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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Los dólares antes que los principios

Por tercera vez en cuatro meses, el presidente uruguayo, José Mujica, volvió a instar a la Cámara de Senadores del Paraguay a aprobar el ingreso de Hugo Chávez al Mercosur. No deja de ser llamativo que la invocación charrúa se produzca el mismo día en que Uruguay y Venezuela suscribieron diversos acuerdos de carácter bilateral, inclusive para explotar conjuntamente pozos de petróleo venezolanos. De acuerdo con lo que nos demuestra la experiencia, esta suele ser la forma preferida de Chávez para granjearse “adhesiones” incondicionales: exhibiendo su petrochequera y repartiendo dadivosamente los recursos de su país.

  Por tercera vez en un corto periodo de cuatro meses, el presidente uruguayo, José “Pepe” Mujica, volvió a instar a la Cámara de Senadores del Paraguay a aprobar el ingreso de su compadre bolivariano Hugo Chávez al Mercosur. Esta vez, el llamado fue hecho ante la presencia del propio gorila venezolano, en el curso de la visita que este último efectuó ayer a Montevideo. Este tipo de actitudes injerencistas e impertinentes deben ser rechazadas de plano: aquí nadie le dice al Jefe de Estado o al Parlamento uruguayos qué deben o no deben hacer.   

Está claro que la digna postura mantenida por los parlamentarios nacionales es vista por los presidentes de los demás países del bloque como un impedimento que obstaculiza seriamente la concreción de negocios petroleros con el fundador del denominado “Socialismo del siglo XXI”, engendro que, al decir del presidente salvadoreño Mauricio Funes, ni el propio Chávez sabe exactamente en qué consiste.   

No deja de ser llamativo que la invocación charrúa se produzca el mismo día en que Uruguay y Venezuela suscribieron diversos acuerdos de carácter bilateral, entre los que sobresale notoriamente un acuerdo que establece la explotación conjunta de dos pozos de petróleo venezolanos. De acuerdo con lo que nos demuestra la experiencia, esta suele ser la forma preferida de Chávez para granjearse “adhesiones” incondicionales: exhibiendo su petrochequera y repartiendo dadivosamente los recursos en los que su país es sobradamente rico.   

Por eso andan todos muy enojados con el Senado paraguayo, tal como también lo evidenció la propia presidenta argentina, Cristina Fernández, en el curso de la última Cumbre del Mercosur, cuando incluso se permitió el lujo de exigir al presidente Fernando Lugo que “movilice” cuanto antes a los senadores paraguayos en el sentido de los enormes intereses que a ella y a su país los obligan con Chávez.   

Para disimular su afán desmedido, recurren a argumentos trillados, tales como el expuesto ayer por el presidente Mujica, en el sentido de que el ingreso de Chávez al bloque permitirá “mitigar la asimetría natural que existe en el Mercosur entre los países más pequeños y los más grandes”. Excusa fácil y despropósito inconcebible, ya que si así fuera en realidad, Brasil y Argentina serían precisamente los menos interesados en promover el ingreso de Venezuela al grupo, puesto que con ello estarían introduciendo al mismo a un elemento que les disputaría liderazgo.   

En verdad, ellos precisan imperiosamente que Chávez entre al Mercosur para poder concretar acabadamente todos los negocios petroleros que pretenden sellar con el país caribeño. Es evidente que si Venezuela fuera un país pequeño, pobretón y sin recursos naturales que explotar, el interés de nuestros “socios” por incorporarlo al bloque sería nulo. En este sentido, actúan con la misma “falsedad y doble discurso” que ellos mismos atribuyen a las naciones que actualmente se encuentran involucradas en el conflicto de Libia: solo les interesa el petróleo.

Pero resulta que ahora la perdiz se levantó en el lugar en que ellos menos lo imaginaban: el Paraguay, país al que estimaban fácil de convencer y domesticar, dada la afinidad ideológica que mantienen con el presidente Fernando Lugo, miembro confeso de su desprestigiada comparsa bolivariana.   

De allí que se olviden rápidamente de los conceptos más elementales del derecho internacional con los que ellos tanto se llenan la boca cuando se trata de denostar a sus enemigos: respeto por la soberanía nacional y la autodeterminación de los pueblos, reconocimiento a la institucionalidad propia de cada país. No, todo lo pasan por alto, permitiéndose hasta el derecho de mandonearnos a los paraguayos y a nuestros representantes, a los que se tilda incluso con epítetos irrespetuosos, atropellando así nuestra dignidad nacional.

Y cuando se les recuerda que el propio Mercosur tiene una cláusula democrática que impide el acceso de Chávez al bloque de integración regional, miran para otro lado o se hacen los distraídos, porque a su compadre hay que perdonarle todos los excesos y atropellos que ha venido cometiendo sistemáticamente contra la libertad de expresión, el respeto a los derechos humanos y la plena vigencia de la institucionalidad democrática en su país, condición exigida por el Protocolo de Ushuaia como indispensable para participar en el proceso.   

Todo es letra muerta a la hora de “reivindicar” los derechos de Chávez. No se dan cuenta ellos –el interés por el petróleo parece enceguecerlos– de que el deschavetado líder bolivariano solo tiene en mente utilizarlos, servirse del Mercosur para ganar legitimidad internacional, para que el mundo deje de considerarlo como un pintoresco caudillo latinoamericano y lo termine aceptando como miembro de un bloque de gente más o menos presentable.   

Entre tanto, los senadores paraguayos deben seguir manteniendo inalterable su compromiso con la dignidad de su pueblo, rechazando invocaciones, insultos y hasta tentaciones crematísticas, como las que se ventilaron públicamente a fines del año pasado. Es preciso hacer llegar al mundo entero un mensaje claro y contundente, máxime en el año del Bicentenario de nuestra Independencia: la República del Paraguay no admite imposiciones ni ha decidido poner precio a su honra y a la de sus hijos.
2 de Abril de 2011
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