Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
El chavismo está condenado a perecer al igual que otros ismos personalistas del pasado nacional. Desde el paecismo hasta el guzmancismo; desde el castrismo hasta el perecismo. Todos estos ismos duraron menos de 15 años, si uno se atiene a su efectiva capacidad para cambiar acontecimientos. Páez y Pérez terminaron presos, seguramente por simple razón política. Castro y Guzmán no fueron privados de libertad, pero al igual que los anteriores murieron en el exilio.
Para no caer en estos escenarios, el chavismo tendría que asimilarse al gomecismo, con el doble problema de que su líder tiene poco que ver con la estirpe de caudillo que demostró Gómez y que sus seguidores son un atajo de heterogéneos elementos siempre a punto de romper entre ellos, excepto por el temor a perderlo todo, y la fugaz ilusión de mantenerse en el poder para seguir su guerra en el cuádruple frente que tienen abierto, con el exterior, con más de la mitad del país nacional, con sus adversarios internos y, muchos, con la dominación cubana. No tienen manera de ganar a nivel nacional en forma democrática, aunque pueden mantenerse mandando por algún tiempo más.
Ya van a cumplir 13 años, plena pubertad, así que por los registros históricos tendrían algo así como un año por delante, atendiendo al calendario electoral.
Es claro que no hay automatismos en esta materia. Aún así conviene recordar que a Páez le tocó vivir una aguda crisis monetaria, la cual casi nadie entendía por estos lares en esa época. A Guzmán le ocurrió algo similar por razones de comercio exterior y de excesivo endeudamiento. Castro (Cipriano), no escapó de la guadaña de la economía, que puede haberle ocasionado angustias tan extremas que aceleraron el debilitamiento de su ya menguada salud. A Pérez (Carlos
Andrés) le tocó el peor de los mundos en su 2da. presidencia. Primero, la crisis financiera heredada sin beneficio de inventario de su compañero Lusinchi y, segundo, el impacto de las reformas de modelo que introdujo, las cuales nadie entendió con miras al futuro sino en términos de inmediatismo. En su momento, el estatus político y económico entendieron de una manera rupestre la circunstancia que vivía el país y redujeron todo a salir de CAP como solución básica.
Ninguno de estos cambios de caudillaje ocurrió sin factores coadyuvantes de tipo político, a pesar de los desastres económicos subyacentes. Sin Monagas, Páez hubiera quizá perdurado algo más; sin Crespo, a Guzmán se le redujeron las opciones; sin Gómez, Castro acaso se hubiera prolongado; sin Caldera, Pérez pudiera haberse mantenido.
Esta observación puede apuntar hacia una condición fundamental. La crisis inflacionaria y de escasez que se perfila en el país para 2012 debilitará al candidato oficialista, sin derrotarlo por sí sola. Para la oposición unida hace falta alguien como Monagas, Gómez o Caldera, o la ausencia de un Crespo, no por el contenido de sus proposiciones sino por la fuerza de su liderazgo, que cumpla una misión básica: hacer entender que la crisis socioeconómica de la nación no es responsabilidad de los fantasmas que el discurso oficial siembra como zombies todos los días, sino de ellos, sembradores de fantasmas, que son los verdaderos perecidos en vida. Esta es la mezcla que sirve para una victoria.