, que hoy le parece normal: falta de alimentos, ropas, zapatos, ingresos económicos, medicinas, etc. Y lo que es peor, no poder hablar sin hipocresía y sin poder participar activamente en las decisiones más importantes del país.

Tenemos que forzar el juego político, para que el debate comience a apreciarse como normal. Que la oposición y ser opositor no se visualice como un delito y que es parte del espectro social del país. La palabra, combinada con el método idóneo de la persuasión: la argumentación sean las armas idóneas en esta llamada “batalla de ideas” que no es más que la gran batalla por la democracia.

Se trata de hacer lo que hasta ahora no hemos hecho o logrado. No se pueden hacer cosas nuevas con conceptos viejos. Empecemos poco a poco a romper la inercia, con la fuerza de la palabra.=

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