Esta Página, "Voz Desde el Destierro", pretende que sea una tribuna en la Red de redes, para aquellos que no tienen voz dentro de la isla de Cuba, para romper el muro de la censura, la triste y agobiante realidad del pueblo cubano. Editor y redactor: Juan Carlos Herrera Acosta. Ex-preso Político de la causa de los 75.
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Nadie lo dice así. Ni él mismo. Pero el entusiasmo que genera el senador cubanoamericano Marco Rubio es porque podría convertirse en el primer
presidente hispano de Estados Unidos.
Para eso, por supuesto, tendrían que pasar muchas cosas. En primer lugar,
Mitt Romney, el presunto candidato republicano, tendría que seleccionar
a Rubio, republicano como él, como compañero de fórmula para la
vicepresidencia. Luego Romney tendría que derrotar al presidente Barack
Obama en noviembre y ganar la reelección en 2016. Luego el propio Rubio
tendría que contender por la presidencia y conquistar la Casa Blanca en 2020. Es,
lo sé, un laberinto de posibilidades y especulaciones. Pero así es, precisamente,
como se arman las grandes historias de éxito en Estados Unidos. Y Rubio,
de 41 años de edad, tiene mucho tiempo para construir su carrera política.
"Yo no creo que haya ningún impedimento a que un hispano se convierta en
presidente de esta gran nación", me dijo en una entrevista en su oficina en el
edificio del Senado en Washington. La posibilidad está ahí. Sobre Barack
Obama, el primer presidente afroamericano, opinó: "Si él lo puede hacer,
yo también."
Aunque las cifras juegan en favor de Rubio - hoy hay más latinos que afroamericanosen Estados Unidos - la comunidad hispánica no comparte
muchas de sus opiniones políticas, según varias encuestas. Los estudios
realizados por el Pew Hispanic Centermuestran que la mayoría de los hispanos
apoyan al Dream Act y un camino para la legalización de los residentes
indocumentados. Y la mayoría tiene una opinión desfavorable de las leyes
contra los inmigrantes de Arizona.
Pero Rubio es el primero de siete senadores hispanos en la historia que no
apoya la llamada "reforma migratoria", que le otorgaría la ciudadanía a indocumentados. "Lo que no va a ocurrir en este país es darle amnistía a 11
millones de personas", reconoció. "Eso no es realista, no hay apoyo para eso."
La biblioteca personal de Rubio en su oficina de Washington tiene libros de
los ex presidentes Ronald Reagan y George W. Bush, dos republicanos que
apoyaron la legalización de indocumentados. Pero, en ese punto, el senador no
piensa como sus ídolos políticos. "Yo soy mi propia persona, tengo mis propias
ideas", me dijo, "y mis ideas están fundadas en mi experiencia de vida y también
en lo que está ocurriendo hoy en día en este país."
Rubio también se opone también al Dream Act - una propuesta que legalizaría a estudiantes que llegaron de niños a Estados Unidos con sus padres. "Yo no
apoyo el Dream Act como ha sido escrito". Por ahora decidió no presentar
su propia versión del Dream Act al senado.
El está a favor de convertir el inglés en el idioma oficial de la nación -"el país
tiene que tener un idioma que nos una a todos"- y apoyó la ley antiinmigrante
de Arizona. ¿Por qué se puso del lado de los victimarios que están persiguiendo
a hispanos? le pregunté. "Arizona tiene un caso muy especial", me explicó. "La
violencia está cruzando la frontera (con México), afectando a ciudadanos norteamericanos. Hispanos, incluso, buscaron que su gobierno estatal reaccionara
a esa realidad y la reacción fue esta ley."
Los padres de Rubio nacieron en Cuba y llegaron a Estados Unidos en 1956, tres
años antes de que Fidel Castro tomara el poder. Es decir, son inmigrantes
económicos al igual que millones de indocumentados. Pedro Victor García, el
abuelo de Rubio, recibió en 1962 una orden de deportación y estuvo ilegalmente
en el país hasta 1967. La pregunta es ¿por qué defiende lo que hicieron sus padres
y su abuelo y no hace lo mismo con otros inmigrantes como ellos?
"No todo el mundo entró de la misma manera", aclaró. "Mis padres en el año 56
y mi abuelo (entraron) a este país a través de un proceso de migración legal ...
Creo que eso es esencial para el futuro económico de este país."
El principal problema de Rubio es que la mayoría de los hispanos no están
de acuerdo con él. Por eso hay serias dudas de que Rubio, como candidato
a la vicepresidencia por el partido Republicano, pudiera arrebatarle a los
Demócratas el dominio que tienen del voto hispano. Aunque no puede descartarse
por completo esa idea. De aquí a noviembre pueden suceder muchas cosas.
Alguna vez se pensó que Henry Cisneros, el ex secretario de Transporte, o
Bill Richardson, el ex gobernador de Nuevo México, podrían haber sido el
primer presidente hispano. Los dos eran demócratas. Pero no pudieron. Ahora
es un republicano de Miami el hispano que se encuentra más cerca de la Casa
Blanca.
Rubio es ambicioso, muy inteligente, joven y se enfrenta con claridad a los
retos. El partido Republicano necesita muchos más hispanos así.
Pero lo que le falta es que salga a defender a todos los latinos, con documentos
o sin ellos. Un hijo de inmigrantes no debe darle la espalda a otros
inmigrantes.
Al contrario; tiene la oportunidad histórica de convertirse en su principal
defensor.
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electrónico a Jorge.Ramos@nytimes.com. Por favor, incluya su nombre, ciudad
y país.
Distribuido por The New York Times Syndicate
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