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Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.

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Los pies bajo las sábanas

Un viejo cuento de camino narra la historia de un marido que llega sorpresivamente a casa y descubre junto a su esposa, que está en cama, un par de pies masculinos sobresaliendo bajo las sábanas. Furioso ante la infidelidad, la interpela: “¡Mala mujer!, ¿de quién son esos pies?”; a lo cual ella, serena, le replica: “¡Ay, esposo!, Tú nunca me preguntas de dónde salen los alimentos que disfrutas y que no podrías pagar con el fruto de tu trabajo, ni cómo me las arreglo para pagar todas las cuentas con el poco dinero que me das, y como logro llegar a fin de mes sin que pasemos privaciones…”. A lo que el marido, tras pensarlo un momento, le respondió sabiamente: “Bien, mujer, pero al menos tapa esos pies”.

Obviamente, el marido de este cuento no era exactamente un esposo engañado; simplemente había incurrido en un error de cálculo. Ni más ni menos que lo que ocurrió al órgano oficial del PCC, el periódico Granma, cuando recientemente publicó una acusación, sin nombres, pruebas ni fundamentos, contra funcionarios de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba (SINA) por “aceptar sobornos de ciudadanos de la Isla para concederles visas” e igualmente al gobierno estadounidense en Washington por “lucrarse con las solicitudes de quienes quieren viajar por razones familiares”.
La fuente de la que se hace eco Granma, sin que medie investigación ni proceso alguno, es un artículo publicado en el blog de uno de los más contumaces talibanes del régimen, lo que constituye hasta ahora un mero chanchullo destinado a crear algún nuevo escarceo en las siempre beligerantes relaciones del régimen con el gobierno estadounidense, váyase a saber con qué oscuras intenciones.

Pero el lance no resulta del todo estéril: la utilización de cálculos por los medios oficiales es siempre una buena ocasión para el repaso de las matemáticas, que jamás mienten. El manejo de cifras entraña el riesgo de abrir la posibilidad a múltiples interpretaciones alrededor de un mismo fenómeno, no necesariamente favorables a las intenciones iniciales de las fuentes que ofrecen los datos. Como en este caso.

Yo propondría a los lectores, como divertimento, un ejercicio práctico: asumamos por un momento que la información de Granma fuera completamente cierta y que las cifras que ofrece el autor del chanchullo-artículo son exactas. Es decir, en un alarde infinito de imaginación juguemos a que el Granma es un periódico serio y hagamos exactamente el mismo cálculo desde el ángulo opuesto.

Tendríamos que asumir, entonces, el panorama de 600 cubanos solicitando visas cada día en la Oficina de Intereses de EEUU en La Habana, cada uno de los cuales debió abonar 100 CUC en las oficinas del Ministerio del Interior para obtener su pasaporte, lo que deja al régimen un beneficio de 60 000 CUC diarios, 300 000 semanales y 3 000 000 cada diez semanas. Todo ello, en un país donde 100 CUC equivalen a unas seis o siete veces el salario mensual promedio de un cubano común. Y estos serían solo los cubanos que acuden a la SINA y no todos los que solicitan visa en numerosas sedes diplomáticas en la capital, que igualmente debieron gastar la astronómica cifra para adquirir su pasaporte cubano.

Podríamos añadir el pequeño detalle de que la mayoría de esos cubanos recibieron de sus familiares emigrados en EEUU las divisas necesarias para la confección de su pasaporte, lo que hace del horrible librito azul que te convierte oficialmente en viajero cubano –siempre potencial emigrante y motivo de tensión en cada frontera en que se presenta– uno de los negocios más lucrativos que haya hecho jamás el gobierno de la Isla a costilla de este pueblo. Apenas sin invertir más que en mala cartulina y tinta, con una pésima calidad de impresión, la industria de la emigración sigue aportando directa o indirectamente jugosos dividendos a la gerontocracia, principio y razón esencial de la existencia de unos tres millones de cubanos y sus descendientes dispersos por todo el mundo.

Y no hablemos de otros ingresos adicionales, como el famoso chequeo médico que deben realizarse los que emigran con carácter permanente, con un costo de 400 CUC por cada adulto y 200 por cada menor, que van a pasar directamente a las arcas castristas. Si el gobierno de EEUU aprueba unas 20 000 visas anuales, asumamos hipotéticamente que la mitad de ellas se destinen a adultos y la otra mitad a menores: la ganancia de los Castro sería un total de 4 millones de CUC por adultos y 2 millones por menores, anualmente. Faltaría sumar el cobro de las certificaciones de títulos y otros documentos, con un costo de 200 CUC cada uno en la Consultoría Internacional. Sumen. Resulta una cosecha de divisas nada despreciable, digo yo.

Pero esto es solo un cálculo imaginario; no tenemos las estadísticas oficiales de las oficinas de emigración. De hecho, las estadísticas en Cuba son como las enfermedades: se echa mano de ellas solo cuando se les quiere sacar alguna ventaja.

Ahora enfoquémonos en el aspecto sociológico del asunto. No existen antecedentes en la Historia de Cuba de tamaña cantidad de nacionales aspirando a viajar, un elevado por ciento de las cuales anhelan emigrar definitivamente. Sin detenernos a dirimir entre las categorías de emigrante político o económico –que resultan un tanto absurdas en el caso cubano, donde la política de una dictadura de más de medio siglo ha arrasado con la economía del país–, el éxodo constante de nacionales de todas las edades y orígenes hace tiempo se ha convertido en un plebiscito. Sobre todo porque hace décadas que los que más emigran no son los representantes de las socorridas “oligarquías expoliadoras, vende-patrias y explotadoras del pueblo humilde”, sino los prospectos del Hombre Nuevo, nacidos y crecidos bajo las doctrinas ideológicas del partido comunista sembrado en el poder, es decir, ese mismo pueblo; y porque incluso aquellos que solo permanecen temporalmente fuera del país forman parte de una familia fracturada por la emigración. Una clara demostración del fracaso político y económico del sistema.

Flaco servicio se presta el Granma a sí mismo con la publicación de tan lamentable artículo. No solo porque es la manifestación más elocuente de las enormes cotas de desvergüenza que ha logrado alcanzar el régimen, sino porque honra aquella sentencia acerca de que el exceso de soberbia enturbia la razón.

Llegados a este punto, vuelvo al cuento con que inicié este comentario, en cuyo paralelo el gobierno cubano viene siendo el esposo “engañado”; el pueblo, la esposa cuyos favores garantizan la bonanza en casa, y “el enemigo imperialista”, el amante cuyos pies sobresalen bajo las sábanas. ¿Acaso no sería más apropiado que, en vez de acusar a alguien, el régimen se preocupara por cubrir esos pies?

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