Por Gilberto Figueredo.

La Habana, 12 de Junio.- Llevo días estudiando los cambios estructurales
del general Raúl Castro, por intermedio de las opiniones y
recomendaciones publicadas por conocidos politólogos y economistas,
y hasta confieso que me quedé dormido tratando de interpretar
las interminables conferencias sobre el tema del destacado escritor,
político y periodista Carlos Alberto Montaner.
¿Por qué razón? Porque hasta donde conozco, democracia y economía
de mercado no son sinónimas, y la retórica anticastrista liquida la
sensatez, de la misma manera que lo hace la sociedad
planeada y planificada estalinista, a pesar de las insuperables
diferencias filosóficas o políticas.
De acuerdo con la opinión de reconocidos académicos cubanos
residentes en el exterior, el principal problema de la actualización
del modelo económico es la falta de unidad de la cúpula gobernante.
“A pesar de lo que dice Raúl Castro sobre la unidad en la dirigencia,
todo indica que existe un disenso en la cúpula del poder, así como
en los niveles intermedios. Unos, apoyan las reformas para
mejorar el desempeño económico y social, -y así salvar la revolución-;
otros, las rechazan por temor a desatar fuerzas que se escapen del
control del régimen”, advirtió el profesor Carmelo Mesa-Lago,
en una entrevista difundida por Diario de Cuba, en su página web,
el 19 de noviembre de 2012.
Hasta que no se resuelva ese “disenso en la dirigencia, no se
conseguirá resolver los problemas económicos y sociales fundamentales
de Cuba”, añadió el economista y catedrático de la Universidad de
Pittsburg, según la publicación.
Pero además de lo anterior, al “distinguido” Ministro de Relaciones
Exteriores de Cuba parece que no le interesa la inversión que pueden
hacer en la isla los emigrantes cubanos, porque -según él- su
dinero no cubre los montos mínimos necesarios.
"Yo no sé a cuántos cubanos ustedes conocen, que podrían invertir en
Cuba 200, 300, 500 ó 1.000 millones de dólares, que es la inversión
que demanda el régimen”, aseguró el canciller Bruno Rodríguez Parrilla,
en una reunión con Cubanoamericanos celebrada en Nueva York
en noviembre de 2012, según la misma publicación.
Con todo el capital humano que posee la nación cubana en el exterior
del país, hay que ser muy sinvergüenza para desestimar la inversión
que los emigrantes cubanos pueden hacer en la Isla.
Al final, las reformas del general están condenadas al fracaso; porque
los encargados de implementar los conocidos lineamientos, “aprobados”
por el VI Congreso del Partido Comunista, pertenecen al mismo
aparato burocrático estatal que arrasó con la economía cubana; y una
gran parte del liderazgo político-empresarial se resiste a los
cambios necesarios, a tenor de perder el control absoluto impuesto
a la sociedad cubana desde 1959.
Lo peor del caso, es que al presidente se le acaba el tiempo
y las alternativas razonables. O sustituye la maquinaria
político-empresarial- contrarrevolucionaria que le sabotea las
reformas, o la burocracia, la corrupción y sus aliados nacionales y
foráneos acaban con él; y hasta por el camino, le entierran vivo
a su hermano Fidel, en nombre de la revolución y el socialismo.