Por: Ernesto García Díaz
Mientras los festejos por el Día del Educador se sucedían como un hecho cultural, en el Palacio de las Convenciones sesionaba el II Periodo Ordinario de Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, con la retórica de que los cambios son con más socialismo. Pero no se homenajeó de manera pública la labor del maestro. Tampoco se vislumbraron cambios reales para el sector educativo, urgido de atención, por los profundos problemas de formación de valores que sufre la sociedad cubana.
Vale recordar que el régimen castrista, desde los primeros años de gobierno, transformó el sistema educativo laico en ateo. A partir de entonces, los alumnos y profesores asumieron los proyectos de las escuelas en el campo y los destacamentos pedagógicos. Se inició un proceso de desintegración del sistema educativo instituido en las ciudades.
La educación cubana quedó desde entonces bajo la doctrina “científica” del marxismo-leninismo, se idealizó un hombre nuevo como si fuera esculpido en bronce. El ideario martiano se esfumó de las escuelas, al punto que llegó a cuestionarse llamar Apóstol a nuestro Héroe Nacional.
Décadas más tarde, la dictadura ha tratado de reenfocar las obras y el pensamiento del Apóstol, a conveniencia de la autocracia comunista, pero sin retractarse de sus errores. No obstante, ninguna de las medidas pudo extinguir la doctrina educativa laica del Padre Félix Varela, ni la memoria histórica de la nación cubana, ligada a hermosas tradiciones.
El Día del Maestro es de especial significación para la familia cubana, al dignificar su figura y exaltar sus cualidades. De modo que transciende con diferentes matices. El 22 de diciembre, padres y alumnos tratan de conseguir un regalo para el maestro pero la mayoría no tiene recursos para hacerlo, algo que agudiza las crecientes diferencias sociales. Los profesores también sufren y son participes de la pobreza que vive nuestro pueblo.
Hoy, más que evidente, resulta escandaloso el desastre de la política educativa. El maestro en Cuba, del nivel docente que sea, gana apenas unos 25 dólares mensuales. El régimen obtiene grandes sumas de dinero por la prestación de servicios profesionales de colaboración científica y docente a otros países, pero los maestros cubanos no reciben la retribución que merecen.
Fuente: Cubanet.org
