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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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La libertad no lleva socialismo

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Por Ernesto Aquino.

La Habana, 26 Junio.- El totalitarismo, como forma de poder, ya no
puede instalarse en la mentalidad de los pueblos desde la ideología
que lo justificaba.
Los “valores” del marxismo-leninismo, sucumbieron ante la
incapacidad de no poder demostrar la eficacia de su sistema para
generar desarrollo y bienestar; la falta de argumento para
justificar el estado de miseria en que viven los pueblos
sometidos a la tiranía inescrupulosa de ese esclavismo; y sobre
todo, la absoluta falta de argumento para explicar los múltiples
genocidios cometidos bajo la bandera del “socialismo redentor”.
Por eso, la nueva generación de bribones -de la más retorcida
de las izquierdas estalinistas-, trata de legitimar el fanatismo
de esa ideología, falsificando las aspiraciones de los grandes
próceres de la independencia americana, y comprometiendo la
pureza de su pensamiento atribuyéndoles paternidades ideológicas
ajenas a sus intereses americanistas.
La estrategia no es nueva. Fomentar el descrédito -unas
veces con acusaciones  groseras y otras asumiendo dentro de
una falsa complicidad a quien se quiere destruir- es el otro
lado de la alternativa de los regímenes totalitarios.
A partir del socialismo, la propuesta marxista sólo consiguió
crear dos monstruos: El Fascismo y el Comunismo, dos
sistemas antinaturales que para realizarse no pueden
prescindir del genocidio; aunque es preciso reconocer que a
partir de los fracasos del Fascismo, el Comunismo evolucionó
hacia formas más elaboradas de esclavismo.
Sin embargo, con todo y la complicidad de organizaciones
internacionales corruptas y pusilánimes, que prefieren
prescindir de la firmeza cuando se trata de condenar las tiranías
comunistas latinoamericanas, el marxismo es una propuesta
que ya no puede legitimarse sino involucra en el fraude a los
próceres de la independencia americana; a esos libertadores
monumentales que jamás consideraron ninguna forma de
socialismo como una alternativa para la libertad y el
desarrollo de los pueblos de América.

Recuérdese que mientras Carlos Marx, en carta a Pavel Annenkov,
  del 28 de diciembre de 1846, decía refiriéndose al
esclavismo: “Es la esclavitud lo que ha dado valor a las
colonias; son las colonias las que han creado el comercio
mundial, y el comercio mundial es la condición necesaria de la
gran industria mecanizada. La esclavitud, por lo tanto, es
una categoría económica de la más alta importancia”, Engels
celebraba la anexión de California por parte de Estados Unidos,
luego de terminada la guerra con México: “Hemos sido
testigo de la conquista de México, y nos hemos alegrado”.
-expresó- “Es en interés del propio México que quede bajo
la tutela de Estados Unidos”. Ese mismo Engels, que en 1849
-sin el menor pudor ni escrúpulo de conciencia-, llamaba a la
exterminación de los húngaros que se habían rebelado contra el
Imperio de los Habsburgo,  y aconsejaba la eliminación de los
serbios, de otros pueblos eslavos, de los vascos, los
bretones y los escoceses, por considerarlos también “inferiores”.
Ténganse presentes los múltiples genocidios llevados a cabo por
órdenes de Lenin, quien consideró -y así lo dejó escrito- todas las
formas de violencia (incluyendo el terror de masas) como las
herramientas más eficaces para conquistar el poder y
conservarlo a perpetuidad; todo lo cual, era consecuente con
la creencia de Marx de que “Sin violencia jamás se ha conseguido
algo en la historia”.
Estos padres del comunismo, a quienes sus seguidores más
incondicionales no sólo no les reconocen error alguno, sino que
continúan venerándolos como a dioses, son los maestros y guías
ideológicos de la nueva izquierda fanática que pretende perpetuar
el fraude que ha costado a la humanidad millones de muertes.
Claro que “los nuevos libertadores” de América no hablan de
construir el comunismo, sino el socialismo, un sistema que
a pesar de conservar toda la esencia brutal y esclavista
que lo hace despreciable lo quieren presentar ante los
pueblos -recién estrenados en esa gran mentira-, como un
socialismo nuevo. El socialismo del siglo XXI.
Sin embargo, los grandes independentistas de América
-verdaderos Apóstoles de la libertad-, a quienes tratan
de oscurecer presentándolos como precursores de
sus políticas totalitarias, dejaron un legado de amor, justicia
y auténtico sacrificio humano a favor del bienestar y el
desarrollo de los pueblos.
Así, mientras los padres de la nueva esclavitud -como llamó
Herbert Spencer al socialismo- murieron abrazados al
apocalipsis de su doctrina criminal, próceres americanos de talla
excepcional, aún después de muertos continúan alentando a los
hombres y mujeres de bien en su lucha por la independencia
de todos los yugos, prisiones y tiranías amasadas a la
sombra de la mezquindad, la intolerancia y el odio de los hombres
sedientos de poder.
Baste como ejemplo la grandeza y el humanismo inmenso de
Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, cuando afirmó:
"Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al
derecho ajeno es la paz” y de nuestro Apóstol José Martí,
quien aseguró -como quien jura sobre lo sagrado- que “El
respeto a la libertad y el pensamiento ajenos, aun del ente
más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me   matan, será por
eso”.
Basten, como muestra, estos dos ejemplos, para desmentir a los
que tratan de legitimar el despotismo de sus “democracias”
militarizadas, sentando en el mismo trono a ángeles y demonios.
América tiene una larga historia de luchas para emanciparse del
poder de las ideologías esclavistas.
El empeño de algunos países -encabezados por Cuba-, de querer
continuar imponiéndole a sus pueblos el fracaso irreversible del
proyecto socialista, podrá levantar muchos muros de pólvora y
silencio para tratar de cortarle las alas al triunfo de los
buenos; pero terminarán cayendo, con toda la arrogancia de
su maldad enfurecida, bajo la firmeza de la majestad soberana
de la libertad inclaudicable. 
Fuente: Hablemos Press/ La Habana.
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