Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
A raíz de la noticia dada por Barack Obama, presidente de EEUU, sobre la muerte de Bin Laden, tras una operación militar secreta ejecutada por comandos de elite del ejército de aquel país, nos hemos dado cuenta de que los servicios de inteligencia de la Casa Blanca no son tan inteligentes y de que Osama bin Laden, el famoso terrorista, tenía derechos.
Casi en un abrir y cerrar de ojos, los voceros del gobierno del país más poderoso de la tierra dijeron y se desdijeron sobre los detalles de la operación Gerónimo, convirtiendo lo que aparentemente era una operación de captura del líder de Al Qaida en una vil ejecución militar y cambiando el calificativo de héroes de los SEALS que la llevaron a cabo por el de asesinos. En este mismo instante, en la opinión pública internacional se empezó a hablar e incluso a protestar por la violación de los derechos humanos de Bin Laden, que de peligroso criminal pasó a ser una víctima del sistema de justicia. Y es que el ser humano nunca es perfecto cuando busca la perfección.
Ciertamente, todos las personas tienen derechos sin importar si son o no criminales. La Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, ya hacía referencia al derecho que tiene todo individuo a defenderse, así como un juicio justo, y la mayoría de las constituciones del planeta establecen derechos similares y garantías para protegerlos. Los juicios de Nuremberg de la posguerra de los años cuarenta, contra los prisioneros nazis, aun cuando no existían instituciones como la Corte Penal Internacional, son un buen ejemplo de ello. Por eso no es de extrañar que varias organizaciones internacionales pro derechos humanos como Human Rights Watch (HRW) hayan cuestionado la forma en que murió el terrorista, pues, en sano derecho, no pueden hacerse excepciones, ni distinciones entre quien mató a un ser humano o asesinó a miles, o entre quien lo hizo en defensa de su vida o en nombre de sus ideas políticas o religiosas. Pero quienes sí pueden hacer distinciones, son los familiares y amigos de los casi cuatro mil muertos del 11S, que nunca van a entender como se puede pedir respeto por los derechos humanos de un asesino, que es capaz de llevarse por delante a miles de personas inocentes, por simple venganza contra una nación, unas ideas políticas o un sistema de vida que le resulta odioso. Que la justicia no necesariamente está en la ley, es algo que la mayoría de la gente sabe y que los familiares de aquellas víctimas del 11S, hoy seguramente aplauden después de conocer la noticia de la muerte de Bin Laden. Que los ulemas indonesios critiquen el entierro de Bin Laden y los principistas defiendan que hubiesen preferido su captura y posterior enjuiciamiento, es entendible, pero que haya hipócritas que lo hagan por dárselas de moralistas es otra cosa; son estos los mismos que defienden los derechos humanos de los presos, pero que se quedan callados cuando alguno, como el etarra José Ignacio de Juana Chaos, cumpliendo condena por varios asesinatos, en el Centro Penitenciario de Melilla, pidió una botella de champagne francés y un Kg. de langostinos para celebrar el aniversario de uno se sus criminales actos.
Mientras gobiernos como los de Castro y Chávez condenan la muerte de Bin Laden y se rasgan las vestiduras por los derechos humanos que le fueron violados, aquí en Venezuela, la opinión publica se pregunta por los derechos humanos de Lorent Saleh, Franklin Brito, Afiuni, Vivas, Forero, Simonovis y Peña Esclusa, entre otros, por solo mencionar algunos de los más conocidos o recientes.