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| Foto: Claudio Fuentes Madan |
Cincuenta y seis años después los bancos del monumento sólo sirven para esperar la ruta Habana Vieja-Cerro y eso con cierta desconfianza, pues ya se han caído dos balcones del edificio. Hace unas semanas –quizás por temor a que algún balcón sobre la cabeza de un transeúnte creara una atmósfera maldita alrededor de la proclama- lo han empezado a reparar. La 27 ahora tiene un nuevo punto, en 21 y 12. Como nada de esto es publicado en ningún sitio, salvo para los vecinos del barrio y los habituales de la ruta, el resto del personal cree que la guagua para donde siempre. Últimamente hay dos colas de espera, una que se ve desde mi ventana, y la otra en medio de los escombros de la construcción.
El chofer protesta porque tiene que frenar y abrir puertas dos veces y le grita a la gente ¡La parada cambió, ahora es en 21 y 12! Una mujer ofendida responde –Si es que en este país todo cambia y nadie se entera. Entonces el chofer se sorprende: -¿Cambió algo señora? Porque yo creo que aquí no ha cambiado nada de nada. En eso me metí yo, que no puedo dejar de aprovechar las ocasiones, y dije: No se preocupe, no puede faltar mucho para el cambio. La mujer me miró sonriente y el chofer agregó: ojalá niña, ojalá
