Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
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Una brigada paramilitar de al menos 1.500 chavistas se mantiene alistada
cerca del palacio de Miraflores. Aseguran "defender la revolución", y
tienen acuerdos con la policía
Carlos Torres abre la puerta con alambre de púa que da acceso a un barrio
controlado por una pandilla conocida como "La Piedrita", lugar al que la
policía no se atreve a entrar sin permiso.
"Leales al Comandante Chávez", reza una pancarta colgada a la entrada
de este reducto ubicado en la barriada del 23 de enero, al oeste de Caracas.
Este barrio pobre es el hogar de un pequeño ejército de jóvenes armados con
pistolas; hombres que, como Torres, han asumido el rol de guardianes de la
"revolución socialista" del fallecido Hugo Chávez.
Como él, estos jóvenes constituyen parte del núcleo duro de defensa del chavismo,
y que, aseguran, bajo ninguna circunstancia permitirán que la "oligarquía" y sus
presuntos patrones de Washington vuelvan al poder. "Eso nos costaría sangre,
sudor y lágrimas, pero no regresarán", dijo Torres dando a entender, como
han hecho otros chavistas, que no aceptarían una victoria de la oposición en
las elecciones.
Si la "revolución socialista" del popular caudillo resulta amenazada por
enemigos internos y externos, como dijo el que fue ungido como su sucesor
por el ex mandatario, estos jóvenes estarían en la línea de defensa.
Se trata de cientos de personas fuertemente armadas, en constante estado
de alerta, algunos muy nerviosos en apariencia, que están diseminados a lo
largo de las colinas delárea metropolitana de Caracas y que pertenecen a organizaciones autollamadas "colectivos", acusadas de intimidar a
opositores políticos.
Para estos seguidores de Chávez, el llamado que el lunes hizo el ministro de Comunicación Ernesto Villegas para estar "en pie de guerra" se escuchó
elocuente y claramente.
Son el rostro más visible de un contingente de cuadros armados leales al
gobierno, que no tienen nada que ver con una milicia nacional de 125.000
miembros afiliada a las fuerzas armadas, en un país lleno de armas y que
tiene la segunda tasa de asesinatosmás alta del mundo.
Lo que hace que estos grupos resulten un factor potencialmente peligroso,
según dirigentes de la oposición y activistas de los derechos humanos, es
que las autoridades generalmente no se meten con ellos.
El vicepresidente Nicolás Maduro, a quien Chávez postuló como el candidato
a la presidencia de su Partido Socialista Unido en caso de que él muriese,
viene diciendo desde hace semanas que el líder opositor Henrique Capriles
ha estado "conspirando" contra la democracia venezolana.
El mismo Chávez utilizó durante mucho tiempo este tipo de prácticas y
retórica. Los opositores decían que atizaba la xenofobia mientras permitía
que sus lugartenientes convirtieran a sus partidarios en tropas civiles de
golpe rápidamente desplegables.
Maduro también expulsó a dos agregados militares estadounidenses aduciendo
que trataron de reclutar oficiales venezolanos para "proyectos
desestabilizadores", lo que para Torres es prueba suficiente de que
Washington está tratando de sabotear la revolución ahora que un cáncer
mató a su abanderado.
"Pero ellos estarán aquí contra el pueblo", indicó Torres. "Sólo dejen que traten
de ponerlo a prueba y no habrá una gota más de petróleo para Estados
Unidos", el principal importador del crudo venezolano.
La entrada a La Piedrita está adornada con un gran cartel que dice "Leales
al comandante Chávez". Se calcula que entre 1.000 y 1.500 "colectivistas"
viven en un radio de 12 kilómetros del palacio presidencial Miraflores, de
acuerdo con Rocío San Miguel, de la organización no gubernamental
Control Ciudadano. "Desconozco los números que pueden existir en todo el
país", dijo.
La gente de La Piedrita y una agrupación conocida como Tupamaros funcionan
desde mucho antes de que Chávez llegase al poder en 1999. Pero bajo su
gobierno las dos agrupaciones crecieron, y surgieron asimismo grupos de
matones en motocicletas, todos leales al ex paracaidista fallecido a los 58
años de edad.
Si bien esos grupos realizan tareas comunitarias, pintan edificios, arreglan
ascensores y limpian calles, algunos han sido filmados mostrando armas en
público. Y hay grabaciones de episodios en los que miembros de esas bandas
cometen delitos y se refugian en territorios controlados por pandilleros.
"Hay como un acuerdo tácito de la policía de no entrar", indicó Luis Izquiel,
abogado penalista que coordina la comisión de seguridad de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD).
No hay pruebas de que esas agrupaciones reciban armas y entrenamiento
del gobierno. Izquiel dijo que en un país en el que hay unos 6 millones de armas
de fuego, el 90% de las cuales son ilegales, hay muchas razones para
preocuparse. No está claro qué porcentaje de los delitos tiene raíz política y
cuántos son económicos.
"Las investigaciones no llegan hasta nada", indicó. Por su puesto, los
colectivos chavistas pueden variar en su diligencia. Un miembro de la dirección
nacional de los Tupamaros, Jesús Bermúdez, fue una de cuatro personas de
boina negra divisadas en el cortejo fúnebre de Chávez el miércoles, cuando su
cadáver fue trasladado en un ataúd del hospital donde murió a una academia
militar en la que permanecerá hasta su funeral del viernes.
"Tenemos un enemigo que nunca descansa. Tampoco lo harán los revolucionarios", dijo Bermúdez al afirmar su creencia de que la derecha política
planea crear "un clima de desestabilización". El caudillo barrial aseguró que su
tarea es "llamar a la calma y seguir organizando a la gente del poder".
Sin embargo no quiso opinar del uso de la violencia para defender al
chavismo: "La revolución no puede ser sólo un discurso". Bermúdez
desmintió versiones de que los Tupamaros estuvieron involucrados en un
violento ataque a unos 40 estudiantes que se habían encadenado para exigir
información sobre el estado de Chávez.
El incidente se produjo exactamente en momentos en que Maduro anunciaba
la muerte de Chávez. Individuos enmascarados que se movilizaban en
motocicletas, algunos con pistolas, dispersaron a los estudiantes y quemaron
sus carpas.
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