La ejecución de un líder norcoreano refleja las amenazas internas en ese país
Por: FRANK LÓPEZ BALLESTEROS
15 de diciembre de 2013
Corea del Norte siempre ha estado obsesionada con la gloria. Sus generales son retratados con sus pechos repletos de condecoraciones doradas como señal de heroísmo, precio que muchas veces tiene el silencio en un régimen en el que disentir es punitivo, y todo aquel que vaya contra el status quo debe y será execrado del poder.
La ejecución este viernes de Jang Song Thaek, tío del líder supremo norcoreano Kim Jong Un, significó la caída en desgracia de una figura vista como el segundo hombre más poderoso de la dictadura comunista, acostumbrada a las purgas y el sensacionalismo mediático para anunciar sus medidas.
Esa suele ser, en esencia, la fórmula mediante la cual los totalitarismos desnudan las verdades de sus figuras en el poder cuando dejan de ser valiosos para quedar, claro está, como chivos expiatorios.
La humillación ante el mundo, la revelación de sus intimidades, y la muerte como pena máxima por sus delitos mundanos, es la única forma -defienden los autócratas- "de honrar la dignidad del pueblo".
Las acusaciones contra el dirigente incluyeron afirmaciones de que Jang buscó "un golpe de Estado con el máximo dirigente como blanco" con apoyo militar, lo que señala la lucha por el poder que está brotando en el paralelo 38.
Las purgas son necesarias en cualquier sistema político, pero en las tiranías buscan aplacar a quien dé señales de disensión o quiera lograr cuotas de poder extraordinarias a merced de defenestrar a los líderes, por lo que en regímenes tan cerrados como el norcoreano o chino, estas medidas son esenciales y normales garantizándoles vitalidad.
Esta es la purga más poderosa dentro de Corea del Norte en los últimos 30 años. Arrastró, como en la década de 1970, a un familiar directo de los Kim.
En este caso, Jang, de 67 años, estaba casado con la hermana del "Amado Líder" Kim Jong Il, padre de Kim Jong Un, siendo precisamente mentor del actual gobernante tras su ascenso al poder en diciembre de 2011.
Antes de su caída en desgracia, Jang tuvo varios cargos en el Partido de los Trabajadores, brazo político del sistema, fungiendo hasta su muerte como vicepresidente de la influyente Comisión Nacional de Defensa.
Era, en todo caso, el segundo en la línea de sucesión, por lo que su juicio y veloz ejecución fue mucho más representativo y con un mensaje directo: no hay perdón con nadie.
El tiempo corre
Un régimen como el norcoreano "puede, por supuesto, sobrevivir después de la ejecución pública de su segundo miembro más poderoso, la historia lo ha demostrado", advertían los analistas Elías Groll e Isaac Stone, en un escrito de la revista Foreign Policy.
Durante la Revolución Cultural de China, Liu Shaoqui, presidente del país, fue detenido, humillado, golpeado brutalmente y condenado a morir en la cárcel por orden del propio Mao Zedong, en aquella gran purga histórica que azotó la nación asiática a finales de 1960.
A pesar del caos de ese período de diez años de terror "el Partido Comunista chino ha sobrevivido y ahora disfruta de un nivel de estabilidad que Kim probablemente envidia", acotaban Groll y Stone.
Para muchos expertos una purga más en Norcorea no se compara a los años de hambruna que sobrellevó el Gobierno de Kim Jong Il en la década de 1990, la cual mató a millones de personas en ese país.
Los fusilamientos públicos del stalinismo durante la "Gran Purga" de 1930; los juicios sumarios a militares de la dictadura cubana con Fidel Castro; los ahorcamientos de oficiales de la Junta Militar de Myanmar, todos por verse con más poder, son reflejos de que en las tiranías el control es de pocos.
"No es el poder lo que corrompe, sino el miedo. El miedo a perder el poder corrompe a aquellos que lo ejercen", decía la líder de la oposición de Myanmar, la premio Nobel Aung San Suu Kyi, cuando explicaba la razón de las purgas en el régimen que la mantuvo 15 años presa en su hogar.
Por el momento se desconoce si la purga y ejecución del poderoso "tío Jang" reflejan agitación en los más altos niveles del poder o simplemente indican que Kim Jong Un está consolidando su poder con una demostración de fuerza, comentaba Eric Talmadge, editor jefe de la agencia AP en Pyonyang.
Debilitar o reforzar un poder personal, la esencia de lo que ocurre en Corea del Norte, ilustra que ante cualquier riesgo de caos la fuerza se impondrá.