Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
En la isla, la Navidad es de nuevo festivo oficial y el castrismo ha devuelto algunos templos.
Cualquier tema que tenga que ver con Cuba acaba siempre fácilmente salpicado de política, se hable ya sobre el deporte, el turismo, la música o incluso el ron y los habanos. Cuánto más si de lo que se trata es de religión o una visita del Papa.
Después de entrar hoy viernes en América Latina a través de México, Benedicto XVI llegará el lunes a la isla socialista. Y ya desde hace semanas abundan las más diversas opiniones. Unos consideran que la visita respalda una dictadura criminal y exigen pronunciamientos contra los Castro, reuniones con disidentes o incluso que el Papa cancele el viaje. Otros creen por el contrario que es un reconocimiento a una democracia participativa moralmente superior a cualquier régimen capitalista, y piden a Benedicto que rechace en público el bloqueo y la “agresión imperialista”.
Como siempre, encontramos los que insisten en demonizar a la mayor de las Antillas como el peor de los infiernos, sin fijarse en absoluto en otros tantos infiernos caribeños y latinoamericanos. Y también los que parecen no ver una sola mancha en el sistema cubano y lo utilizan incluso para desprestigiar al parlamentarismo pluripartidista, pero tampoco se atreven a irse a vivir a la isla. Los términos medios escasean, mientras la retórica y los puntos de vista sobre Cuba en el exterior se mantienen inamovibles desde hace décadas, pese a que la isla continúa evolucionando en temas cruciales como su sistema económico, cada vez más orientado al mercado y la iniciativa privada, su relación con Estados Unidos o los derechos y libertades, si bien la oposición se mantiene prohibida, acusada de cooperar con el enemigo, y otras reformas políticas exigidas de dentro y fuera de la isla se hacen esperar.
No se pueden pedir peras... Pero las mismas jornadas previas a la visita de Benedicto XVI están dando una muestra más de los cambios vividos en el país y acompañados por la Iglesia, que sigue afianzándose como la segunda mayor fuerza social después del Partido Comunista pese a que muchos insistan estos días en que nadie va a misa: páginas especiales en la Prensa oficial sobre la llegada del Santo Padre, un espacio televisivo en horas de mayor audiencia para el cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, además de un editorial en primera plana del Granma en el que, en clara alusión a los emigrados cubanos residentes en Florida, se afirma que el país acogerá “con amistad” a los “peregrinos” que lleguen de visita. Hasta no hace mucho se les llamaba “gusanos”.
Las relaciones entre la Iglesia católica y el comunismo cubano han sido una historia de altibajos. De entrada, sin la Iglesia Fidel Castro no hubiera llegado nunca al poder, pues evitó ser fusilado por Batista gracias al entonces arzobispo de Santiago, Enrique Pérez Serantes. Pero después del triunfo de los barbudos, muchos religiosos fueron acusados de “contrarrevolucionarios” y expulsados del país, las escuelas católicas nacionalizadas y muchas propiedades de la Iglesia confiscadas.
La recuperación en las relaciones comenzó en los años ochenta, cuando Castro ganó simpatía por la “teología de la liberación” e inició un diálogo con sacerdotes, que llevó a que en los noventa se sustituyera en la Constitución el adjetivo “ateo” por el de “laico” para describir al Estado y se eliminara la prohibición para los creyentes de ingresar en el Partido Comunista. Le siguió la visita de Castro al Vaticano en 1996 y, dos años después, el histórico viaje de Juan Pablo II a Cuba, tan recordado estos días.
Desde entonces, la Iglesia ha ido ganando cada vez más terreno en la vida pública. La Navidad es de nuevo festivo oficial, el Estado ha devuelto algunos templos y ayudado en la restauración de otros, los religiosos están integrados en la seguridad social y se permite a la Iglesia participar en tareas asistenciales, hasta ahora monopolio de las autoridades. La archidiócesis de La Habana ha inaugurado un magnífico seminario, con la presencia de Raúl Castro. Las revistas editadas por la Iglesia son los únicos medios no controlados por el Estado. Y aunque los obispos reclaman un mayor acceso a los medios nacionales, pueden dirigirse por radio a la población en fiestas señaladas como la Navidad, la Semana Santa o la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, que en los últimos meses ha recorrido la isla por primera vez en más de medio siglo.
Tampoco tuvo precedentes la mediación del cardenal Ortega y otros obispos cubanos que ha llevado a la liberación de prácticamente todos los activistas opositores en cárceles cubanas. Una intervención, por cierto, que también trajo críticas a los pastores, a los que se llegó a tachar de colaboradores del Gobierno, acusaciones que se escuchan de nuevo ante la visita papal.
Los obispos no cuestionan la soberanía del Partido Comunista, pero tampoco dejan de expresar sus críticas al sistema, a veces con dureza, y exigir cambios que hagan más llevadera la vida de los cubanos. Basta con leer muchos editoriales de Palabra Nueva.
En el contexto actual, la visita de Benedicto XVI sólo puede ser interpretada como un respaldo a la labor de la Iglesia cubana, que crea espacios de diálogo y libertad abiertos a todos, independientemente de su ideología política.
*Vicente Poveda es periodista y fue corresponsal en La Habana de 2009 a 2011.