Es una lástima, habrá que esperar hasta que ellos lo transcriban, lo revisen, se lo entreguen a los miembros del panel para volverlo a revisar y finalmente lo publiquen. Así que pasará algún tiempo antes de que exista una versión oficial del debate.
Cumpliré mi palabra de no contar lo que ocurrió -de lo contrario me impedirían entrar a los próximos debates- pero puedo hablar de lo que no pasó porque Temas nunca me prohibió divulgar las cosas que no sucedieron.
Por ejemplo, los 3 panelistas de la prensa nacional no hablaron en ningún momento de paz ni de entendimiento. Al día siguiente un joven colega cubano sintetizó el debate en Facebook diciendo que fue un viaje al Moscú de Stalin.
Pero la mayoría de los periodistas nacionales que estaban en el público no se lanzaron a mordernos la yugular. Muy por el contrario, en sus intervenciones rechazaron la crítica estéril y apostaron más por la autocritica mejoradora.
Tampoco se produjo la participación de la prensa extranjera, ninguno de los periodistas que estuvimos allí hablamos a pesar de las insistentes invitaciones del director de Temas. La única excepción fue la de una periodista invitada al panel.
Al final nos encontramos fuera del local y conversamos relajadamente periodistas de Cuba, de Miami y extranjeros. Allí coincidimos en casi todo y nadie repitió aquello de que estamos en trincheras ideológicas opuestas e irreconciliables.
A pesar de que no era el "canal correspondiente", fue en la calle cuando todos dimos nuestras opiniones. Y no importa mucho si actuamos así por irreverencia o por cautela porque ambas son cualidades importantes entre los periodistas.
Allí, en ese debate callejero, un colega residente en Miami nos mostró un artículo en el que el editor del periódico más importante de esa ciudad cedió públicamente a la presión de un grupo de manifestantes anticastristas.
Fue a raíz de un anuncio pidiendo la libertad de los 5 agentes de Cuba presos en EE.UU. A pesar de que fue pagado por cubanos residentes en Miami, en su mea culpa, el editor lo calificó de "provocativo e insultante para esta comunidad".
Es que ese periódico anda como gato escaldado. Hace algunos años pretendieron hacer una cobertura más objetiva de Cuba pero chocaron con una campaña de boicot y sabotaje que los devolvió rápidamente a la senda de lo "políticamente correcto".
En 2010, un colega que trabajaba en ese mismo medio escribió en su blog que "en Miami la labor de informar a la población se limita a un ejercicio en apariencia compasivo: se dice sólo lo que ésta quiere escuchar, ver y leer. Tal tarea es propia de adulones y no de periodistas".
Ciertamente, en ambas orillas del estrecho de Florida se ha desarrollado un periodismo "adulón" que complace a algunos políticos pero que poco aporta a una nación que necesita desesperadamente mirarse en un espejo que la refleje tal y como es.
Y no es que falten periodistas capaces de tal empresa. Las certeras autocriticas de los colegas cubanos que participaron desde el público en el "debate" nos demostró que sobra capacidad profesional y de análisis para emprender otro camino.
Ese periodismo está latente y sus destellos se perciben apenas los cubanos escapan de la influencia de sus editores y directores, sea porque trabajan en medios alejados de la confrontación política o porque crean sus propios espacios en Internet.
La nación lleva décadas recibiendo panfletos que anuncian imperios al borde del abismo y la hora final de la Revolución. Sus mensajes tienen ya tan poca credibilidad que los disparos que se cruzan son como salvas que solo producen un poco de ruido y humo.
Los cubanos saben la prensa que tienen y creo que también se imaginan la que tendrían si el otro extremo controlara los medios. Deben decidir entre construir algo diferente o resignarse a vivir entre debates secretos, medias verdades y mentiras enteras.