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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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La Vida del '' Rey de la Cocaína'', y los lazos con Fidel Castro.

30-11-2012
Por Claudia Peiro | cpeiro@infobae.com

La conexión castrista

Pero Ayda Levy también relata con

lujo de detalles cómo Fidel y Raúl Castro contactaron en enero

de 1983 a Suárez Gómez y a Pablo Escobar y los invitaron a Cuba. 

El general cubano Antonio de la Guardia, héroe de guerra más

tarde caído en desgracia, fue el encargado de establecer el vínculo

con los jefes narcos. Cuando éstos visitaron la isla, los jerarcas del régimen les hablaron del “marcado interés que tenían Fidel y su

entorno en usar el narcotráfico como un arma contra el imperialismo yanqui, y apoyar con los fondos provenientes del

tráfico a los grupos guerrilleros colombianos”, dice Levy.


A medida que se avanza en la lectura de El Rey de la Cocaína (*), es inevitable

pensar en Vito Corleone, un capomafia diferente al cliché, con ciertos códigos

“morales” y que aplica inteligencia política a sus “negocios”. Y resulta natural

entonces que, al promediar la lectura, la autora, Ayda Levy, viuda de Suárez

Gómez, comente que en el año 1967 ella y su esposo conocieron en Las Vegas

 a Carlo Gambino –el padrino en el cual se inspiró Mario Puzzo para escribir su

novela y los guiones de la célebre saga cinematográfica- y a Frank Sinatra (ver

foto más abajo y en la galería relacionada). Y que, años después, en 1982, La Voz

 lo contactó para decirle que “los mismos que hicieron El Padrino” querían hacer

una película sobre él…

No hay duda de que la de Suárez Gómez fue una vida de novela. De hecho, el

único personaje real del film de Brian de Palma, Scarfacees él, que en la

película aparece con el nombre de Alejandro Sosa y es interpretado por Paul

Shenar.

Antes de monopolizar la exportación de la coca boliviana, Roberto Suárez Gómez

era un próspero ganadero con vastas propiedades en Santa Cruz y en la meseta de Alto Beni. Su familia había tenido en el siglo XIX el monopolio de la producción

de caucho lo que le valió prosperidad hasta que, en la primera mitad del siglo XX,

el plástico sintético vino a poner fin al negocio y obligó a la familia a reconvertirse

hacia la ganadería primero y hacia negocios no tan santos después.

En 1980, Suárez Gómez estableció contactos con los traficantes de Medellín

para que éstos actuasen como receptores de la mayor parte de la coca boliviana.

Es el origen de la ascendente carrera del más legendario narco colombiano, Pablo Escobarcon quien se asoció. Poseía una flota privada de aviones que, en un país

con regiones de difícil acceso y escasos controles como Bolivia, le permitió

establecer rutas “seguras” para la salida de la droga hacia sus principales

mercados: los Estados Unidos (vía Colombia primero y vía Caribe con auxilio

castrista después) y Europa, convirtiéndose en el “Rey de la cocaína”, como lo

bautizó la prensa.

En estos dos extractos de Scarface, bien puede uno hacerse una idea de cómo

debe haber sido la negociación entre Suárez Gómez y Escobar y la

capacidad operativa del primero. 

El libro de su viuda es por demás interesante, está escrito con agilidad, no se

detiene demasiado en la intimidad de la pareja y en cambio sí retrata los avatares

de la carrera empresarial-político-delictiva del jefe de la familia, cuyo nombre

aparece vinculado, no sólo al golpe de Estado de 1980 de García Meza –que

financió y para el cual importóasesores argentinos-, sino a muchos otros

escándalos en los que el dinero de la droga se mezcló con la política. Según Levy,

que lo escuchó de su boca de su marido, claro está, fue él quien negoció, junto

con el ex dictador panameño Manuel Noriega, el acuerdo con Oliver North, por

el cual fondos del narco habrían sido destinados a la financiación de operaciones

contra el gobierno sandinista.En los siguientes extractos deScarface, bien puede

uno hacerse una idea de cómo debe haber sido la negociaciónentre Suárez

Gómez y Escobar y la capacidad operativa del primero.

La conexión castrista

Pero Ayda Levy (en la foto con uno de sus hijos) también relata con lujo de

detalles cómo Fidel y Raúl Castro contactaron en enero de 1983 a Suárez

Gómez y a Pablo Escobar y los invitaron a Cuba.  El general cubano Antonio

de la Guardia, héroe de guerra más tarde caído en desgracia, fue el encargado

de establecer el vínculo con los jefes narcos. Cuando éstos visitaron la isla, los

jerarcas del régimen les hablaron del “marcado interés que tenían Fidel y su

entorno en usar el narcotráfico como un arma contra el imperialismo

yanqui, y apoyar con los fondos provenientes del tráfico a los grupos

guerrilleros colombianos”, dice Levy.

 

Con la excusa del antiimperialismo, Fidel y su hermano les cobraron un millón

de dólares diarios a cambio de darles cobertura para el tráfico de cocaína, libre

acceso a sus aguas territoriales y espacio aéreo y uso de sus puertos y aeropuertos

para reabastecer barcos y aviones. Según el relato del propio Rey de la cocaína

a su esposa, Fidel les dijo: “Gracias por haber aceptado (nuestra) invitación.

Ustedes serán el misil con el que agujerearé el bloqueo y el injusto embargo que

sufre mi país”.

También Suárez Gómez usaba la excusa antiimperialista (llegó a enviarle una

carta al entonces presidente de los Estados Unidos ofreciéndole entregarse a

cambio de que Washington pagase la deuda externa boliviana) y fijaba objetivos altruistas para su lucrativa actividad. Ayda Levy lo cuenta así: “(Mi esposo) me

explicó que, de la misma manera que algunos países tenían inmensas reservas petroleras y auríferas, a nosotros nos había tocado la coca. (…) Su argumento principal fue (que) ante la caída del precio del estaño en los mercados

internacionales la coca era el único recurso estratégico renovable que le

quedaba al gobierno para sacar al país del subdesarrollo y saciar el hambre del

pueblo. Estaba completamente seguro de que podíamos pagar en 36 meses la

deuda externa del país, que por esos años ascendía a 3 mil millones de dólares americanos. (Me dijo): ‘Los gringos (tienen) una falsa moral. Te doy sólo dos

ejemplos (…): los cigarrillos que fabrica la tabacalera Philip Morris y las armas

que fabrica Smith & Wesson, que se venden sin ningún control en los Estados

Unidos, matan anualmente a más gente que la cocaína.”

Lo que resulta, si no imposible, al

menos difícil de creer, es la ausencia

total de responsabilidad o

involucramiento de Suárez Gómez en hechos de violencia directamente relacionados al narcotráfico. Si se le

cree a Levy, su esposo no necesitó

apelar a la violencia para hacerse con

el monopolio del comercio ilegal de

coca. Ella también subraya

reiteradamente que el involucramiento

de su marido en el narco fue

“innecesario”, destacando que

desde siempre fue dueño de una considerable fortuna. Así, queda un poco en

la nebulosa el por qué y el cómo de sus comienzos en el negocio.

Aunque tal vez una pista, al menos en el sentido de cómo se justificaba a sí

mismo, aparece en esta frase de Suárez Gómez: "Yo no creo en esta guerra

contra el narcotráfico, porque nadie va a erradicar el mayor negocio del mundo.

De lo que se trata aquí es de la transferencia de la intermediación". 

En cuanto a la supuesta no violencia del "Rey", Levy dice incluso que los

asesinatos de políticos colombianos ordenados por Pablo Escobar fueron

el motivo de la ruptura entre su esposo y el próspero jefe del cártel de Medellín.

La General Motors de la cocaína


Lo que sí parece haber sido cierto es que gozó por mucho tiempo de una 

gran consideración entre sus compatriotas, en particular en su tierra, en

el Beni, donde es cierto que repartió dinero a manos llenas y financió la construcción

de escuelas y hospitales. El propio Roberto Suárez pregunta: “¿Por qué parecernos

raro que se  niegue a priori la posibilidad de incursionar en el narcotráfico en aras

de nobles ideales, con la motivación del amor a la Patria y a la humanidad?” Lo

cierto es que, en 1985, la revistaTime lo retrató como un Robin Hood.

“En todas las reuniones sociales –escribe Levy- se comentaba que Roberto había tomado el control total de la producción y comercialización de la cocaína a nivel nacional. Decían que había logrado elevar y mantener el precio de venta a los narcotraficantes colombianos del sulfato de base hasta 9.000 dólares americanos por kilogramo, con lo que el narcotráfico dejaba, por primera vez en la historia, millonarias ganancias a los bolivianos. Lo extraño de todo esto era quenadie lo reprochaba ni lo criticaba. Al contrario, la admiración, el cariño y el respeto que la gente sentía por él crecían con desmesura y hasta nuestros familiares y amigos lo aplaudían.”

El mismo “Rey” decía que su experiencia empresarial previa, el amor de sus conciudadanos y su conocimiento del país lo habilitaban para “salvar a Bolivia”.

En agosto de 2000, el diario The Guardian, a modo de obituario, lo describió así: “Conozcan a Roberto Suárez cuyo genio consistió, en primer lugar, en reunir a

la mayoría de los productores de hoja de coca y cocaína de su país en una sola organización, a la que llamó La Corporación, descrita por alguien como la

General Motors de la cocaínay la cual se convirtió en la mayor proveedora del

cártel colombiano de Medellín. En segundo lugar, Suárez se aseguró de conseguir protección política para su empresaen medio de la turbulencia

política de una de las naciones entonces más inestables de América del Sur”.

Suárez Gómez ya es historia pero el narcotráfico sigue floreciendo en Bolivia

y en casi todo el continente. “A partir del año 2006 hemos sido testigos impotentes

del avasallamiento abusivo por parte de las Federaciones de Cocaleros del

Trópico a territorios indígenas y reservas forestales”, dice su viuda.

Finalmente, por si los puntos de contacto de esta historia con los avatares

geopolíticos latinoamericanos de los años 80 en particular no bastara para

justificar el atractivo de este libro, mezclados con los nombres de dirigentes

bolivianos y otros latinoamericanos, aparecen también los de celebrities como

Gunther Sachs (el playboy y ex marido deBrigitte Bardot), la seductora actriz 

Florinda Bolkan, el chef Paul Bocuse (que envió la torta de cumpleaños del

hijo de Suárez en 1981) y hasta el recientemente fallecido intérprete argentino

Leonardo Favio, que cantó en un festejo organizado por Escobar, de quien era vecino…

cpeiro@infobae.com

(*) El Rey de la cocaína. Mi vida con Roberto Suárez Gómez y el nacimiento

del primer narcoestadoAyda Levy. Debate (Random House Mondadori, 2012)

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