Oh Kil-nam, doble desertor, pagó el precio de perder a su familia.
El economista surcoreano Oh Kil-nam se dejó seducir por agentes de Corea del Norte y desertó, en 1985. Años después, desencantado, desertó mientras formaba parte de una misión diplomática en Dinamarca y pidió asilo. Hoy, a los setenta años, no sabe si su mujer e hijas están muertas o presas en un campo de concentración norcoreano.
En 1985, agentes norcoreanos abordaron a Oh Kil-nam y le propusieron desertar.
Los agentes le ofrecieron un trabajo de alto vuelo como economista para el gobierno norcoreano y le prometieron proporcionarle tratamiento gratis a su mujer, quien sufría de hepatitis.
Oh barajó la oferta con mucha seriedad. Acababa de completar un doctorado en Alemania con una tesis sobre un economista marxista.
En Corea del Sur también había estado muy activo dentro de grupos de izquierda que se oponían al régimen autoritario que gobernaba el país por aquel entonces.
Su mujer, Shin Suk-ja, se sintió horrorizada con la idea de viajar al norte y se opuso a ella desde el principio.
"¿Sabes de qué tipo de lugar se trata?", preguntaba. "No has estado allí ni una sola vez. ¿Cómo puedes tomar una decisión tan irresponsable?".
Sin embargo, Oh replicaba que los del norte eran coreanos también y "que no podían ser tan brutales".
Partida
Así, a fines de noviembre de 1985, Oh, su mujer y sus dos hijas viajaron a Pyongyang, la capital de Corea del Norte, vía Berlín Oriental y Moscú.
Cuando llegaron al aeropuerto de Pyongyang, Oh asegura que comenzó a darse cuenta de que había cometido un error.
"Me acerqué a la oficina de inmigración. LLevaba un papelito en el que había escrito 'ayúdenme'. Explicaba que el pasaporte que tenían delante de los ojos no era mi pasaporte real, que mi verdadero nombre era Oh Kil-nam y que mi auténtico pasaporte había sido confiscado en Corea del Norte"
Oh Kil-nam, doble desertor surcoreano.
Funcionarios del Partido Comunista y niños con ramos de flores los estaban esperando.
A pesar del frío de diciembre, recuerda, los niños no llevaban calcetines y la ropa tradicional que vestían era tan delgada que tiritaban.
"Yo me sorprendí y mi mujer empezó a llorar".
Los funcionarios llevaron a Oh y su familia a lo que describieron como una casa de huéspedes. El edificio estaba dentro de un campamento, en las montañas, y lo custodiaban soldados.
No había tratamiento para la hepatitis de Shin ni trabajo para Oh como economista.
En vez de eso, y por varios meses, la familia recibió adoctrinamiento en la enseñanzas del gran líder Kim Il-sung, el fundador del actual sitema de gobierno.
Oh y su mujer comenzaron a trabajar en una radio norcoreana. "Mi mujer empezó como locutora, pero no pudo ir muy lejos porque su salud se había deteriorado y, al mismo tiempo, se había vuelto muy crítica con el país".
Oh era menos independiente. "Comencé a leer guiones basados en directivas del partido. Al final, era como un papagayo".
"Mientras estaba allí, me topé con coreanos del sur que habían sido raptados, incluyendo dos aeromozas y dos pasajeros de un vuelo de Aerolíneas Coreanas, que los norcoreanos habían raptado en 1969", señala.
Escape
Poco después, Oh recibió la propuesta de partir en una misión al extranjero.
Debía residir en la embajada norcoreana en Copenhague, donde se suponía que debía hacer lo que le habían hecho a él: atraer estudiantes surcoreanos en Alemania a la embajada de Corea del Norte.
Cuando Shin escuchó la propuesta se puso furiosa. "Recuerdo que discutimos el asunto en privado. Le dije a mi mujer que, al cumplir esta misión, mantendríamos nuestro modo de vida en Corea del Norte. Ella me abofeteó".
1945-8: La península Coreana se divide entre fuerzas soviéticas y fuerzas estadounidenses, tras la Segunda Guerra Mundial.
1950-53: La Guerra de Corea se libra entre el norte comunista y el sur capitalista. La foto de más arriba muestra un campo de prisioneros en el norte.
May 1961: Un golpe militar en el sur le abre las puertas a una serie de regímenes autoritarios hasta 1987, cuando se restaura el sistema multipartidista.
2009: La tensión aumenta dedido a una serie de ensayos de proyectiles en el norte.
Corea del Sur calcula que 3.824 de sus ciudadanos han sido raptados y llevados al norte desde el fin de la guerra, y que 3.310 han sido puesto en libertad.
Sin embargo, Corea del norte niega que haya habido deserciones forzadas.
Shin dijo que tendrían que pagar el precio de sus errores y que él no podía entrampar a otros.
"Me dijo que tenía que encontrar una manera de huir cuando llegara a Europa, que después habría algún modo para rescatar a la familia".
Al llegar al aeropuerto de Copenhague, Oh se las arregló para escapar del control norcoreano.
"Me acerqué a la oficina de inmigración. LLevaba un papelito en el que había escrito 'ayúdenme'. Explicaba que el pasaporte que tenían delante de los ojos no era mi pasaporte real, que mi verdadero nombre era Oh Kil-nam y que mi auténtico pasaporte había sido confiscado en Corea del Norte".
Tras dos mes de cárcel en Dinamarca, las autoridades danesas enviaron a Oh a Alemania. Desde allí, trató de rescatar a su familia, pero no pudo.
"Mi gran error fue no haberme acercado directamente a la cancillería alemana".
Para Shin y las dos hijas, la deserción de Oh fue catastrófica. Fueron llevadas a un campo de concentración en Yodok, donde el gobierno de Corea del Norte encarcela a sus enemigos.
Algunos reportes señalan que las condiciones de trabajo esclavo en este campo son tan malas como en los campos de concentración de la Alemania nazi o del Gulag de Stalin.
Por un tiempo, Oh no escuchó nada sobre la suerte corrida por su familia. En febrero de 1991, le llegaron seis fotografías de su mujer e hijas y un cassette con un mensaje de ellas.
"En la cinta, mis hijas me decían cuánto me extrañaban y mi mujer argumentaba que, tal vez, ahora yo podía volver".
Oh pensó que se trataba de una trampa.
"Corea del Norte estaba tratando de impedir que volviera a Corea del Sur porque tenía experiencia sobre la forma en que trabajan en la división de propaganda".
"Sabía muchos de sus secretos, incluyendo el hecho de que muchos surcoreanos, que habían sido raptados y trasladados al norte, estaban trabajando allí."
Sin embargo, el percatarse de que ya no podría volver a ver a su familia resultó devastador.
"Para entonces, ya había renunciado a ello. Estaba sufriendo de múltiples achaques".
En 1992, Oh regresó a Corea del Sur. "Sentí que mi muerte no estaba lejana. Quería estar cerca de mi hermano y mi hermana en mi lecho de muerte".
Oh no murió, pero no ha vuelto a oír de su mujer e hijas. No sabe si están vivas o si murieron en el campo de concentración.
"Confío en poder reunirme con ellas otra vez, pero es sólo una esperanza, un rayo de luz en un negro túnel".