Esta vez el Gobierno de Muamar Gadafi, suspendido por sus «graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos», sólo encontró apoyo en Venezuela, que consideró la decisión «precipitada» por anticiparse a la investigación encargada a una comisión independiente. «Ningún país puede ser condenado a priori», sentenció su embajador, Jorge Valero. Hasta ahí no le faltaba razón, pero el Ejecutivo de Hugo Chávez no pudo resistir la oportunidad para atacar a EE UU por su sed «imperialista e intervencionista». Su embajador basaba esas acusaciones en informaciones periodísticas según los cuales Washington habría movilizado su flota en la zona para «una posible intervención militar». «Los que promueven el uso de la fuerza contra Libia no lo hacen para defender los derechos humanos sino para establecer, como siempre, un protectorado que los viole en una de las más importantes fuentes de petróleo y energía de Oriente Próximo», insistió Valero.
Los números de la represión
La resolución provocó el más amplio debate sobre la situación en Libia que se haya dado en el seno de la ONU, con la participación de observadores y organizaciones humanitarias. Según éstas, la represión de Gadafi no sólo ha dejado entre 600 y 2.000 muertos (United Nations Watch) sino también 4.500 heridos y mujeres violadas (Maarij Foundation for Peace and Development). La sesión se abrió con una intervención de la delegación libia, que se ha desentendido de su Gobierno para servir al pueblo.
Hasta ahora la comunidad internacional se ha mostrado prácticamente unánime al condenar la brutal represión, pero a medida que crece la petición de una intervención militar, o al menos un bombardeo selectivo que abra camino a una zona de exclusión aérea, surgen las divisiones. El jefe del Pentágono, Robert Gates, recordó el martes que la resolución del Consejo de Seguridad que ha impuesto sanciones al régimen libio no autoriza acciones militares. «No hay unanimidad dentro de la OTAN para el uso de las fuerzas armadas», advirtió. Gates no parece partidario de «una operación extraordinariamente compleja», advirtió el almirante Mike Mullen, que requeriría desviar recursos de Afganistán, por mucho que el Congreso urja su aplicación. «No es una propuesta a largo plazo», insistió el senador John Kerry. «Tenemos que estar listos si es necesario».