Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
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Reconstruyeron la vida de Ana Belén Montes, condenada por espiar
al Pentágono durante 17 años. Es la funcionaria estadounidense de
mayor rango en recibir esta acusación
Ana Belén Montes, nieta de asturianos que emigraron a Cuba y Puerto
Rico, donde nació su padre, el psiquiatra militar Alberto Montes, no
fue una espía cualquiera. Le cabe el honor de ser la funcionaria
estadounidense de más alto rango acusada de espionaje en la
historia de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA, por sus
siglas en inglés) en el Pentágono, donde la catalogan de "maestra
de espías".
Su privilegiada posición, a cargo de los asuntos militares cubanos, le
facilitó el acceso a secretos militares que compartió con sus jefes de la
Inteligencia cubana. Incluso preparó informes para el gobierno de Bill Clinton
en los que le restó importancia al posible peligro del castrismo para
Estados Unidos.
Nacida en una base militar de la ex Alemania del Este en plena Guerra Fría,
Montes pasó los primeros años de su vida en Europa. Más tarde su padre fue
trasladado a Kansas, donde se formó en distintos colegios militares y
selectos internados, lo que le facilitó, años más tarde, un puesto en
el Pentágono.
Según un testimonio de una de sus amigas de la universidad, Montes era
una fuerte crítica de la política estadounidense hacia Latinoamérica
y, por esas épocas, incluso abrazaba la causa sandinista.
“No quería ser estadounidense, pero lo era”, dijo Ana Colón en un
reportaje para The Washington Post, quien además compartió con ella
un viaje a España.
Según una investigación del diario El País, durante su meteórica carrera,
Montes recibió gratificaciones en metálico y 10 reconocimientos
especiales a su labor, entre ellos un certificado especial que le entregó
el entonces director de la CIA George Tenet, en 1997. Los cubanos
también premiaron a su mejor alumna con una medalla, un símbolo
privado que Montes nunca pudo llevarse a casa.
Cuando Montes terminaba su jornada en la DIA, comenzaba su segundo
empleo en su apartamento de Macomb Street, en Cleveland Park. Nunca se
arriesgaba a llevarse un documento a casa. Lo que hacía era memorizar con
gran detalle lo que leía durante el día y luego reproducir documentos
enteros en una portátil. Noche tras noche, durante años, vertió documentos
de máximo secreto en disquetes baratos.
Según ella misma contó en su declaración frente a los investigadores, los
cubanos le enseñaron incluso a fingir ante el detector de mentiras. Se
desconoce si fue gracias al truco –que consistía en contraer estratégicamente
los esfínteres-, pero lo cierto es que Montes pasó el detector de mentiras
de la DIA en 1994, cuando ya llevaba un decenio espiando en el Pentágono.
Montes fue descubierta 10 días después de los ataques terroristas del 11 de
septiembre de 2001 y fue más tarde condenada a 25 años de cárcel por
espiar a favor del gobierno de Fidel Castro, lo que habría hecho durante
17 años, casi todo el tiempo en momentos en que fue empleada de la DIA
del gobierno de Estados Unidos.
Su hermana Lucy y su hermano Tito son agentes del FBI. Aunque
ambos tuvieron temor de perder sus empleos luego de la sentencia a su
hermana, Lucy contó a The Washington Post que ella no se sorprendió
cuando le informaron del arresto de Ana Belén y la describieron como
una espía del gobierno de Cuba. “Lo creí de inmediato”, dijo Lucy, quien
fue premiada por el FBI por traducir informes de inteligencia de los cinco
cubanos que fueron condenados por espionaje en 2001, en Miami.
En el mismo reportaje, Lucy, que es la única miembro de la familia que ha
aceptado hablar con la prensa, afirmó: “No estoy de acuerdo con lo que
parecen pensar muchos amigos suyos, que lo que hizo tiene una buena
excusa, ni puedo entender por qué lo hizo, ni pienso que este país
actuara mal. No tiene nada de admirable”, dice Lucy.
De 56 años, Montes cumple actualmente el décimo año de condena
en la cárcel federal de Fort Worth, donde el gobierno estadounidense
mantiene a las prisioneras “más peligrosas”.
La “Reina de Cuba”, como la apodaban en la DIA por sus conocimientos
sobre asuntos militares cubanos, reconoció su culpa y cambió una segura
condena a muerte por alta traición por una condena de 25 años de
prisión por espionaje.
El Servicio Central de Inteligencia (CIA) consideró, tiempo después, que
Montes “fue manipulada para creer que Cuba necesitaba
desesperadamente su ayuda”.
De acuerdo con un artículo del diario El Nuevo Día, desde la cárcel, Ana
Belén, que tiene impedido hablar con los medios de comunicación, ha
señalado en correspondencias privadas que no tiene por qué
disculparse y ha defendido su decisión de ayudar al gobierno
de Cuba.
En una carta desde prisión a un sobrino, Montes afirmó: “Le debo lealtad a
los principios y no a ningún país, gobierno o persona. No le debo
lealtad a Estados Unidos, a Cuba, o a Obama o a los hermanos Castro,
ni siquiera a Dios”.
Fuente: Infobae
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