Por: DANIEL LANSBERG RODRÍGUEZ
Caracas/ 22-11-2013
Desde los primeros siglos de nuestra historia, el acto de desencadenar a alguien siempre ha inspirado algo de inquietud. Debido a que uno nunca sabe, cómo un ser humano al encontrarse verdaderamente liberado puede responder. En las obras de Esquilo, el famoso dramaturgo griego, el titán Prometeo reacciona a su liberación de manera medida y responsable: cooperando con Zeus de inmediato, a pesar de que este lo mantuvo atado y torturado durante siglos. Pero por cada Prometeo, igual existen incontables Sansones, o Djangos (si me permiten el salto de los clásicos a Tarantino), quienes responden formando zaperocos que, justificados o no, tienden a dejar arrepentidos a los desencadenadores.
Esta semana, Venezuela al fin le quitó las cadenas a Nicolás Maduro mediante la Ley Habilitante, y ahora los venezolanos esperamos entre asombro y angustia, a ver qué hará este con todos estos fabulosos poderes que le ha otorgado la Asamblea.
¿Será ahora que por fin veremos el verdadero poder de Nicolás Maduro? ¿Debemos prepararnos para el contraataque revolucionario contra la supuesta "guerra económica" que, por lo que nos cuentan, ha estado empoderando por años a la omnipotente oposición venezolana? ¿Llegará por fin la victoria decisiva en contra de los enemigos invisibles quienes, según nos dicen, han logrado durante década y media socavar todo los supuestos "frutos" de nuestra revolución socialista?
Es difícil saberlo. Este presidente lleva casi todo su mandato mendigando habilitación de alguna manera u otra, primero justificando esa necesidad con el tema de la corrupción, y luego con el tema de "la guerra económica". Pero las leyes habilitantes, existen mas para facilitar la conveniencia del Ejecutivo respecto a los otros poderes que para empoderar al gobierno como tal contra supuestos enemigos misteriosos del sector privado, del imperio, de los medios antirrevolucionarios, etc.
Sin duda, el poder mandar por decreto mediante una Ley Habilitante, le permite a un presidente gobernar durante una emergencia nacional sin tener que lidiar mucho con resistencia por parte de la Asamblea o los otros poderes de Estado. Pero en un país en que ya ni se pretende tener poderes independientes de la presidencia, o de la llamada "revolución", ¿qué diferencia irá a hacer eso? No creo que mucha.
Tal vez Obama -plagado por un Congreso ideológicamente hostil y paralizante- se beneficiaría con algo así ¿pero Nicolás Maduro? No creo.
Y ahí está el quid de la cuestión. Este gobierno está débil, y lo saben. Le falta energía, le falta carisma, le falta logros y -lo más importante- le falta fondos. Nicolás Maduro, ha tenido que presidir sobre la resaca nacional de la rumba con la cual se despidió "El Comandante Eterno". Sospecho que el sucesor desventurado sencillamente está buscando asegurar alguna hazaña antes de las elecciones, aunque ésta sea singular.
Sin poder controlar el caos de la calle, ni contar con la efímera lealtad de la mayoría popular, el gobierno busca adquirir esta victoria en uno de los pocos sitios del país en el que el presidente todavía puede ejercer control directo: la Asamblea Nacional. Por más que las encuestas demuestran el nadir de fe en la revolución entre venezolanos, en la Asamblea -donde las carreras políticas de la mayoría oficialista dependen directamente del Ejecutivo y cumplen órdenes sin preguntar por qué- Maduro todavía manda. Y este toma sus victorias dónde pueda.
En última instancia, el estar "desencadenado" probablemente no cambiará mucho para Nicolás Maduro, y las consecuencias directas de la Habilitante serán menos dañinas de lo que muchos venezolanos se imaginan. Igual que en muchos de los "logros" revolucionarios, será más la bulla que la cabuya.
A lo largo, el futuro de Venezuela no se definirá dentro de su indolente y polarizada Asamblea, sino por el pueblo de modo electoral. Por eso, este presidente está habilitado con debilidad, y no con fuerza.
@Dlansberg